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¿Puede Gil Pereg tener una enfermedad mental y ser imputable?

Desde que Gil Pereg (36) fue detenido por el asesinato de su madre Pyrhia Saroussy (63) y Lily Pereg (54), las partes se han centrado en discutir su salud mental. Acusaciones cruzadas, pericias que no finalizan y una pregunta que todavía no tiene respuesta: ¿puede responder por el doble crimen?.

Los cruces entra Fiscalía y defensa son constantes. La primera mención al respecto fue cuando la magistrada Claudia Ríos leyó un adelanto del informe psiquiátrico en la audiencia de prisión preventiva. El escrito decía que el israelí está ubicado en tiempo y espacio, que tiene afecto sólo para con sus gatos y manipula la información en forma ganancial.

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Claro, este informe está en veremos porque los defensores recusaron a los psiquiatras del Cuerpo Médico Forense (CMF) ya que la fiscal no les dejó poner un perito de parte -lo hicieron en forma extemporánea-.

En paralelo, la pericia psicológica está en marcha y ya se ha realizado un puñado de extensas entrevistas al imputado, aunque el informe todavía no ha sido incorporado al expediente.

Lo que ocurrió después es historia conocida: Gil Pereg maullando como gato, orinándose encima en las audiencias en Tribunales y desnudo en la cárcel. Un pedido de sus abogados para ser trasladado a un neuropsiquiátrico y el rechazo de un juez.

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Pero en ese ínterin surgió un nuevo informe, firmado por profesionales del Servicio Penitenciario donde dice que el hombre tiene ideas delirantes y posibles alucinaciones.

Versiones contraopuestas

Los abogados defensores Maximiliano Legrand, Lautaro Brachetta y Marcos Segovia han dejado entrever que dudan de la imputabilidad de su cliente. De hecho, aseguran que existe una suerte de bajada de línea por parte de la cúpula del Ministerio Público Fiscal para direccionar las pericias en ese sentido.

Hasta ahora la estrategia defensiva ha transitado ese camino y no se ha puesto en tela de juicio la autoría de Gil Pereg en el doble crimen -aunque vagamente han argumentado que un testigo dice que las víctimas salieron de la casa del acusado el día del crimen-.

Los acusadores que entienden la causa sostienen lo contrario. Aseguran que los avances de los informes sostienen que es imputable e incluso apuntan contra alguna de las actitudes que tuvo Gil Pereg antes y después del hecho: denunció el arma homicida como robada tres días antes del crimen, enterró los cuerpos, luego avisó a la Justicia de la desaparición y simuló durante varios días no saber nada al respecto. "Todas estas actitudes muestran que el doble homicidio fue premeditado y entendía todo lo que hacía", lanzó una fuente ligada al expediente.

No es punible el que no haya podido en el momento del hecho, ya sea por insuficiencia de sus facultades, por alteraciones morbosas de las mismas o por su estado de inconciencia, error o ignorancia de hecho no imputables, comprender la criminalidad del acto o dirigir sus acciones". No es punible el que no haya podido en el momento del hecho, ya sea por insuficiencia de sus facultades, por alteraciones morbosas de las mismas o por su estado de inconciencia, error o ignorancia de hecho no imputables, comprender la criminalidad del acto o dirigir sus acciones".

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El Código Penal sostiene que no importa mucho si la persona padece una enfermedad mental. Lo determinante es si esto le impedía entender las consecuencias del delito que estaba cometiendo.

Antecedente similar

Varios investigadores judiciales compararon el caso de las israelíes con el doble crimen de la Sexta Sección cometido por Joel Aaron González, quien hoy tiene 25 años.

Este joven se desempeñaba como taxiboy y en la madrugada del 11 de mayo de 2013 asesinó a Hugo Montecino (48) y su madre Teresa Montecino (65) de varias puñaladas. 

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Tres meses después fue detenido en un departamento céntrico. Los investigadores se sorprendieron al encontrar en un termo un dedo que le había amputado al hombre asesinado, además de una libreta donde detallaba los próximos asesinatos que iba a cometer y cómo iba a ocultar las pruebas.

Con todas las evidencias en su contra, la investigación -también liderada por la fiscal Ríos- estuvo teñida por la discusión sobre su imputabilidad. Los profesionales detectaron que el joven tenía una disociación de su personalidad -decía que le hablaba una voz interior que se llamaba Martín-, severas fallas en el control de los impulsos y hasta rasgos esquizoides.

González llegó a juicio y el debate, nuevamente, se centró en tomarle declaración a todos los peritos psiquiátricos y psicológicos. Todos confirmaron las patologías que padecía González, pero a su vez dijeron que tenía el juicio crítico conservado y que comprendía los actos que cometía. Fue condenado a prisión perpetua.

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