Cuando el tribunal anunció, sobre el mediodía de este miércoles, que aplicaría 16 años de prisión, la mitad de la sala estalló en aplausos y la otra en llantos. Todo un resumen de lo que provocó en el pueblo de mendocina La Paz el violento episodio ocurrido en una casa del lugar en la noche del 2 de octubre de 2018. La Justicia dijo que José Antonio Tanara Pietropaolo (42) mató a Dante El Gringo Beneite (54).
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Dijo el tribunal que lo ejecutó de 6 disparos, el primero por la espalda y con los otros cinco lo remató, casi a quemarropa y cuando ya estaba tenido en el suelo. Y con eso, por unanimidad, los tres jueces descartaron totalmente que el hecho se hubiera producido en legítima defensa.
Uno de las particularidades del caso es que, durante las horas siguientes al crimen, Pietropaolo siguió haciendo vida normal, fue a comprar a la panadería de su víctima y hasta asistió a su funeral. Finalmente se sintió acorralado y confesó el hecho.
La sala 1, la más grande del edificio de Tribunales en San Martín, estuvo casi repleta. A las 13 María Victoria Franano, presidiendo el tribunal, y sus pares Armando Martínez y Ángel Federico Rapacioli, ingresaron al lugar y dieron a conocer el fallo y el por qué del mismo.
Franano fue quien argumentó la sentencia y contó con la adhesión de sus colegas en cada uno de los puntos.
Y el Tribunal fue más duro que lo pedido por la fiscalía y un tanto más benévolo que la solicitud de la querella. Mariano Carabajal, como jefe de fiscales, y Héctor Gustavo Rosas como fiscal instructor, habían pedido 12 años de cárcel. El querellante particular Mariano Talquenca había solicitado 25. La defensa había apostado fuerte para atenuar la acusación y sugirió que hubo legítima defensa o, a lo sumo, un exceso en ella.
Ahora, con la sentencia ya dictada aunque todavía no firme, la historia se puede contar desde el veredicto y no difiere mucho de la versión que logró desentrañar el fiscal instructor Rosas.
Amistad, empresas y timba
Tanara y el Gringo eran amigos o, al menos, tenían una relación fluída.
Hasta confiaban bastante uno en el otro. Esto se puede sostener porque, después de los balazos y la sangre, se encontraron una importante cantidad de cheques firmados por Beneite a favor de Pietropaolo sin especificar cifras. Una especie de carta blanca.
Eran empresarios paceños. Beneite se dedicaba al ganado vacuno, al alquiler de algunas cabañas y tenía una panadería, que justamente le había comprado y le estaba pagando a Tanara.
Pietropaolo tiene un restaurante, una heladería y una gomería.
Tanara y el Gringo tenían una amistad nacida del juego, de la timba. Solían apostar muy fuerte en algunas partidas de cartas o dados que se suelen hacer por la zona.
La discusión entre ambos habría venido justamente por dinero del juego. Incluso el imputado dijo en sus declaraciones que Beniete estaba muy exaltado esa noche, que se lo amenazó de muerte con la pistola y que lucharon, se la arrebató y tuvo que matarlo para defenderse.
El Tribunal dijo que no era necesario establecer cuál era la relación entre ambos, porque nada aportaba eso para dejar claro el caso y hacer justicia.
La secuencia
En los argumentos del fallo la jueza Franano dijo que, entre la declaración del imputado y su reconocimiento del hecho, más los estudios técnicos del lugar del crimen y del cuerpo de la víctima que permitieron completar los baches en la memoria (o la declaración voluntariamente seccionada) del acusado, el caso quedó completamente esclarecido.
Beneite y Pietropaolo se habían reunido en la vivienda. Posiblemente, como dice el imputado, hayan discutido y Beniete haya mostrado un arma.
También es muy posible que, siempre como dice Pietropaolo, el arma haya caído al suelo y la tomó el victimario.
Lo que el Tribunal entendió como un elemento de cargo determinante es que Pietropaolo le disparó a Beneite por la espalda cuando este intentaba escapar y que, con el cuerpo de la víctima ya en el suelo, lo remató de otros 5 balazos, con una pistola 9 milímetros.
Los jueces no solo descartaron la posibilidad de legítima defensa por la cantidad de disparos y la forma en que fueron ejecutados, sino por las acciones posteriores del victimario.
Peitropaolo juntó las vainas que habían quedado esparcidas en la casa y abandonó el lugar, sin dar aviso a nadie. Después ocultó el arma y en la mañana siguiente fue a comprar pan a la panadería de Beneite, sin hacer comentario alguno. Incluso después, cuando el cuerpo de la víctima fue entregado a la familia, se presentó en el velorio y hasta hay versiones que dicen que llegó a cargar el ataúd.
Para el tribunal todo esto fue para intentar alejar las sospechas que pudieran recaer sobre él.
Sin embargo, cuando el fiscal Héctor Gustavo Rosas lo citó con la excusa de tomarle una declaración informativa, Pietropaolo comenzó a sentir que sería descubierto y terminó confesando el hecho.
Beneficios
Pietropaolo afrontó todo el proceso en libertad ya que el Juzgado de Garantías entendió que no había riesgo de entorpecimiento probatorio y tampoco riesgo de fuga y le otorgó la libertad, fijando una caución real de $400.000.
Ahora, con la sentencia de la Cámara, la defensa pidió que el imputado goce de la prisión domiciliaria hasta que se resuelve definitivamente el expediente.
El Tribunal condicionó esto a los resultados completos de las condiciones del lugar donde podría estar alojado y las medidas de seguridad disponibles que permitan evitar cualquier intento de fuga. Si finalmente la condena queda firme, Pietropaolo deberá cumplir la sentencia en prisión.
