El enfermero que confesó haber matado a más de 30 pacientes "por aburrimeinto" fue condenado a cadena perpetua por la Justicia alemana. Lo hizo inyectándoles una droga letal.
El condenado había sido acusado de asesinar a dos personas y era sospechoso además de haber terminar con la vida de otras 33, a quienes inyectaba dosis mortales de medicamentos.
En 2008 ya le habían dictado siete años de presión por intento de homicidio y, tras confesar a un psicólogo que había asesinado a varias decenas de pacientes, su proceso se reanudó.
De este modo, se exhumaron y analizaron 99 cuerpos, pero planean estudiar varios centenares de casos de otros pacientes que fallecieron en el centro sanitario en el que trabajaba.
Pudo constatarse que llevaba a sus víctimas al borde de la muerte e intentaba reanimarlas para demostrar que era "todo un profesional". Sus esfuerzos muchas veces eran en vano.
