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El actor Julio Chávez le pone el cuerpo a la última etapa del pintor Mark Rothko, al protagonizar la obra Red, con dirección de Daniel Barone.

“No tengo de qué quejarme, sería ofensivo si lo hiciera”

El actor Julio Chávez le pone el cuerpo a la última etapa –vital y creativa– del pintor Mark Rothko, al protagonizar la intensa obra Red (Rojo), de John Logan, con dirección de Daniel Barone. Reconoció que “losestrenos me ponen nervioso, la expresión es un hecho violento”.

“No tengo la serenidad como base, a punto de estrenar, estoy como las parturientas que sienten el peso. El relato me pesa, resulta violento, pero hay que sobreponerse, salir a escena y tomar decisiones sobre un instrumento caliente, vulnerable. El actor debe hacer una hermosa doma sobre su persona”, detalla Chávez, en diálogo con la agencia Télam poco antes del estreno de la pieza el sábado últimoen el porteño teatro La Plaza.

El actor habla pausado y apuesta a los silencios, transformando la charla en un hecho teatral: “Tengo un rol hermoso, Rothko es un pintor particular, un hombre con mucha noción de la teatralidad; se suicidó de esa forma, alguien para quien la palabra ‘verdad’ no tenía contenido, prefería la escena, fue un precursor en materia de armar instalaciones”.

Red visita el potente y atribulado universo del artista de la Escuela de Nueva York, nacido en Rusia de familia judía, durante un momento crucial de su vida, cuando el pintor –filósofo y formado también en la actuación– aceptó el mayor trabajo por encargo en la historia del arte moderno.

El proceso que decidió al personaje a pintar diversos murales para el restorán Four Seasons del edificio neoyorquino Seagram resultó una osada invitación a ocupar con sus obras el centro del escenario de un símbolo arquitectónico del capitalismo.

Aquel convite marcó la obra de un hombre “de ideología comunista, pero con una forma de vivir muy burguesa, un habitante de Estados Unidos, quien plantea el tema de siempre: el hombre, el arte y suépoca”.

Entre la pantalla y el escenario

Un intenso 2013 llevó al actor a transformarse en Guillermo Graziani, un abogado generoso en contradicciones, en la ficción diaria Farsantes (El Trece, cuyos capítulos finales se ven aquí por Canal 7 Mendoza), cuyas grabaciones terminaron hace más de un mes, con un rating sostenido y y mucho ruido acerca de las idas y venidas de los integrantes del elenco.

Según Chávez, “necesitaba parar, es un viaje que ya ni lo recuerdo, ahora todo está puesto acá, en el teatro. Cuando todo se desinflame un poco, voy a tener un espacio más claro, igual no tengo nada de qué quejarme, sería ofensivo que lo hiciera, pero aún no deshice las valijas de aquel rol televisivo, las tengo en casa sin desarmar”.

Si bien en 2015 regresará a la pantalla chica, más probablemente con un unitario, antes incursionará en el cine con Insepultos, con guión de Barone, ambientada en la localidad jujeña de Purmamarca,  donde se narra el encuentro de un padre con su hijo, acompañado por Gabriela Toscano, su dupla en el premiado unitario El puntero (El Trece).

Epitafios, Tratame bien, El puntero y Farsantes, aún en el aire (a las 23, por el 7 local) son programas en los cuales Barone trabajó con Chávez, quien admite que “siempre le dije que debería empezar a hacer una experiencia teatral, por lo menos una. Al leer la obra en 2012 pensé: ‘Esta pieza le va a venir bien’, es placentero dejarme dirigir por él”.

Para el protagonista de la pieza, “cuando uno tiene el talento de mirar, y él lo tiene, no es algo que se encasille en determinado formato, se pueden aprender –más tarde o más temprano– cuatro palabras estúpidas que las aprende cualquiera, pero cualquiera no puede aprender a mirar y a tener humanidad frente al hecho que se está viendo”.

En relación a volver a desempeñar el doble rol de actor y director, como sucedió en su puesta anterior, La cabra, puntualiza que “tengo un proyecto para hacer una obra de Ibsen que, de llegar a realizarla, la codirigiría con alguien y la actuaría, pero acá, sólo actúo”.

Las funciones de Red en La Plaza, la dirección de su escuela de teatro y sus trabajos como coach de actores conforman algunos de los planes para este año, donde la pintura –otro de sus amores– seguirá presente, y quizás esta disciplina sea la responsable de convertir la composición del personaje teatral en “un regalo que quiero aprovechar”.

Una vuelta por el taller

La obra es definida por su protagonista como “un material del que expresamente se sacó cualquier giro que implique una cerrazón y, lejos de resultar de corte bibliográfico o académico, llega al espectador de manera directa, corpórea y espero que le provoque ganas sensoriales de ir en busca de un libro de pintura y chusmear qué pasa en el taller de un pintor”.

Las similitudes entre el espacio de la cocina y el de un atelier entusiasman a Julio Chávez, quien destaca que “va a ser desmitificador para el público poder atisbar un taller, percibirlo como un lugar de trabajo, de tierra, no de musa inspiradora, algo similar a la cocina, porque allí también se cocina algo relacionado con la materia y lo sensual”.

Según el actor, Rothko fue “un hombre que estuvo pidiendo que el mundo se detuviera y, como buen oficiante y trabajador del arte, tuvo límites bien claros y ofreció muchos flancos desde donde podía ser atacado”.

El joven actor Gerardo Otero encarnará a Ken, asistente del artista, quien lo acompaña y cuestiona su relación con el dinero y el mundo del arte, con una poderosa escenografía de Jorge Ferrari, vestuario de Mini Zuccheri y el diseño de luces a cargo de Eli Sirlin. Se espera que la obra salga de gira y –tal como pasó en 2013 con La cabra– llegue a Mendoza a mitad de año.

El dato

Buenas críticas. Elogios por doquier recibió Julio Chávez de parte de la crítica acerca de su trabajo en la obra Red. Según la prensa, ofrece nuevamente una clase magistral de actuación en una intensa y provocadora pieza que es suceso en al esceba mundial. Daniel Barone debuta aquí como director teatral.

Fuego amigo en el elenco

Julio Chávez “blanqueó” la mala relación en Farsantes, y sus compañeros explotaron a favor y en contra.

Después de las declaraciones de Julio Chávez sobre la relación con sus compañeros de la tira Farsantes, Alfredo Casero, Griselda Siciliani, Facundo Arana y hasta el director de programación de El Trece, Adrián Suar, opinaron sobre el tema.

“Para mí no es un problema grave si un compañero no me quiere”, dijo Julio Chávez al diario Clarín. Suar se manifestó a favor del actor en una entrevista radial: “Suscribo lo que dijo Julio, los ciclos no se abandonan, hay que respetar a la gente”.

Todo surgió a partir de que Chávez había dicho que Arana había dejado en claro que abandonaba Farsantes porque no podía trabajar con él. “Yo trabajo mucho y entiendo que el espacio de trabajo de por sí es un ámbito con posibles tensiones, en el que cada uno intenta articular los puntos de vista, y eso no siempre se logra amigablemente o con una sonrisa. A veces eso produce nervio, rispidez lógica y necesaria. Me gustaría ver a cinco pintores pintando el mismo cuadro”, comentó Chávez.

A lo que el galán de telenovelas salió a contestarle en Twitter: “Picasso y Páez Vilaró pintaron un cuadro juntos. La pasaron genial. Se llama comunión. Compartir.

Aprender enseñando. Y viceversa”. Y a él se sumó un impiadoso Casero: “A mí Julio Chávez me despertó tanto erotismo que me tiro un pedo cada vez que lo veo”.

En cambio, Siciliani (pareja de Suar), retuiteó la entrevista de Clarín y escribió: “Gran nota. Un placer y un honor hacer Farsantes con este hermoso actor”.

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