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Este miércoles, en el teatro Liceo de Buenos Aires, se reestrenará la obra Parque Lezama, adaptación de la pieza I’m not Rappaport, de Herb Gardner, realizada y dirigida por Juan José Campanella. Entrevista con el director Eduardo Blanco.

"La gente ve la obra como si fuera de Campanella"

Por Ramiro Ortizortiz.ramiro@diariouno.net.ar

Este miércoles, en el teatro Liceo de Buenos Aires, se reestrenará la obra Parque Lezama, adaptación de la pieza I’m not Rappaport, de Herb Gardner, realizada y dirigida por Juan José Campanella. En su debut como director teatral, el oscarizado cineasta autor de Metegol o El hijo de la novia buscó dos monumentales actores que sostuvieran su puesta: Eduardo Blanco y Luis Brandoni.

Ambos interpretan a dos octogenarios que se encuentran en el banco de una plaza y su diálogo es el hilván de la pieza. Luego de cuatro meses con funciones de miércoles a domingos, con doble función los sábados, llegó el descanso en diciembre y ahora, desde mañana, empiezan la temporada veraniega. Por eso, con su buen humor y simpatía de siempre, Eduardo Blanco se dispuso a hablar sobre esta obra tierna y divertida, aguda y reflexiva, que tanto éxito ha tenido hasta ahora y que seguirá en cartel todo el 2014 en Buenos Aires.

“Nos fue muy bien así que está bueno retomar pronto para que no se distraiga la suerte y siga con el ojo en nosotros”, bromeó el actor.

–¿Cómo ha sido esta nueva experiencia teatral?–Esto empezó hace como veintipico de años atrás, cuando Campanella vio la obra en Nueva York en los ’80 y después me dijo: “Che, tenemos que hacer esta obra”. Podemos remontarlo ahí. Después, cada

tres o cuatro años en alguna conversación volvía a surgir por algún motivo y hace unos tres años en una cena nos lo propusimos, ahí empezó la inquietud real que él tenía para su debut teatral como director.Después vino todo el proceso y el simtiempo que conlleva concretar un proyecto así, los derechos, la adaptación, el elenco, la sala, las agendas. Pero ese fue el embrión, nos encaminamos y el resultado fueeste.

–¿Cuál?–Una obra que superó mis expectativas. La veía como una comedia dramática divertida y emocionante pero superó todo, la gente se ríe más de lo que yo creí que se iba a reír y se conmueve mucho. Nos muestran cada noche una gran efusividad cuando aplauden. El espectáculo no somos Brandoni y yo, nada más, somos siete actores, una escenografía fantástica, una música maravillosa. Conformamos un equipo como los que por lo general arma Campanella.

–Se habla de que el trabajo suyo y el de Brandoni sostienen todo...–Lo que pasa es que son los dos personajes protagonistas y son los que llevan la historia adelante. Creo que está dicho en ese sentido o lo entiendo como un elogio. Uno sabe que los personajes  protagónicos si son sólidos y están bien hechos es inevitable que destaquen. Pero hay muy buenos trabajos en el escenario, no sólo los nuestros.

–¿Cómo vivió la composición de su personaje?–Fue muy rico, un descubrimiento de cosas... Tanto que me fui dando cuenta con el correr de las funciones de todo lo que le había robado a mi abuelo. Inclusive en una entrevista caí en la cuenta de que mi personaje se llama igual que mi abuelo, Antonio. Le saqué muchas cosas a él, la mayoría sin darme cuenta, y fue muy emocionante reencontrarme con esas cosas que tenía. Fue el único que conocí y quise

mucho, yo lo miraba de una manera particular porque fue un viejo bastante cabrón pero a la vez tierno. Muy humano, puteaba, como decía él, a Dios y a María Santísima (ríe a carcajadas). Yo a lo mejor miraba sin saber todo ese peso que me iba a ir dando cuenta luego, de más grande. Esta obra me comunicó un poco con él.

–¿Dónde cree que está la magia de la obra? ¿El texto, la estructura?–Aunque la obra no sea de Campanella la gente la va a disfrutar como si lo fuera. El secreto está en que él hace cosas que le gustan, no por encargo ni mucho menos. Cuando él la vio en Nueva York después dijo que esta obra influyó en su manera de escribir. De manera que es algo de su estilo y conlleva la mayoría de las cosas que le gustan como espectador y como creador. Tiene mucho humor y una mirada sobre las emociones, sobre los comportamientos sociales, una mirada aguda sobre la sociedad en la que vivimos. Además, con las funciones me fui dando cuenta de que la gente salía como con un esplendor, una efusividad, y llegué a la conclusión de que la obra tiene una sensación escondida, creo yo, que es el mensaje de que la vida termina cuando termina la vida, ni un segundo antes, así que vamos a vivir algo muy satisfactorio. Eso te llena de vida, a mí todo eso me gustó de la obra.

Campanella en escena

Ante su primera experiencia en dirección teatral, Juan José Campanella había demostrado cierto nerviosismo. Eduardo Blanco resulta la persona ideal para compartir su mirada sobre el debut de su amigo,colega y director luego de haber trabajado con Campanella en múltiples ocasiones –todas ligadas al mundo cinematográfico, como Luna de Avellaneda– y ahora también aquí, sobre las tablas.

–¿Cómo fue tenerlo a Campanella de director teatral? ¿Muy distinto? ¿Algo lo puso nervioso?–Yo no diría nervioso más que la cuota normal de nervios que uno tiene cuando emprende cualquier proyecto. Diría más ansioso... Porque trabajando con los actores tiene una excelencia maravillosa, sabe

muy bien cómo comunicarle a los actores lo que quiere, es muy claro para transmitirlo. Y me parece que es un gran contador de cuentos. La diferencia es en la ansiedad porque el director de cine está acostumbrado a que la escena una vez que la hizo y le gustó queda hecha para siempre (ríe). El teatro lo pone un poco nervioso porque cada vez es una situación distinta, puede haber errores y no sale siempre como él quiere. Creo que es eso, sumado a que no puede llevar al espectador a que vea lo que él quiere, en cine él hace un plano y el espectador ve lo que él quiere que vea. En teatro no, se tiene que conformar con darle al espectador un plano general siempre.

Temporada

La obra de Herb Gardner, adaptada y dirigida por Juan José Campanella, ofrecerá funciones todo el verano, de miércoles a domingo, en el teatro Liceo (Buenos Aires). Cuenta con las actuaciones de Eduardo Blanco, Luis Brandoni y elenco.

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