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Sangre joven. El sanrafaelino de 31 años es el nuevo director editorial de la edición argentina de la revista Rolling Stone. Aquí repasa sus 13 años en esa famosa redacción y el año “Indio” de Mendoza.

Juan Ortelli, el director mendocino de la revista Rolling Stone: "Gracias a Mendoza el Indio pasó a otra escala"

Selva Florencia Manzurmanzur.florencia@diariouno.net.ar

Son las 18 del primer viernes del año y Juan Ortelli está sentado frente a la computadora. El teléfono suena y recibe la llamada que había pautado horas antes. Esta vez la entrevista no la hará él, ni la editará él. Esta vez él será quien conteste las preguntas y hable de su carrera.

Ortelli tiene 31 años, está descansando en su casa de San Rafael, el lugar donde nació, y en pocas horas tiene que entregar una crónica sobre la que probablemente sea la última pelea del brasileño Anderson Silva. Para hacerla pasó unos días en Las Vegas y presenció la pelea de la UFC, que se realizó la semana pasada.

La historia de Ortelli como periodista empieza hace unos 13 años, cuando se muda a Buenos Aires para perseguir su gran pasión. A su corta edad, el periodismo parecía ser la profesión capaz de contener los mundos que ansiaba transitar.

“Al haberme criado entre libros, todo me parecía posible. Si mi gusto iba a seguir cambiando, y yo iba a necesitar un trabajo para vivir, mejor que fuera uno donde todos esos mundos pudieran quedar contenidos”, reflexiona desde el Sur mendocino el ahora director editorial de una de las revistas más leídas del país: la versión nacional de Rolling Stone.

En esa publicación arrancó como freelancer, hizo suplencias, entrevistas, tapas, fundó secciones (como En caliente) y desde fines de 2013 remplaza a Pablo Plotkin como la cabeza de la revista que aquí se edita desde abril de 1998.

A propósito de su nuevo cargo, el tiempo que pasó en Mendoza esta semana y su historia entre próceres del reggae y el rock nacional, aprovechamos para mantener una charla a fondo con él y descubrir su visión para los próximos años de la publicación.

–Creciste en San Rafael, pero no bien terminaste la secundaria te fuiste a Buenos Aires persiguiendo el sueño de ser periodista...–En San Rafael ya había trabajado en una radio y en un semanario, y estaba convencido de que quería ser periodista. Siempre soñé con hacer muchas cosas que no estaban a mi alcance y sentía que el periodismo podía sintetizar todo lo que quería hacer. Mi familia estaba pasando un momento delicado en lo económico, entonces no me fui de viaje de egresados y elegí ir a Buenos Aires a probar. Quería ir a TEA (Escuela de Periodismo General) porque era donde los profesores eran periodistas en actividad. Ahorré mucho, mis viejos hicieron un gran esfuerzo, y así y todo fue un desarraigo muy grande.

–Pero de inmediato supiste que era lo que querías hacer...–Sí, además todos mis compañeros eran más grandes o venían de otras carreras y yo estaba recién salido del huevo (risas). En segundo año de la facultad ya había publicado algunas cosas y había entablado relación con mis profesores. Vivía en una pensión a una cuadra de la facu y tenía que vivir con $2 por día, sólo tenía acceso a las ofertas de los centros culturales gratuitos y a la mediateca de la facultad, de la que sacaba películas.

–¿Cómo llegás a la Rolling Stone?–En segundo año, una profesora organizó una charla con el editor de música de la revista, Fernando Sánchez. Le pregunté muchas cosas acerca de su trabajo y lo que él escribía. Fue todo mágico. El pibe se copó con mis preguntas y empecé a escribir algunas cosas, después surgió una nota sobre músicos que tuvieron negocios antes de triunfar, como Mollo, de Divididos, y Corvata Corvalán, de Carajo. Me siguieron encargando cosas y, como las iba resolviendo, me tomaron confianza. Me llamaban para cubrir suplencias y finalmente quedé.

–Con 15 años de historia, tapas emblemáticas y la responsabilidad de estar siempre a la vanguardia, ¿cuál es la misión de un producto editorial tan importante como Rolling Stone?–Tiene que haber un fuerte contacto con la realidad, no hacemos una revista que se mira a sí misma. Podríamos ser independientes de cualquier agenda, pero a mí me gusta que tenga un pulso periodístico fuerte. Cada texto tiene que ser el definitivo y hay una ambición grande. Hacemos periodismo, sabemos que no es arte, pero tratamos de que sí lo sea. Si hacemos el perfil de un personaje o una entrevista, buscamos que ese texto sea el mejor. Hacemos la mejor revista posible todos los meses. Que la apertura de la sección Noticias sea mejor que la tapa de cualquier suplemento que haya salido ese día o esa semana o ese mes.

–En los 13 años que llevás en la revista ¿qué entrevistas marcaron tu historia? –Hay un montón. Hice más de 20 tapas desde que entré. Hacer una tapa es siempre un momento de mucha presión y un desafío enorme. Todas las notas tienen que tener un nivel de excelencia que exceda a cualquier medio del país. En Rolling Stone no tiene que ser cinco estrellas tu material, tiene que ser 18.000 estrellas. Una de las mejores fue la Pity Álvarez (que se publicó en 2008), cuando él estaba cerrando el último disco de Intoxicados. Lo que tiene la revista es que nunca hacemos un solo encuentro con el artista o la figura sino que lo vemos varias veces. La idea es que haya una privacidad y un alcance con el tipo al punto de que se olvide de que estás ahí. Esa fue la nota que nací para hacer y se dio con él una intimidad muy fuerte. Intoxicados era mi banda favorita y lo sigue siendo. Fue muy groso. Hay otras que fueron importantes, como las dos entrevistas que hice con el Indio Solari. Una tuve que hacerla en cuatro días, algo que es una locura. Lo que más cambió en todo este tiempo fue mi forma de ver las cosas, de describirlas y de contar historias.

–¿Fue algo que tuviste que ir trabajando? Eso de contar historias y reflejar la esencia del personaje...–Sí, justamente me acuerdo que hubo una nota con Joaquín Levinton, cuando recién arrancaba con la banda Sponsors, y fui a verlo. Fue un momento en el que él estaba muy metido con el crack y estaba como en una competencia, al menos en su mente, por ver quién era el más reventado del rock nacional: si él o Pity. El vivía en un loft muy lindo, tuvimos una charla muy linda sobre su familia y me empezaron a pasar cosas durante la nota. Cosas que me permitieron ver cómo iba a narrarlo todo. Se le había caído Coca Cola en el piso hacía como una semana y la mancha seguía ahí. Fue entonces que me di cuenta de que mi forma de escribir cambió. A su vez, hace cinco años empecé un taller con Leila Guerriero, que es muy exclusivo y que me sirvió mucho, porque ella es la cronista latinoamericana más importante. La tapa de Fidel Nadal (que se editó en octubre de 2009) también fue importante para mí porque el hip hop y el reggae son los géneros de los que más conozco y no hay tantos periodistas que se dediquen a eso. Además, fue la primera tapa a un afroargentino.

–¿Es un objetivo de ustedes que la revista se parezca tanto a la versión estadounidense?–Seguro. Incluso hemos visto llegar cartas de Jann Wenner (co-fundador de la revista) felicitando a la revista por cómo hacemos las notas. Hay revistas de otros países que se quieren parecer menos: pero en nuestro caso tenemos una cultura de rock de 50 años y eso es rarísimo, es todo un capital que podemos aprovechar. La idea siempre fue llevar el rock argentino al estándar de calidad americano, en el parámetro de Rolling Stone.

–También estuviste involucrado en la creación de suplementos especiales de la revista, como el reciente de Luis Alberto Spinetta. ¿Cuál es el objetivo con ellos? –Cada dos años se hace una convención mundial con los editores de todas las ediciones. Hablamos de cómo ha sido el trabajo y hacemos una puesta en común. Con Pablo Plotkin (director editorial saliente de la revista) habíamos visto los bookazines que venían haciendo los americanos, que son una mezcla de revista y libro. Son negocios de circulación porque no tienen avisos publicitarios y además se hacen con un papel de mejor calidad. En ese encuentro, vimos ese negocio, lo trajimos e hicimos el de los Redondos, que se agotó. A partir de eso, la compañía empezó a hacer bookazines de todos los productos de la empresa. De alguna manera cambiamos el negocio editorial en Buenos Aires y esto se empezó a hacer gracias a esa primera experiencia. Es una apuesta a que el lector tenga mayor calidad y una opción independiente a la revista. También es un lujo que nos damos: hacer una revista mejor.

–De todas formas, el estándar de calidad y el prestigio de la revista deben ayudar a conseguir material exclusivo para esos productos...–En el caso del de Luis (Spinetta), por ejemplo, yo tengo una gran amistad con Dante (su hijo) y lo hablé con él. Sin su autorización no lo íbamos a hacer. Él me dio el OK y su familia lo autorizó entonces pudimos contratar a Dylan Martí, que era el mejor amigo de Luis y es un fotógrafo muy importante. Ese fue el más vendido de todos los bookazines en Argentina. Elegimos la tapa con Dante y le pusimos Luis.

–El 2013 fue un año significativo para los mendocinos porque pocos imaginaron que el Indio Solari daría el show más importante de su carrera acá. ¿Te imaginabas que en tu casa podía pasar esto?–¡Sí! Sabía que iba a ser así porque sé de la cultura ricotera que hay acá. Yo me crié en el Automóvil Club y todos los veranos era La mosca y la sopa (risas). En el Nihuil todos escuchábamos a Los Redondos, fue como la gran banda de los ’90, la que se federalizó. Imaginé que podía ser incomparable. Incluso hace poco estuve con el manager del Indio, que me contó varios de los proyectos que tienen para el 2014, y me hablaba de Mendoza y todavía no lo pueden creer. Gracias a Mendoza el Indio pasó a otra escala. Si antes era inédito lo que pasaba con él, después de Mendoza no hay más vuelta atrás. Nunca necesitó de los medios, lo sabemos, pero ahora realmente no necesita nada de nadie.

–¿Cómo explicarías ese fenómeno? –Son varios factores, pero uno de ellos es que el show que ofrece está a la altura de Roger Waters, lo ves a él y ves un show nacional de escala internacional. Creo que la clave pasa por ahí y por el hecho de que se lo puede ir a ver, no es como en los ’90 que era una masacre (ir a un recital de Los Redondos). Ahora van familias enteras. Es más, podés ir a comerte un asado antes del show y participar en un evento más que ir a verlo al tipo y escuchar lo que canta. Es más que un recital de rock: es la oportunidad de ver un tipo que puede tocar unos 10 o 15 años más... ¡Menos quizás, con lo fóbico que es!... Estamos asistiendo a los últimos shows de él como performer.

–¿No pensás, como muchos, que se retira este año?–Creo que habrá uno o dos shows este año y alguno más el año que viene. Se va a retirar cuando no tenga más ganas de cantar. Sé que es muy demandante lo que él hace, porque él lleva hasta el pan y las milanesas para los que hacen la seguridad en sus shows. No diría que queda sólo un show más del Indio.

–El 2013 se caracterizó por la presentación alternativa de los discos, ya sea a través de redes sociales o de forma sorpresa. Incluso, Babasónicos hizo una cruzada por evitar que su CD se escuchara en plataformas en las que se pierde la definición. ¿Hacia dónde creés que va la industria discográfica?–Hubo una vuelta fuerte al vinilo también y esa fue una de las claves del año. En mi caso no, porque soy un marciano y escucho los discos en el DVD. Pero sí hay que reconocer que vos ponés un vinilo, como el de Él Mató a un Policía Motorizado, y tienen una dimensión increíble. Hay que hacer la prueba. Creo que la industria va camino a eso: a volver a los equipos de audio. Además, no es un momento de novedad en Argentina, es un momento de revisión de la música. Fijate Babasónicos, que (con Romantisísmico) no hizo más que pulir una fórmula que vienen trabajando desde Infame en adelante. O (Andrés) Calamaro, que sacó un disco que es lo más parecido que hizo a Alta suciedad, y eso que ambos trabajos están asquerosamente bien hechos.

David Sisso y Juan Ortelli: un frente cuyanoJuan Ortelli no es el único cuyano que supo hacer de las suyas en la redacción de la Rolling Stone. David Sisso, fotógrafo puntano de 45 años que hoy dirige uno de los estudios más prestigiosos del país, también aportó su visión durante años a la publicación argentina.

–¿En alguna nota o crónica trabajaste con David Sisso?–En mis comienzos, sí. Fue muy amoroso conmigo, justamente porque era de mis pagos. David siempre se portó muy bien conmigo y es un crack. En ese camino de hacer la revista lo más parecida a la norteamericana él fue quien tradujo la matriz visual de Rolling Stone Estados Unidos a la Rolling Argentina. David lo que hizo fue tomar las mejores fotos de Mark Seliger, Dave Lachapelle y Platon (Antoniou) y traducirlas al castellano. Para mí fue un placer trabajar con él y siempre que yo venía a Mendoza a la vuelta le llevaba “panes tortuguita”. Hicimos un frente cuyano. Incluso hacía mucho que no hacía fotos para la revista y logré que hiciera las de Illya Kuryaki (2012) y terminé de cerrar un círculo.

"Hay un público muy hipster en Mendoza" Durante sus primeros años en Buenos Aires, cuando aún era estudiante, Juan Ortelli recuerda haber tenido “un hambre voraz” por trabajar y aprender. En su afán por conseguir algo que le diera un sustento económico y a la vez lo acercara a su gran pasión, entabló una estrecha relación con Karamelo Santo y hasta quiso ser plomo de los mendocinos cuando se instalaron en La Boca, a fines de los ’90.

“A Juan lo conocimos en San Rafael cuando nos hizo una nota y entablamos una gran amistad, después llegó a Buenos Aires, y como no tenía qué hacer, quería estar con nosotros, cosa que me pareció una locura. Juan es una de esas personas con las que pasás cinco minutos y te das cuenta de que tienen otro camino, es muy inteligente y tenía que seguir estudiando”, contó Goy Ogalde, al ser consultado por Escenario sobre aquella etapa con su ex banda.

En tanto, Ortelli reflexionó sobre la movida rockera mendocina.

–Si bien hace rato que una banda mendocina no explota en el ámbito nacional, el año que pasó fue muy bueno para artistas como Leandro Lacerna y Mi Amigo Invencible. ¿Te mantenés al tanto de la música que se hace acá?–Estuve en Mendoza hace un par de meses, en un evento de Conectar Igualdad, y pude ver en vivo a Mi Amigo Invencible. Habíamos hecho una nota con ellos hace un tiempo, pero al verlos me llamó mucho la atención la potencia del grupo, me hicieron acordar un poco a Café Tacvba. Me gustó cómo transmitían toda la cuestión andina. Después vi la versión física de su último disco (La nostalgia soundsystem), que tiene un arte que es de los mejores del año que pasó. Tienen un nivel muy alto. También me di cuenta de cómo cambió el público allá, me asombré.

–¿Por qué?–Porque hay un público muy hipster ahora en Mendoza, eso me pareció insólito (risas). Nunca imaginé que hubiera cambiado tanto y me puso feliz. Los vi abiertos a escuchar otras cosas y a cambiar un poco esa concepción del artista que existía. Seamos sinceros: Mendoza está lejos de Buenos Aires, hay que cruzar todo el país, y es difícil que un grupo llegue hasta allá.

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