Dicen (un eufemismo para decir lo que uno piensa) que no hay personas buenas o malas. Que todo ser humano desea el bien y que la diferencia solo está en que unos desean el bien general y otros solo el bien propio y a cualquier precio.
Aún con esta visión, se puede asegurar que hay personas en este mundo (también en este mundo) que son buenas por naturaleza, íntegramente, de pie a cabeza. Marcelo Fortunato (49) es una de ellas. Y encima es músico.
Él, casi solo, salvo algunos apoyos eventuales, en los últimos 7 años creó 100 niños bateristas. Para que quede constancia de ello el sábado 30 de noviembre, a las 19.30 en el Cine Teatro Colón, de Palmira, el músico y sus chicos harán la séptima muestra anual. Serán los 23 chicos que este 2019 recibieron sus clases y también varios que quedaron marcados con ellas en años anteriores, además de músicos invitados.
Todo comenzó hace 10 años cuando Fortunato, quizás y esencialmente de puro bueno que es, decidió compartir las cosas buenas de su vida, aquellas que lo hacen feliz. Y la música es una de esas.
-Hacés varias cosas pero, ¿cómo te definis?
-Soy músico. Me definí así a los 30 años, cuando entendí que había que tocar un instrumento relajado, que había que compartir la música con otros músicos, momentos, espacios, creaciones y, especialmente, cuando empecé a divertirme. Ahí empecé a sentirme músico. Antes de los 30 no me divertía. Me sentía como observado.
-¿Cómo fueron tus inicios?
-Empecé a tocar a los 15 años. No era fácil porque no había materiales de estudio, no había profesores. Teníamos que buscar los VHS, desgravar a los bateristas, ponerlos en cámara lenta y ver qué era lo que hacían. Era muy complicado. Ahora hay un montón de profesores, videos, clases en línea… En Mendoza había dos o tres profesores muy bueno.
-¿Por qué elegiste la batería?
-No sé. En la primaria tocaba el bombo. Un día escuché un casette de Charlie García y pensé: por acá voy a ir. Tenía unos palillos y rompí todos los sillones de mi casa.
-¿Podés hacerme repaso de tu vida musical
-A veces uno piensa que un buen músico, que se precie de tal, tiene que haber tocado con una banda conocida y muchas veces no es tan así. Nuestros músicos de acá, los que están en el interior de interior, no son conocidos pero muchos son muy buenos. Son instrumentistas buenos, docentes buenos. Algunos creen que te da chapa poder decir ´toqué con tal en Buenos Aires´ pero, como dice un profesor mío, después llegás a Estados Unidos y a ese con el que tocaste en Buenos Aires no lo conocen. La chapa es relativa. Acá he tocado con todos. Todos los que han salido a grabar me han llamado para tocar con ellos en las presentaciones. No somos populares, no somos famosos, pero eso no invalida que uno le ponga al instrumento varias horas del día y que pueda ser bueno.
-Entonces, ¿cómo deben medir el éxito los chicos?
-El éxito se consigue cuando uno es feliz tocando un instrumento y si lo tocás bien, mucho mejor. Hay que ser feliz mientras se practica, mientras se estudia. Porque su uno espera tocar 20 años en alta performace para ser el mejor baterista del mundo y sufre el proceso, no es bueno. Yo ya un puedo ser el mejor pero ellos, mis alumnos, si pueden ser los mejores, y esto de mejores es entre comillas, porque sigue siendo arte y no hay competencia porque todo es relativo. Ser bueno de depende de las horas que le dediquen al instrumento y que se diviertan. Si se divierten la carrera no termina nunca.
-¿Se puede vivir de la música?
-Se puede, pero el porcentaje de quienes lo consiguen es muy bajo. Son unos pocos privilegiados los que pueden vivir de la música y pueden vivir bien. Yo, hasta que me comencé a dedicar a la docencia, siempre puse plata y nunca cobré nada. Lo que se cobra en los toques es simbólico. Pero la música tiene muchas aristas en las que podes ganarte la vida, sin bastardear la profesión: la docencia, la producción, las grabaciones, el coaching… Pero no conozco a nadie que se haya hecho millonario siendo músico.
-¿Qué es lo que más disfrutás?
-Las muestras de los chicos, cuando tocan a fin de año. Disfruto muchísimo Cuando se sube un chico muy chico al escenario que presenta una canción que escuchaba su abuelo, su tío, su madre y que él ni siquiera conoce esa banda. Disfruto cuando un chico de 5 años toca AC/DC o Kiss, bandas que no conocen, que ni siquiera saben deletrear el nombre para buscarlas en Internet. Y me da gusto verlos en el escenario, verlos que se divierten como locos y reciben el aplauso de los padres, de la gente que los va a ver. El primer aplauso que recibe el chico es el comienzo de lo artístico, después se verá si van a ser músicos o contadores, pero esa experiencia ya la vivieron. Y yo lo puedo vivir con ellos.
-¿Cómo evolucionó tu escuela de bateristas?
-Esta es la 7ma muestra anual, pero la escuela ya tiene 10 años y empecé con tres o cuatro alumnos. Ya han pasado 100 chicos por las siete muestras y hay cuatro chicos que han estado en las siete y que ya son adolescentes. A muchos los vi pasar por su escuela primaria y su secundaria. Uno de los primeros alumnos que tuve ahora es pianista. Estudió en la UnCuyo, se recibió de licenciado y seguimos en contacto, como con mucho de los chicos. Hay varios que han seguido con la batería y les va muy bien. Algunos de ellos están invitados a la muestra de este año.
-¿Todos podemos ser bateristas?
Todos podemos pero, como en el fútbol, no todos podemos jugar como Messi. Pero si, cualquiera puede ser baterista si se divierte.
-¿A que edad pueden comenzar a estudiar el instrumento?
Recomiendo que no sean tan chicos para educarlos formalmente, que esperen un poco. Que se diviertan en su casa, que usen tarros o batería de niños, que no los metan tan chiquitos en la educación formal. Aún así, tengo genios que tocan desde los 3 años, pero a la mayoría les recomiendo que esperen hasta los 7 u 8 año, porque los chicos se cansan.
Y allí va Marcelo Fortunato, un hombre esencialmente bueno, que necesita compartir su alegría con los demás.
