"Mi hijo (Yoryi Godoy) estaba conmigo el día sábado...", comienza Jorge Godoy, muy resuelto, frente a las cámaras de televisión, a las que no mira. El hombre, que tiene 33 años, interrumpe súbitamente el relato y calla. Agacha la cabeza. Segundos interminables. Solloza. Tose. Alza la cabeza pero no la mirada. Se pasa una mano por el rostro y sigue: "... estaba conmigo en la playa del VEA".
"Mi hijo, Yoryi Godoy, de 3 años, estaba conmigo el sábado en la playa del supermercado"
¿Por qué la madre de Yoryi Godoy hablaba de él en pasado mientras el esposo denunciaba que se lo habían robado y toda Mendoza lo buscaba? La mentira y el crimen
Así comenzaba a hacerse público, el lunes 13 de mayo de 1996, en Guaymallén, uno de los casos policiales más escalofriantes de Mendoza: el crimen del niño Yoryi Godoy, de 3 años. Lo habían inscripto en el Registro Civil como Ayrton Leonel.
Este miércoles se cumplirán 30 años del caso que comenzó con la denuncia de desaparición del niño, siguió con una campaña colectiva para encontrarlo y terminó con el desenlace menos esperado.
La madre de Yoryi Godoy
Volvamos a aquella improvisada conferencia de prensa, en el playón del supermercado -aún sin rejas perimetrales- durante las horas desesperadas.
Con los ojos cansados, Graciela Camargo -pareja de Godoy y madre de Yoryi Godoy- aporta lo suyo. Antes había mirado de reojo al esposo, de quien no se despega ni un milímetro. La mujer habla del pequeño y entrega una descripción física: "Era bien blanca la piel y los ojos marrones...".
Alerta. ¿Por qué la madre del niño habla de él en tiempo pasado? ¿Por qué dice era?
La respuesta es terrible y llega cuatro días después. Lo de la desaparición había sido una farsa. El niño nunca había sido robado ni secuestrado. Tres días antes de la conferencia de prensa, Jorge Godoy lo había golpeado en la casa familiar -por la mañana- y lo había dejado moribundo y al cuidado de Graciela Camargo. Lo peor vendría después...
"Yoryi está descompuesto de la panza"
Casi al mediodía, la mujer llega a un almacén del barrio con los dos hijos mayores que Yoryi. Había que preparar el almuerzo. Algo llama la atención de una vecina que los ve pasar.
- ¿Y el Yoryi? -pregunta acostumbrada a ver a Camargo siempre con los tres hijos.
- Se quedó en la casa, en cama; está descompuesto de la panza -contesta la mujer, de regreso a la casa de la calle Bombal.
Yoryi Godoy: la investigación en espiral
Tras la conferencia de prensa se puso en marcha una búsqueda frenética. Una comunidad religiosa asentada en la calle Adolfo Calle y de la que Godoy había formado parte ayudó con la impresión y distribución de folletos. La carita de Yoryi Godoy pasó a estar en todos lados.
Sin embargo, dos pesquisas de Investigaciones siguieron la lógica, muchas veces cuestionada pero muchas veces reveladora: investigar en espiral. Desde adentro del entorno familiar hacia afuera.
Había varios indicios que seguir pero la conducta de Graciela Camargo había sido llamativa. Había hablado del hijo en pasado. Había hablado sin despegarse de Godoy, como sujeta a su aprobación en cada gesto y cada palabra. Y con la mirada entre enfurecida, perdida y sumisa.
La carita de Yoryi Godoy estaba en la televisión y en los diarios. En la zona del VEA seguían repartiendo folletos en busca de testigos. En la avenida Libertad y en el Unimev. En las radios, el caso Yoryi ganaba espacio cada vez mayor.
Godoy fue interrogado como testigo y declaró que su hijo había desaparecido en el playón del supermercado. Que fueron en su bicicleta, dijo. Que el comercio aún estaba cerrado, agregó. Camargo, también consultada como testigo y denunciante de la desaparición, confirmó la versión del esposo con voz temblorosa.
La familia antes de Yoryi Godoy, el más chiquito
Jorge Godoy era letrista de cartelería de publicidad. Había conocido a Graciela Camargo a comienzos de los '90 cuando ella trabajaba como cajera en otro VEA: el que todavía existe en carril Godoy Cruz y Avellaneda, en Guaymallén, cerca de la casa que ella compartía con sus padres y hermanos. sobre la calle Araujo.
Él tenía esposa e hijos y formaba parte de una comunidad religiosa que lo echó cuando se supo que él se había separado e iniciado un romance con Camargo. Poco después, la familia Godoy-Camargo tuvo dos hijos -una niña y un varón- hasta que llegó Yoryi.
La pista del padre y la pala prestada
El trabajo policial en el vecindario de Dorrego aportaba poco y nada. Muchos validaban que Godoy y Camargo eran familia y que él trabajaba de manera independiente.
De pronto:
- Sí, lo conozco -dijo un hombre cuando le preguntaron por el padre de Yoryi.
- ¿Cuándo lo vio por última vez?
- La semana pasada; vino a pedirme una pala prestada. Era de noche.
¿Para qué podía necesitar Jorge Godoy una pala? ¿Tanta urgencia tenía como para pedirla prestada durante la noche?
En la casa alquilada por los Godoy-Camargo no había ninguna obra en construcción ni reparación. Tampoco trabajaban albañiles. ¿Para qué necesitaría un letrista de carteles de publicidad una pala?
Así empezó a crecer la sospecha más terrible. Godoy había pedido prestada la pala la noche del mismo día en que había golpeado a Yoryi dejándolo moribundo.
Con más firmeza volvieron a interrogar a Godoy y revolvieron toda la casa en busca de pruebas. También interrogaron a Camargo. El no se despegó ni un ápice de su versión inicial. Ella, finalmente, contó todo.
La verdad del caso Yoryi Godoy
Los pesquisas determinaron que, aquella noche, Godoy metió al pequeño Yoryi en un bolso de viaje que se cargó al hombro con pala y todo y que pedaleó casi 10 kilómetros hasta el callejón Antonelli.
Allí enterró a su propio hijo. Al día siguiente puso en marcha la farsa de la desaparición o el secuestro que no habían sido.
Jorge Godoy y Graciela Camargo fueron detenidos por el crimen del pequeño Yoryi. Los otros dos hijos quedaron al cuidado de una hermana de ella.
Condenados en 1997
Al término de un juicio oral y público fueron condenados en 1997 y quedaron alojados en la cárcel de Boulogne Sur Mer.
Durante los años de prisión tuvieron al cuarto hijo, que hoy vive con los años fue dado en adopción.
Los padres de Yoryi Godoy, ahora
Jorge Godoy sigue preso en ese complejo penitenciario, tiene 63 años y el 17 de mayo cumplirá 30 años de encierro. Estudia Ciencias Políticas y aprendió el oficio de cerrajero. Tiene buena conducta y deberá esperar un par de años más para tramitar la libertad condicional.
Graciela Camargo tiene 60 años, ya cumplió la totalidad de la condena y está libre. Pero en 2011, cuando accedió al beneficio de las salidas transitorias, visitó la tumba del pequeño Yoryi en el cementerio municipal de Guaymallén y desató la furia de gente que la reconoció. Debido a la repulsa pública, el entonces juez Eduardo Mathus dejó sin efecto ese beneficio.
Diario UNO entrevistó a la madre de Yoryi Godoy el 15 de marzo de 2019 en Las Heras, donde vivía con su nueva pareja. La mujer estaba el libertad condicional y cumplía la última parte de la condena.
Estudiaba la carrera de Letras y se dedicaba a la costura.
- ¿Cómo me encontraste? -preguntó aquel día Camargo, apenas asomada a la puerta vidriada, a este periodista.
- Hace años que la busco...
- Bueno... Ustedes, los periodistas, siempre encuentran a la gente -dijo, resignada-.
- ¿Querés pasar? -propuso-. No te puedo ofrecer más que un té.
Aquel día volví a la redacción con alegría por haber encontrado la nota que buscaba pero con una sensación amarga por Yoryi Godoy, su trágico final y la terrible verdad que se había impuesto a la coartada.
Hoy, a punto de cumplirse 30 años de aquel asesinato, calculo que Yoryi tendría 33 años.
La tumba de Yoryi Godoy
Hoy, como desde 1996, su tumba de niño sigue adornada por una casita de material con tejas despintadas, decenas de juguetes, cartitas, muñecos, peluches, globos y flores frescas y artificiales.
Desde la foto pública de 1996, su carita de piel blanca y ojos marrones me interpela cada vez que me acerco a dejarle una flor o un pensamiento.
Al final, como siempre, vuelvo a lo mío sin entender por qué Yoryi Godoy -ese niño al que buscamos todos alguna vez- fue víctima de semejante atrocidad.







