El mendocino conoce Potrerillos. Fue mil veces: al dique, al mirador, al asado de domingo sobre la misma costa de siempre. Lo que casi nunca pisó es el margen norte.
Cantos de Miralago: el pueblo de montaña que crece en Potrerillos
A 45 km de la ciudad de Mendoza, Cantos de Miralago ofrece refugios con increíbles vistas a la cordillera y al espejo de agua, más acceso directo a un área náutica, ecuestre y bike park

A 45 km de la ciudad de Mendoza, Cantos de Miralago ofrece refugios con increíbles vistas a la cordillera y al espejo de agua, más acceso directo a un área náutica, ecuestre y bike park.
Y es justamente ahí, en el sector más silencioso del lago, donde el paisaje se ve mejor: bahías naturales, penínsulas, laderas y el Cordón del Plata reflejado en el agua. El lado que el propio mendocino tenía a 45 minutos y rara vez recorrió.
Sobre ese borde se emplaza Cantos de Miralago, la etapa premium de un desarrollo de montaña de 300 hectáreas que combina lo residencial, lo turístico y lo deportivo. La diferencia con un barrio cerrado tradicional aparece desde el primer trazo: acá no se lotea primero y se ve después qué se hace con el resto. La infraestructura social se proyecta primero y los lotes se acomodan a esa trama.
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Un pueblo de montaña, no un barrio más
Cantos de Miralago se presenta como un pueblo de montaña contemporáneo: 80 lotes de entre 2.000 y 4.000 m², escala humana y una arquitectura pensada para integrarse al terreno en lugar de imponerse sobre él. Tiene un código urbano propio que exige alturas bajas, una paleta de colores tomada de la roca de la zona y la piedra del lugar como material obligatorio en las fachadas. Material de acá, no de catálogo.
“La infraestructura social se proyecta primero y los lotes se integran a esa trama, no al revés”, resume el arquitecto Franco Pérez Magnelli, de Dosados, la desarrolladora a cargo del proyecto. La lógica es simple: el paisaje no se valora solo por mirarlo, sino por cómo se lo recorre y se lo habita.
El Yacht Club Mendoza elige la costa norte
La noticia que ordena todo el proyecto tiene nombre propio: el Yacht Club Mendoza, decano de la vela en la provincia y una de las instituciones náuticas de mayor prestigio del país, instala su nueva sede sobre la costa norte del lago, dentro de Cantos de Miralago. No es un amenity más ni un club improvisado para el desarrollo: es una institución con historia que elige este punto del dique para crecer.
La elección no es casual. El margen norte tiene una particularidad que el navegante mendocino conoce bien: el viento térmico sopla en ventanas regulares de cinco a seis horas por día, una condición poco frecuente que la vuelve un escenario ideal para vela, windsurf, kitesurf y kayak. La nueva sede sumará muelles flotantes, zonas de amarre, guardería náutica, un restaurante de montaña en piedra y madera, pileta infinita con solárium y vestuarios completos.
El cambio de fondo es de hábito, no de paisaje. Con el club a metros de la casa, salir a navegar un martes a la tarde deja de ser una excursión planificada y pasa a ser parte de la semana. El lago deja de ser postal y se vuelve rutina.
Posta del Lago: la caballeriza frente al agua
El segundo gran eje del proyecto recupera el espíritu de las antiguas postas de montaña, esos lugares de pausa, encuentro y partida. Posta del Lago es el centro ecuestre de Cantos de Miralago y suma 25 boxes — 15 cubiertos y 10 a cielo abierto —, monturero, corral de doma circular, arena de riendas y una matera con fogón rodeada de terrazas con vista al lago.
La idea no es solo tener caballos: es sacarle al propietario toda la logística de encima. “Cada propietario puede tener su caballo cuidado y disponible”, explica Carlos Bajach, de Dosados. “La filosofía es resolver toda la logística para liberar la experiencia: llegar, encontrar el caballo ensillado y dedicarse solo a salir hacia la ladera por un sendero que sube. Y un par de horas después volvés al fogón, donde alguien ya encendió el fuego”.
Cabalgar entre la montaña y el agua, sin tener que pensar en el antes ni en el después, es una de las experiencias que el proyecto pone en el centro. La caballeriza no queda en un rincón del masterplan: es uno de sus puntos de reunión.
Cantos Bike Park: bajar con el lago de fondo
El tercer eje es lo que en el proyecto llaman “montaña activa”, y acá la bicicleta es la protagonista, acompañada por el trekking, el senderismo, el avistaje y la exploración. Cantos Bike Park fue concebido como una de las piezas estratégicas de todo el ecosistema, con paradores y espacios de encuentro pensados para que el deporte sea también vida social.
El parque ofrece tres circuitos para distintos niveles: Baobab, de 1.100 metros y nivel principiante-intermedio; Acacia/Pump Trail, orientado a principiantes, chicos y familias; y una pista olímpica XCO/M50, de estándar avanzado, pensada para exigencia técnica, entrenamiento y competencia. De la salida en familia a la práctica deportiva seria, todo ocurre en el mismo lugar.
“Este es el gran diferencial del bike park”, describe Bernardo Sottile, de Dosados. “Imaginate descender con el lago y el Cordón del Plata como telón de fondo, y llegar a una sede viva, social y compartida”. La montaña, en Cantos de Miralago, no se mira: se baja, se pedalea y se comparte.
Los Refugios: el comprador no resuelve la arquitectura solo
Habitar la montaña pide una lógica distinta, y los desarrolladores la tradujeron en una línea de cinco modelos de vivienda diseñados específicamente para el lugar por el estudio Juárez D’Ambola junto a Dosados. “No son cabañas de catálogo”, marca el arquitecto Rubén Juárez D’Ambola. “Es arquitectura proyectada para implantarse en la pendiente, orientar cada ambiente al lago y al Cordón del Plata y cumplir el código urbano”.
Los cinco modelos llevan nombre de rocas y minerales: Andesita, Pedernal, Arenisca, Pizarra y Basalto, una manera de decir que la materia del proyecto es geológica antes que decorativa. El comprador no tiene que pelearse con planos: recibe un lote y elige un refugio que ya viene integrado al código, al paisaje y al sistema constructivo del lugar, con 5,5 kilómetros de senderos costeros, 8 miradores y 4 bahías privadas como telón de fondo.
Además, el proyecto avanza con venta de lotes y también de casas ya construidas, lo que habilita uso inmediato, administración y renta. Tierra, casa, mantenimiento y uso, resueltos en un mismo lugar.
El mendocino que lo vio antes que nadie
La historia empieza hace más de veinte años con Daniel “Mocho” Pérez Magnelli, emprendedor mendocino que supo ver en la margen norte del lago un potencial que entonces nadie miraba. Se inspiró en modelos costeros y de montaña de Chile, como Zapallar, Cachagua y Maitencillo, e imaginó un desarrollo náutico y residencial mucho antes de que Potrerillos se volviera un polo de crecimiento.
La muerte de Daniel, en 2013, interrumpió ese impulso. Años después, su hijo Franco, arquitecto y ligado a Miralago desde chico, retomó la idea junto a Dosados, la actualizó y la amplió. Hoy la desarrolladora la integran Franco Pérez Magnelli, a cargo de la visión conceptual y arquitectónica, junto a Carlos Bajach y Bernardo Sottile, socios fundadores. Lo que empezó como una intuición de un mendocino que conocía su provincia mejor que nadie es hoy un proyecto en plena expansión.
A Potrerillos el mendocino ya lo quiere. Lo que faltaba era poder vivir dentro del paisaje, sobre el lado del lago que durante años quedó fuera del mapa. Quienes quieran conocer más sobre la nueva etapa pueden encontrar información en el sitio oficial del desarrollo.