Durante 20 años, Pablo “Paco” Fabrega vivió entre iglesias centenarias, talleres europeos y obras que atravesaron siglos. Se formó en arte sacro en Roma, estudió filosofía y teología en el Vaticano, restauró piezas en distintos rincones del mundo y construyó una vida atravesada por el arte religioso.
Paco Fabrega y el arte como refugio para una estación de trenes que revive en Chacras de Coria
De Europa al corazón ferroviario de Mendoza, la vida errante del restaurador de arte que está al frente de un centro cultural en la estación de Chacras de Coria
Pero fue una visita familiar a su Mendoza natal, sin planes ni fechas de regreso, la que terminó cambiando su rumbo. Hoy, a los 53 años, Paco Fabrega es uno de los impulsores del Centro Cultural Paso de los Andes ubicado en la otrora estación de trenes de Chacras de Coria.
Se trata de un espacio que recuperó un edificio ferroviario abandonado durante tres décadas y lo transformó en un punto de encuentro abierto al arte y la cultura, pensado para vivirlo en comunidad.
Los andenes oxidados se dejan ver entre pastos crecidos cuando el visitante va acercándose al final de la calle Mitre en Chacras. De lejos se observa la fachada de la estación de trenes y es allí donde el tiempo se detiene.
Mobiliario de las épocas doradas del ferrocarril se distribuyen en el espacio, valijas de cuero y cartelería vintage como un viaje al pasado para revitalizar el presente. A través del arte, que todo lo hace posible.
En esta charla con Diario UNO, Paco Fabrega habla de su recorrido nómade, de la obra de Víctor Delhez que por fin tiene su lugar de exposición permanente, del valor del patrimonio cultural mendocino y de por qué cree que el arte todavía puede sanar.
Roma, el Vaticano y el arte como una vocación temprana
“Me fui a estudiar a Roma arte sacro, propiamente a la Academia San Pietro en el Vaticano”, cuenta Paco, casi como si enumerara una estación más de su largo viaje.
Ese fue el punto de partida formal de una vocación que, en realidad, había empezado mucho antes.
“Siempre estuve muy ligado al arte desde chiquito. Empecé a dibujar a muy temprana edad, estudié con Adelina “Deli” Tarditi, una gran pintora mendocina que formó parte de la restauración de los murales de Fernando Fader en el museo Casa de Fader”, recuerda, y menciona de este modo una influencia temprana y decisiva para él en el mundo del arte visual.
La formación en arte religioso lo llevó inevitablemente a otros territorios del saber. “El arte religioso es tan complejo que te obliga a meterte en filosofía, en teología”, explica. Ese cruce de disciplinas fue moldeando una mirada integral que luego aplicaría en cada restauración.
Durante más de dos décadas vivió en Europa. “Trabajé como restaurador en distintos lugares: podía pasar de Tierra Santa a Francia, de Francia a Colonia”, dice. Iglesias, retablos, esculturas, pinturas, maderas: su oficio lo llevó a moverse sin demasiado anclaje, siguiendo obras, encargos y proyectos.
Un regreso de visita y el amor que todo lo cambia
El regreso a Mendoza no estaba en los planes. “Vine de vacaciones a ver a mis padres, a mis hermanos, y en una de esas vacaciones me quedé. No era mi intención”, admite Paco Fabrega.
Pero la vida, como el arte, no siempre responde a esquemas prestablecidos. En ese regreso inesperado se reencontró también con Karina Moyano, hoy su esposa y socia en distintos proyectos culturales.
Juntos imaginaron una primera experiencia que funcionara como puente entre Europa y Chacras de Coria. Así nació Café Pulcino. “Era un cafecito muy pequeño, para 30 personas, pero lleno de actividades culturales, muy al estilo europeo”, describe el restaurador.
Jazz, blues, tango, teatro clásico español, presentaciones de libros, muestras de arte, charlas de historia, filosofía y arte: el espacio se convirtió rápidamente en un punto de referencia.
“Eso es un poco la presentación de cómo estoy ligado al arte y de qué es lo que he hecho”, resume Paco, como si todo lo anterior desembocara, inevitablemente, en lo que vendría después.
La estación de trenes de Chacras de Coria: de las ruinas al espacio cultural
La estación ferroviaria de Chacras de Coria llevaba unos 30 años usurpada cuando comenzó su proceso de recuperación hace más de 3 años.
“Era un lugar simbólico para Chacras, con mucha historia, pero que la gente siempre había visto cerrado”, explica. Una vez recuperado el edificio, la municipalidad de Luján de Cuyo evaluó posibles usos de sus instalaciones.
“Nos cita en la municipalidad el intendente Esteban Allasino, y nos pregunta qué se nos ocurría hacer con la estación de trenes”, recuerda Paco Fabrega.
Las propuestas que circulaban entonces iban en una dirección previsible para su explotación comercial: desde restaurantes hasta franquicias de cafés. Pero Paco y Karina propusieron otra cosa.
“Se nos ocurrió hacer un centro cultural, porque después de tanto tiempo tenía que estar abierto a toda la comunidad, tenía que ser un lugar al que la gente pudiera volver a entrar y conocer su historia, sentir que esto les pertenece”, argumenta. Y la idea convenció rápidamente a la gestión municipal, aunque tuvo una única condición.
La sala de arte Víctor Delhez, el corazón del proyecto
“La condición principal era tener por primera vez una sala dedicada a Víctor Delhez”, afirma con énfasis. El centro cultural, en cierto modo, nació de esa necesidad. Durante años, la familia Delhez había intentado conseguir un espacio estable para preservar y mostrar su obra, pero sin éxito.
“Víctor Delhez es como si en Mendoza tuviéramos un Rembrandt, un Durero o un Van Gogh”, asegura Paco Fabrega. Y agrega una reflexión que atraviesa la historia del arte: “Muchas veces los artistas son más reconocidos afuera que en el lugar donde produjeron su obra”.
Delhez, nacido en Bélgica, llegó a Mendoza, se enamoró del lugar y decidió quedarse. “Su taller estaba a 50 metros de esta estación de trenes de Chacras”, cuenta Paco, casi como una revelación poética.
El arte emergente también se muestra en la estación de trenes
Desde allí, el célebre arquitecto y artista belga-argentino no solo produjo una obra monumental sino que impulsó la cátedra de grabado en la Academia de Bellas Artes de la UNCuyo, diseñando incluso las prensas que aún hoy se utilizan.
“Estamos hablando de un artista cuya obra fue itinerante durante 10 años en Japón, fue comprada por museos y coleccionistas internacionales”, señala el restaurador de arte que diseñó un espacio dedicado a Víctor Delhez en la estación de trenes convertida en centro cultural.
Actualmente, el legado de Delhez -casi 1500 trabajos- está en manos de cinco familias. “Terminar de mostrar toda su obra en el centro cultural me va a llevar al menos cuatro años”, dice.
Mientras tanto, un pasillo y una sala de la estación de trenes donde funciona el centro cultural exhiben grabados, xilografías y esculturas del maestro Víctor Delhez, fallecido hace más de 40 años.
En el resto de los espacios, cual galería de arte, se exponen obras de otros artistas mendocinos, contemporáneos, emergentes, desde Laura Rudman hasta Fernando Rosas o el hijo de Víctor, el dibujante Mario Delhez.
La idea es ir rotando los artistas porque “este espacio está abierto a todos y Mendoza tiene tantos artistas para mostrar”, sostiene el responsable del centro cultural chacrense. Además, el lugar abre la oportunidad de compra de las obras de arte expuestas.
Restaurar, asesorar y cuidar el patrimonio
La relación de Paco y Karina con la estación de trenes de Chacras de Coria no empezó desde la gestión cultural sino desde el oficio. “Nos llaman para preguntarnos si queríamos hacernos cargo de la restauración de la madera de toda la estación”, cuenta. No pudieron asumir el trabajo completo, pero sí ofrecieron conocimiento y experiencia.
“Asesoramos ad honorem toda la restauración de la madera, porque entendíamos el valor patrimonial del edificio”, explica sobre el trabajo en conjunto que realizaron para los arquitectos Adolfo Mallea y Miguel Liendo.
Ese gesto fue determinante. La municipalidad de Luján de Cuyo comprendió que había allí algo más que un emprendimiento: había un propósito cultural en ese equipo que se formó.
El acuerdo final entre el municipio y Paco Fabrega fue un “contra-servicio”. “Nosotros diseñamos y manejamos la agenda cultural, y la municipalidad nos presta el espacio recuperado”, detalla.
El ferrocarril, recuerda, pertenece al Estado nacional y está concedido al municipio para su mantenimiento y conservación.
Un centro cultural vivo, abierto y sin barreras
El Centro Cultural Paso de los Andes en la estación de trenes de Chacras se inauguró hace dos meses. Desde entonces funciona como un espacio en permanente movimiento. “Esto no es un patio cervecero ni una cafetería popular. Es otra cosa”, aclara Paco Fabrega.
Hay café, sí, pero como servicio complementario. Hay biblioteca para el intercambio de libros, discos de pasta para escuchar, una tienda de arte accesible, salas de coworking y proyección audiovisual y hasta un pequeño museo ferroviario.
Los sábados se instalan ferias artesanales y la agenda cultural es intensa de jueves a domingos.
“La gran mayoría de las actividades son gratuitas”, subraya Fabrega. Y agrega que en el lugar también se brindan charlas de arte sobre figuras como Miguel Ángel, Van Gogh, Picasso, Dalí, o encuentros para hablar de hitos como la gesta sanmartiniana.
Lo único que tiene entrada con costo es cuando se dan conciertos de jazz, blues y coros, así como noches de poesía con música en vivo. “Chacras de Coria es un lugar cultural de por sí, y faltaba un espacio como este”, considera el restaurador quien está al frente del centro cultural junto a su mujer, Karina Moyano.
El arte como remedio que devuelve vida
Paco Fabrega no se define como empresario. “No tengo cabeza de empresario. Cuido mucho que no se pierda la magia del lugar”, confiesa.
Y esa magia, cree, tiene vida propia más allá de su impulso y emprendimiento. “Si a esa magia le agregás una cuota de belleza y de cuidado artístico, se crea algo extraordinario que pasa en este lugar”, asegura.
Hoy el centro cultural de la estación de trenes de Chacras recibe alrededor de 100 personas por día y más de 200 los fines de semana. Pero el verdadero impacto, según Paco Fabrega, se mide de otra manera.
Y cuenta una escena que lo resume todo: “Un niño de 11 años vino un día a visitar el centro cultural, tenía sus ahorros y decidió no gastarlos en vacaciones sino comprar un cuadrito para su habitación. Ahí todo el esfuerzo valió la pena”.
Una vida errante atravesada por el arte, y el permiso de seguir soñando
Mirando hacia atrás, Paco reconoce una vida poco convencional. “Fui monje de clausura, fui sacerdote, fui profesor universitario, soy papá, me separé, me casé de nuevo…”, enumera sin dramatismo. Y concluye: “Quizás tenga la suerte de nunca encontrar un lugar en el mundo, porque el mundo es demasiado bello como para quedarse en uno solo”.
Después de haber recorrido cuatro continentes y más de 40 países, hoy se siente realizado. Pero nunca inmovilizado.
“Este proyecto es una puerta inicial. Me gustaría que fuera el inicio de algo más grande, quisiera crear un museo para los grandes artistas de Mendoza, algo que rompa con los museos tradicionales”, anticipa.
Y, como si hiciera falta confirmarlo, concluye: “Todavía me atrevo a seguir soñando”.












