Por más que la historia oficial y los planes de integración binacional entre Argentina y Chile lo relegaran al silencio durante años, el Tren Trasandino sigue vivo en el trabajo de personas como Juan Kiektik. Y vale la pena destacar su tarea de investigación sobre una de las obras ferroviarias más desafiantes e icónicas del continente latinoamericano.
Juan Kiektik y sus aventuras a pie por las vías desoladas del Tren Trasandino
Desde Buenos Aires pero con el corazón puesto en la montaña mendocina, Juan Kiektik es uno de los principales divulgadores del legado del Tren Trasandino
Comerciante porteño, viajero incansable y autodidacta obsesivo, desde hace más de 20 años se dedica a recuperar y difundir la historia de esta monumental obra de ingeniería que mediante las vías unió a la Argentina con Chile a través de la Cordillera de los Andes. Y que hace medio siglo no se pone en marcha.
Lo que para muchos es una reliquia abandonada, para él es una causa viva que merece ser contada, protegida y, por qué no, soñada en movimiento otra vez.
Su relación con el ferrocarril viene desde la infancia, cuando observaba fascinado los trenes desde el departamento de su abuela en el barrio porteño de Belgrano. Aquellos primeros recuerdos marcaron un vínculo que nunca se cortó.
Pero fue en un viaje en auto por la cordillera, ya en el nuevo milenio, que descubrió al Trasandino como algo más que un simple tren: una proeza técnica, símbolo de progreso e integración regional, abandonada a su suerte.
Una epopeya ferroviaria que todavía está con vida
Desde entonces, Juan Kiektik ha recorrido más de 45 veces Mendoza, especialmente su zona de alta montaña, siguiendo las huellas de las vías y desenterrando relatos, fotografías, documentos y hasta objetos olvidados.
Su trabajo lo ha llevado a contactarse con historiadores, ferroviarios, investigadores de distintos países y familiares de quienes vivieron la época dorada del ferrocarril. La recolección es tan vasta como inédita: desde álbumes familiares llegados desde Portugal hasta fichas de un equipo de fútbol español que cruzó por el paso a Chile en 1926.
En diálogo con Diario UNO, Kiektik reconoce que no trabaja con un equipo formal, pero sí en constante conexión con una red de apasionados del riel. Y aunque cada vez son menos los protagonistas vivos de aquella epopeya ferroviaria, conserva valiosos testimonios orales que enriquecen su acervo y lo impulsan a seguir adelante.
También advierte sobre la grave situación del patrimonio material: vías tapadas o robadas, estaciones usurpadas, durmientes reciclados como estructuras domésticas y una infraestructura que se desintegra ante la mirada pasiva de las autoridades de turno.
A pesar del panorama desolador, Juan no se rinde. Cree que aún hay tiempo para hacer algo -aunque más no sea simbólicamente- y sueña con ver, algún día, un tren turístico recorriendo un tramo de la cordillera, permitiendo que generaciones futuras experimenten la magnitud del Tren Trasandino y entiendan por qué su historia no puede quedar enterrada bajo los escombros del olvido.
Su amor por los trenes viene de la infancia
Cuando se le pregunta cómo nació su interés por el Trasandino, Kiektik remite a su infancia y a las tardes que pasaba observando formaciones desde la ventana del cuarto piso en casa de su abuela, en Buenos Aires.
Aquella imagen temprana se volvió ritual: tomar nota de los trenes, distinguir los modelos, incluso elegir viajar en los vagones más antiguos cuando iba al colegio. Pero fue recién a partir del 2000, durante un viaje a Chile por carretera, que el trazado ferroviario en plena montaña mendocina lo conmovió. A partir de entonces comenzó una investigación que no ha cesado.
De 51 años, comerciante de profesión y nacido en Buenos Aires, asegura que Mendoza se convirtió en su segundo hogar emocional. Allí, entre Uspallata y Las Cuevas, fue reconstruyendo con ojos y pies el recorrido del Tren Trasandino, preguntándose una y otra vez cómo fue posible semejante hazaña a fines del siglo XIX.
Cada encuentro con lugareños, cada conversación con descendientes de ferroviarios, cada ruina, reforzaban su convicción: lo que estaba ante sus ojos no era sólo hierro y piedra, sino una historia de vida colectiva.
Comenzó su trabajo sistemático en 2010, notando que existía un gran vacío documental, sobre todo en Mendoza, donde paradójicamente el tren había dejado una huella profunda.
El Tren Trasandino: un patrimonio nacional en riesgo
Armó una página web (www.ferrocarril-trasandino.com.ar), gestionó archivos, recibió materiales únicos desde el extranjero y fue construyendo una especie de registro ferroviario paralelo, con piezas únicas que dan cuenta del valor simbólico y cultural del Trasandino.
Sobre lo que lo distingue de otros ferrocarriles del país, Juan Kiektik es categórico: ningún tren argentino enfrentó una geografía tan desafiante ni tuvo semejante impacto geopolítico. "El Trasandino se distingue por su recorrido entre montañas que en algunos sectores roza lo ridículo, como esos 10 kilómetros que circulaba al lado del río Mendoza, cerca de Polvaredas", aporta el investigador.
El sistema de cremallera utilizado para sortear pendientes, el trazado casi imposible entre montañas, el rol como nexo binacional, hacen del Tren Trasandino un caso excepcional dentro de la historia ferroviaria latinoamericana.
Hoy, se lamenta, "el tren se encuentra inactivo, saqueado, olvidado". Sin embargo, destaca que existe un interés latente por su recuperación, aunque ningún proyecto haya prosperado.
Por eso, su tarea no es sólo recopilar y conservar, sino también visibilizar: quiere que la sociedad reconozca el legado y entienda el esfuerzo monumental que implicó tender esas vías de 180 kilómetros del lado argentino.
Sueña con que algún día, aunque sea como circuito turístico, una parte vuelva a la vida.
Propone un tren turístico en una parte de su recorrido
Cuando se refiere a la conservación actual de la infraestructura, el aficionado porteño no escatima en advertencias: hay tramos tapados, otros levantados, casas construidas sobre las vías y restos del ferrocarril reapropiados en casas, negocios o galpones.
Aun así, existen zonas más alejadas que mantienen cierto estado, aunque cada año son menos. Es, dice, un patrimonio en riesgo. Caminar por Cacheuta lo confirma: allí, hasta el tanque de agua original del ferrocarril fue transformado en vivienda.
En cuanto a las gestiones para declarar al Trasandino como Patrimonio Histórico Nacional, reconoce que hay propuestas en curso y respaldo de algunos sectores, pero que hasta ahora no se logró avanzar en firme. La burocracia y el desinterés parecen pesar más que la memoria.
¿Volverá a andar? Kiektik es realista: hoy no lo ve viable, ni a corto ni mediano plazo. El abandono es similar del lado chileno, donde sólo una parte del ramal sigue operativa transportando cobre.
Sin embargo, apuesta a pensar en pequeño: un recorrido turístico, un tramo simbólico, una experiencia histórica que acerque al público a una obra que no merece quedar en el olvido.
"Se podría generar un recorrido turístico de unos kilómetros con poca inversión, y me pregunto quién no pagaría por recorrer una parte de alta montaña en un tren de época. Vendrían de cualquier parte del mundo a subirse a ese tren", propone.
El Trasandino, un tren sin igual que sigue haciendo historia
Para las nuevas generaciones Juan Kiektik tiene un mensaje claro: el Tren Trasandino no es una historia vieja, es una historia viva. "Habla de lo que fuimos y de lo que aún podemos ser. Recuperarlo -aunque sea parcialmente- es reconectar con la identidad de un pueblo que supo mirar la montaña como puente, no como barrera", sostiene.
Para él, que ha colaborado en iniciativas de otras provincias donde el ferrocarril también dejó su huella profunda, como San Juan, La Rioja, Chubut, Santa Cruz, Neuquén y Río Negro, "cada región tiene su historia ferroviaria particular, pero nada se parece a la historia del Tren Trasandino".
Finalmente, cuando se le pide que defina su mayor anhelo, no duda: que la historia del Trasandino sea valorada como merece, que algún tramo vuelva a rodar, que la gente pueda sentir en carne propia lo que fue esa aventura entre cumbres.
Por eso seguirá investigando, recopilando y difundiendo. Porque la historia del Tren Trasandino, asegura, es inagotable.










