Hay personas que trabajan en Vendimia, y otras que son Vendimia. En la historia de Alejandra Gamboa la fiesta es más que una corona. Y en sus 40 años de carrera como coordinadora de reinas, los aplausos tal vez nunca han sido para ella, pero mira atrás y encuentra una familia de reinas de mandato cumplido que la reconocen y sólo un gobierno de turno que logró apartarla del cargo.
La mamá de todas las reinas: 40 fiestas de la Vendimia con Alejandra Gamboa
Hace 4 décadas coordina y contiene a las reinas de la Vendimia. A los 62 años, Alejandra Gamboa es memoria viva de una fiesta que celebra su 90° aniversario
Aquella vez no fue una salida elegida ni planificada: coincidió con una cirugía de mamas y con un momento personal delicado. “Aprovecharon mi cirugía para sacarme de la coordinación de reinas”, dice sin rodeos en esta entrevista íntima con Diario UNO.
Durante cuatro vendimias no estuvo donde había estado desde 1986 y donde siente que es feliz: detrás de cada reina, organizando agendas, conteniendo nervios, marcando límites.
Ese paréntesis no solo la apartó de una función pública. La arrancó de un espacio que siente como propio. “Fueron cuatro años en los que no podía dejar de pensar cómo la estaban pasando las reinas. Fue terrible para mí”, recuerda. Mientras otros ocupaban su lugar, ella seguía mirando la fiesta con ojos de madre.
El regreso entonces no fue ruidoso pero sí emotivo. Volvió con la misma convicción de siempre y con una certeza reforzada: la Vendimia no es un cargo, es una vocación. Y si algo demostró aquel conflicto es que su vínculo con las reinas no dependía de un decreto sino de una historia construida durante décadas.
La tarea sin aplausos de la coordinadora de reinas
Su tarea silenciosa tiende a ser menospreciada en el ambiente vendimial, muchas veces porque no se la conoce de cerca y también porque la figura de la reina genera controversias aunque cada año termine siendo el emblema de la Fiesta Nacional de la Vendimia.
Alejandra Gamboa tiene 62 años, nació el 14 de junio de 1963 en Godoy Cruz, es la mayor de seis hermanas y hace exactamente 40 años que camina detrás -y al lado- de las reinas y virreinas nacionales.
Comenzó su carrera en 1986, en la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza, y desde 2000 coordina a nivel provincial, con apenas una interrupción de cuatro años. En el 90° aniversario de la Fiesta Nacional de la Vendimia 2026 fue distinguida por su aporte invaluable.
Habla con naturalidad, se ríe con picardía y cuando recuerda momentos difíciles baja la voz pero no pierde la firmeza. “Para mí la Vendimia es magia y familia”, dice, y en ella no parece una frase hecha.
Ha visto cambiar gobiernos, reglamentos, modos de elección, perfiles de reinas. Ha acompañado duplas que hoy son madres, profesionales, funcionarias. Ha llorado muertes, ha celebrado nacimientos, ha improvisado soluciones en medio de crisis vendimiales y ha sostenido abrazos en bambalinas.
Coordinadora de reinas con la Vendimia en la sangre
“Soy feliz. Conozco muy poca gente que es feliz en su lugar de trabajo. A mí me gusta mi trabajo, me gusta lo que hago”, asegura. Y esa felicidad –insiste- no es ingenua: es una decisión de vida.
Alejandra empezó el 1 de febrero de 1986 con apenas 22 años en el mundo de la Vendimia. Su tío, Guillermo “Billy” Romero, le propuso trabajar en el área de Protocolo de la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza, durante la intendencia de Víctor Fayad. Entró directo a Vendimia.
“Trabajamos regio, me encantó Vendimia, me encantaron las relaciones públicas y entré a trabajar en Ceremonial y Protocolo”, rememora. Pero no fue tan simple: el propio Fayad le advirtió que si no estudiaba debía dejar el cargo. Cambió de carrera (estudiaba Letras), hizo el Magisterio y luego estudió Relaciones Públicas.
La Vendimia, en realidad, ya estaba en su ADN. Sus padres se conocieron bailando folclore en la fiesta. “Como buena mendocina, yo soy fruto de la Vendimia”, cuenta. De niña iba al teatro griego; de adulta, la primera vez que lo pisó como trabajadora, en 1986, sintió lo mismo que hoy: “Se te pone la piel de gallina, es imposible no emocionarte”.
Para ella, la Vendimia es ritual. Y utiliza una comparación inesperada: “Es como el fútbol. A mí no me gusta, pero entiendo al fanático que sabe qué camiseta se va a poner su equipo y con quiénes se va a comer el asado después del partido. La Vendimia también es un ritual”.
“La reina es, ante todo, un ser humano”
En 2000, cuando Roberto Iglesias pasó de la intendencia de Capital a la gobernación, Alejandra Gamboa se sumó al equipo provincial. Allí impulsó el plan de capacitación para reinas que había nacido en Ciudad. Desde entonces, la formación de las reinas de la Vendimia se extendió a todos los departamentos.
“Yo hago que nadie pierda de vista que la reina es, ante todo, un ser humano. Es un ser humano que tiene una vida que empezó antes de ser reina”, subraya tajante, cual madraza que defiende como leona a sus hijos, aunque ella en su vida personal no haya sido madre.
Ha sido parte de la transformación del rol de la reina de la Vendimia: de “florerito decorativo” a figura con voz propia. “Han evolucionado un montón, vienen todas las chicas muy preparadas”, asegura. Recuerda a Flor Destéfanis, intendenta de Santa Rosa y reina de mandato cumplido, escribiendo su discurso para un evento en pleno vuelo en una computadora personal cuando en el año 2010 casi nadie tenía una.
“Es que cada reina tiene su personalidad, hay algunas más proactivas que otras, hay reinas con perfiles más sociales o reinas deportistas como Gabriela Koltes o Agostina Saua”, aclara Gamboa y se basa en esas características de las soberanas para diseñar su agenda de actividades durante el año.
Su consejo básico lo repite cada año: informarse. “No podés salir de tu casa sin estar mínimamente informada. Hoy todo lo tienen al alcance del celular, las reinas deben leer las noticias y saber qué está pasando”.
Pero también pone límites: en actos oficiales no hay celulares; en desayunos, almuerzos y cenas durante la “convivencia real” tampoco se utilizan. “Queremos que interactúen entre ellas y se miren a los ojos”, propone y les advierte: “No es todo ombligo, celular y espejo, trato de que salgan de ese triángulo peligroso”.
La familia que la sostiene
Si hay algo que atraviesa su historia es la palabra familia. La biológica y la vendimial. Ella que, junto a la virreina de la Vendimia 2016 Rocío Fuster se pasaron días enteros en el hospital cuidando a Giuliana Lucoski, reina 2016 que sufrió un grave accidente vial en 2022.
Marcela Gamboa, su hermana, la define sin titubeos: “Es mi protectora, mi paraguas en las dificultades. La he visto emocionarse por los logros de cada reina y también destruida por la muerte de Nuri (Donnantuoni, Reina de la Vendimia 2005 fallecida en un accidente automovilístico)”. Y agrega una frase que se repite como un eslogan íntimo: “Para mí, la Ale será la reina de las reinas siempre”.
Su sobrina Fernanda Cumaudo Gamboa sigue sus pasos, trabajó con ella en 10 vendimias. “No tengo un recuerdo de ella sin estar haciendo lo que ama. Ale de por sí es Vendimia”, dice. En la familia, cuentan, no se habla de otra cosa cuando se juntan.
Tomando el guante, Alejandra Gamboa reconoce que el calendario familiar se acomoda al de Vendimia. “Una sobrina, por ejemplo, se casa lejos del verano porque sabe que si se casa ahora yo no puedo ir”, comenta con una sonrisa, dando por hecho el apoyo incondicional de su familia.
Y aunque admite que dejó pasar festejos familiares o llegó tarde a otros, no siente haber postergado su vida: “He hecho todo lo que he querido y sigo haciendo lo que quiero”.
Por ella las reinas "zafaron" del motín vendimial
No todo es brillo, coronas y brindis por el vino nuevo en la labor que hace 40 años desempeña Ale Gamboa en Vendimia. También hubo momentos oscuros.
Recuerda el día en que una reina sufrió un brote de esquizofrenia en pleno Carrusel. “La contuve yo hasta que llegó la madre y la ambulancia. Verla en la ambulancia con los atributos puestos y sedada fue una de las cosas más horribles que he tenido que vivir”, confiesa.
Desde entonces instaló con más fuerza la importancia de hablar de salud mental en el ámbito de las reinas de la Vendimia.
También enfrentó decisiones políticas en el marco de su función como coordinadora de reinas, sosteniendo su postura apoyada en la experiencia o simplemente por su instinto de madre.
El día del motín en la cárcel en plena Vía Blanca de la Vendimia de 2000, por ejemplo, le habían pedido que las reinas asistieran a un evento en el penal esa misma jornada, llamó al ministro de Seguridad de entonces y se negó.
“Mis disculpas, pero no van a asistir las reinas”, le dijo aduciendo el calor sofocante que reinaba en ese momento. Si hubieran entrado, las reinas habrían quedado atrapadas allí durante el “motín vendimial”.
Una carrera basada en la calidez humana
Fabián Sama lleva casi la misma cantidad de años abocado a Vendimia. Sobre su amiga Alejandra Gamboa destaca justamente esa templanza: “Ale aplica el sentido común. Preserva siempre a las chicas. Es muy difícil imaginar una sucesión de la Ale en la coordinación de reinas de la Vendimia”.
Además de sus aportes innovadores, como incorporar coordinadores varones en la función, resalta su prestigio transversal, más allá de los gobiernos, además del respeto que Gamboa se ganó tanto por las autoridades gubernamentales de turno como por las reinas, virreinas y por los municipios.
Desde que el primer día fue candidata distrital en Maipú hasta convertirse en virreina nacional 2005 y luego en conductora de televisión, Gisela Campos la considera como “una madre” a Alejandra Gamboa, con quien comparte hasta la actualidad momentos únicos de risas y lágrimas.
“Tengo miles de anécdotas, me acuerdo un viaje que hicimos a Salta para recibir un premio, Nuri (Donnantuoni, quien era la reina) no podía asistir entonces nos tomamos un micro con Ale y partimos las dos. Llegamos y nos fuimos a conocer la plaza de Salta, nos compramos un helado y a mí me cayó muy mal; no pude ir al evento de la descompostura y ella se quedó conmigo para cuidarme como lo haría mi mamá”, rememora.
Las reinas que lleva aferradas a su corazón
En sintonía, Gamboa guarda en su corazón el afecto de muchas duplas de reina-virreina, “pero como la de Gise y Nuri no hubo ninguna”, admite. Y para transformar la tristeza por la partida física de la reina sancarlina, enseguida reproduce una de las tantas anécdotas graciosas que compartió con ellas.
“Un día era el cumple mes de novios de Nuri, con Gise le preparamos una sorpresa: decoramos su departamento con globos y flores para que tengan un encuentro especial. Pero resulta que esa noche olvidamos que teníamos una actividad y la reina tenía que estar, así que se frustró el agasajo romántico”, revela entre risas cargadas de emoción.
Alejandrina Funes, actual Reina Nacional de la Vendimia 2025, la llama “el alimento para el alma de las reinas”. Tal es así que con su virreina Sofía Perfumo decidieron compartir la habitación con ella durante los viajes que les deparó el mandato vendimial.
“La pasamos tan bien con Ale que quisimos estar las tres juntas todo el tiempo, sabiendo que el año de reinado se pasa volando y que Ale nos llena de alegría, sobre todo al despertar no conozco a nadie que amanezca de tan buen humor”, declara Funes.
Y resume: “Al ser tan comprometida con su trabajo, y el amor que tiene a la Vendimia también, es el trato de Ale hacia nosotras; siempre es respetuosa, amorosa, atenta en cada detalle, miramos para atrás y está ella para apoyarnos”.
Reinas sin sangre azul
Alejandra Gamboa protege con uñas y dientes la Vendimia, y promete que lo hará hasta el último de sus días: “Somos la fiesta más antigua del país. Ninguna es como la nuestra”. Integra un grupo de coordinadores de reinas nacionales y asegura que “todos quieren venir a Mendoza”.
Sin embargo, insiste en “desromantizar” el reinado: “Esto es un trabajo. No tenemos sangre azul, no somos una monarquía. Por algo las reinas cobran un sueldo”. Y su postura llega a las candidatas para calmar sus ansiedades o “bajarle los humos” de ser necesario.
Cuando se jubile proyecta, algún día, estudiar escenografía, trabajar en un refugio de animales –los perros son su primer y gran amor-, viajar con amigas. “La vida no se termina con un trabajo”, sostiene.
El presagio para los 100 años de la Vendimia
Sin embargo, mientras lo dice va agendando eventos y viajes para la Reina y la Virreina de la Vendimia 2026 que se elegirá este sábado 7: “Son 365 oportunidades que tiene para lucirse la reina”.
Entonces resulta fácil saber dónde estará Alejandra Gamboa para cuando la Fiesta Nacional de la Vendimia cumpla sus 100 años de vida. Ella sonríe: “Capaz que estoy invitada a la fiesta o capaz que estoy tomando sol, mirándola por YouTube”.
En 40 de los 90 años de historia vendimial, Alejandra Gamboa estuvo allí. En el teatro griego, en los hoteles, en las calles, en las bodegas y aeropuertos, pasando madrugadas de lágrimas y risas.
Y aunque algún día no esté en el organigrama, será difícil imaginar una Vendimia sin su figura caminando detrás de las capas y coronas, atenta a cada detalle, repitiendo como un mantra que la reina es, antes que nada, una persona.














