Historias

Rescató a 10 perros y cuida a más de 200 en un refugio: "Mi amor por los animales es de siempre"

Con 53 años, esta vecina de Maipú convive con diez perros rescatados, muchos de ellos ancianos, enfermos o con discapacidades. La historia

Andrea Alsamora tiene 53 años, está casada, es madre, abuela y vive en Maipú. Pero si hay algo que la define es su amor incondicional por los animales. En su casa convive con ¡10 perros rescatados! y dedica parte de su vida a cuidar a más de 200 en un refugio. Ella tiene autoridad para hablar este martes del Día del Animal.

“Mi amor por los animales nace, en realidad, de siempre. De chiquita no pudimos tener muchos porque mi mamá tenía muchos hijos. Pero esa fue la razón principal que siempre dijo mi mamá: todos no podíamos. Aun así, siempre nos han gustado los animales. Ya de más grande, cuando tuve un lugar más grande para tenerlos, siempre tuvimos rescataditos”, cuenta.

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Algunos de los

Algunos de los "rescatados" de Andrea, a quienes les colocó el pañuelo en contra del maltrato animal.

Su historia de vida con los animales se potenció al conocer a su marido, también amante de ellos. “Mi marido toda la vida vivió en finca. Ellos siempre tuvieron ovejas, conejos, gallinas, chanchos, perros, gatos... el animalito que se te ocurra. Él se crió entre animales, ya tenía como un amor incondicional. Yo, al vivir en un departamento con muchos hermanos, nunca tuve esa suerte. Pero cuando nos casamos empezamos con un rescatadito, después dos… y con el tiempo, hoy tenemos 10. Hemos tenido ovejas, conejos, gansos, patos… porque amar a los animales no es solo perros y gatos”, advierte.

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"Tuve la suerte de que a mi esposo le encantan los animales, igual que a mí", cuenta Andrea.

Desde hace casi cuatro años, Andrea también es voluntaria en el refugio Ángeles de Cuatro Patas, en Godoy Cruz. “Generalmente voy tres veces por semana, pero si hace falta, voy también sábados, domingos y feriados. Ahí supe más del abandono. Uno sabe, pero no lo vive hasta que está en un refugio. Los viejitos… ¡La cantidad de viejitos que tiran! enfermos, ciegos, con enfermedades renales… Siempre estamos llorando. Beatriz (la encargada) a veces no llega a salvarlos. Me da mucha pena”, relata.

La historia de Manuel, un perro ciego, viejo y un "amor"

Entre sus historias más conmovedoras está la de Manuel. “Hace un año lo atropellaron en el barrio La Gloria. Le quebraron las patitas y la cadera. Es una cruza con ovejero, gigante. Bea pedía ayuda y nadie podía ir. Estuvo tirado tres días. Lo operaron con ayuda de la gente. En el refugio estuvo muy mal, no quería comer, lloraba de día y de noche. Yo dudaba porque siempre traigo perritos que puedo levantar”, recuerda y agrega: “Pero le dimos una última chance. Me lo traje. Lo tenía que sacar, levantar, entrar, todos los días. Estuve más de un mes así. Mi marido me ayudaba cuando estaba. Manuel ahora debe pesar 40 kilos. Perdió un ojito, es viejito, pero camina, gruñe, y es un amor”.

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"Ellas son hermanitas y mañosas. Llegaron muy chiquitas", dijo Andrea a Diario UNO.

Como Manuel, Andrea ha rescatado a muchos otros. “Clarita, que es Ana Clara, era la más viejita del refugio. La tengo hace tres años. Ahora la tiene mi hija, porque la ama. Así yo pude traerme otros con más dificultades. También está Brojito, el más chiquito. Su mamá o alguien le mordió la cara, quedó desfigurado, no puede respirar. Lo operaron, pero no quedó bien. Hay que medicarlo todas las semanas y estar encima. Nadie lo iba a adoptar. En el refugio no se lo podía controlar, se le va la mucosidad a los pulmones, puede morir. Por eso me lo traje. Es un indio”, señala con ternura.

Para Andrea, sus animales lo son todo. “Ellos son mis niños. Duermen todos adentro, la mitad en los sillones, otros en las camas. Son la alegría de nuestras vidas. Mi marido trabaja afuera, pero cuando llega me dice: ‘No sabés lo que extraño a las niñas, a las perritas’. Porque vienen, le hacen cariño, están con él. Más allá de los nietos, es un amor totalmente distinto. Nuestro amor por ellos es de siempre, de siempre”.

La oveja domesticada que nunca apareció

En 2023, la historia de Andrea cobró notoriedad cuando compró una oveja que había quedado huérfana en un puesto alejado de Mendoza. La criaron como a una mascota: domesticada, juguetona, y con una fuerte conexión con la familia. Poco después, fue robada.

La habían bautizado “Chijiro”, en alusión a la niña protagonista de una película japonesa, y se crió casi como un perro: jugaba, dormía en la cama y, cuando era bebé, tomaba mamadera con leche para perros.

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"Chijiro" era la oveja de la familia de Andrea, pero desapareció en 2023. "Ofrecimos recompensa, pero nunca la devolvieron", recordó.

Una mañana, inesperadamente, desapareció del terreno donde solía pasar horas junto a los perros que la familia había rescatado de la calle.

“Empezamos a buscar. Pensamos que se había desorientado y salimos por todas partes, pero nada... La zona donde vivo es transitada, mucha gente la conoce y la identifica, pero nadie vio nada. Tenemos miedo de que la hayan robado para comer, y queremos advertir que eso no es conveniente, porque la oveja estaba atravesando un proceso infeccioso y tomaba una medicación muy fuerte”, explicó Andrea en su momento.

Por eso, la familia decidió ofrecer una recompensa de 30.000 pesos —una suma nada despreciable hace dos años— a quien brindara algún dato o devolviera a la oveja. “Era un animal muy mañoso, travieso y acostumbrado a estar en familia”, recordaron.

El amor que Andrea, su esposo e hijos sienten por los animales es tan profundo que ella destina gran parte de su tiempo no solo a sus propias mascotas, sino también a los 200 perros del refugio “Ángeles de Cuatro Patas”, en Godoy Cruz, adonde acude tres veces por semana. “Voy en mi propio auto, porque siempre tengo que hacer alguna escapada con alguno a la veterinaria. El refugio tiene miles de necesidades. Por supuesto, mi tarea es voluntaria”, señaló.

Lo cierto es que, pese a la intensa búsqueda y los anuncios de recompensa, la oveja nunca apareció. Un final que Andrea aún recuerda con tristeza.