Hay una electricidad en el aire cuando las luces de un estadio se apagan, pero hay una todavía más nítida cuando ese estruendo queda congelado para siempre en un encuadre. Jimena Savelli, mendocina de nacimiento y ciudadana del mundo por profesión, dedicó su carrera a perseguir ese instante en el que el rock se convierte en experiencia viva.
Jimena Savelli: "El rock es impredecible y mi trabajo es traducir ese pulso en vivo"
La reconocida fotógrafa mendocina expone "Live Music" en el ECA, una muestra fotográfica inmersiva sobre leyendas internacionales del rock en concierto
Formada en arquitectura y cine, la fotógrafa logró el sueño de que figuras de la talla de los Rolling Stones, Aerosmith e Iggy Pop se vuelvan vulnerables y eternos ante su lente. Su mirada, tan técnica como profundamente intuitiva, transforma el sudor y la distorsión de los recitales de rock en retratos de una potencia visual abrumadora.
Así lo confirma su muestra fotográfica "Live Music - Captura la pasión" en el Espacio Contemporáneo de Arte Eliana Molinelli (ECA). Se trata de la primera exposición retrospectiva que la artista realiza en su provincia natal y que pretende llevar luego al resto del mundo.
Jimena Savelli se entregó a una reflexión abierta con Diario UNO acerca de la fotografía como el arte de capturar lo irrepetible, de las oportunidades que da su forma única de trabajar en recitales de rock ubicándose entre el público y cómo su recorrido visual en la música en vivo se transforma en experiencia compartida.
"Busco una imagen transgresora y auténtica que me identifique", revela la artista que desafía los límites de la fotografía en un camino marcado por festivales y conciertos multitudinarios donde supo retratar intimidad. Ahora le gustaría dedicarse al mundo del fútbol y su lente focaliza en Lionel Messi.
El ADN de una familia de artistas de la fotografía
-¿Cómo nace tu vínculo con la fotografía, viniendo de una familia de fotógrafos? ¿Recordás el momento en que descubriste que sería tu forma de expresión?
-Mi vínculo nace desde muy temprano y está ligado a mi historia familiar. Mis abuelos, al llegar de Italia, ya se dedicaban a esto, y el oficio se transmitió de generación en generación. Mi padre (el arquitecto y fotógrafo Aníbal Savelli) tuvo un rol clave: me acercó al mundo de la imagen no solo desde la técnica, sino desde una mirada sensible hacia el arte.
Además tengo a mi tío Gustavo Savelli, a Carlos Savelli, pintor y fotógrafo... No fue un descubrimiento de golpe, sino un lenguaje que siempre estuvo presente en mi vida. Más adelante, profundicé esa formación en Buenos Aires, estudiando en la Universidad del Cine (FUC), en la Escuela de Fotoperiodismo ARGRA y cursando Arquitectura en la UBA. Todo ese recorrido consolidó mi mirada.
-Tu formación incluye arquitectura, cine y fotoperiodismo. ¿Cómo dialogan esas disciplinas cuando estás detrás de la cámara?
-No aparecen por separado; funcionan como un sistema que se activa en cada imagen. La arquitectura me dio la mirada estructural del espacio: cómo se ordena la escena y cómo dialoga el cuerpo con el entorno. El cine me aportó el manejo del tiempo, la luz y la atmósfera, esa capacidad de leer lo que está por suceder. Y el fotoperiodismo me enseñó a reaccionar, a entender que ese momento no vuelve.
El rock: un territorio de caos y verdad
-¿Qué tiene el rock que te sigue convocando? ¿Cuándo fue tu primer acercamiento?
-El rock tiene algo fundamental: es impredecible. Hay una intensidad escénica y una entrega física donde todo está al límite. Mi primer acercamiento fue desde el público, en el corazón de la multitud. Estar entre 200 mil o 300 mil personas fue un entrenamiento muy fuerte: aprender a ver en medio del caos y anticipar un encuadre posible donde parece no haberlo.
Con el tiempo, esa forma de mirar se convirtió en mi identidad y me abrió camino hasta trabajar con los Stones o Iggy Pop, pero sin perder ese origen. Es donde la imagen ocurre con más verdad.
-¿Por qué el rock se vuelve tan fotogénico?
El rock combina caos controlado, drama visual y una estética de rebeldía que no necesita explicación. Todo sucede con una intensidad que la cámara puede capturar de forma muy directa.
Hay algo clave en el cuerpo. A diferencia de otros géneros más estáticos, el rock exige una entrega física total: tensión, gestos extremos, sudor, movimiento constante. El artista no está posando, está completamente inmerso en lo que hace, y ahí es donde aparecen las imágenes más reales.
Además está el público. El rock no es solo lo que pasa en el escenario sino esa conexión con la gente: las manos en alto, la energía colectiva, la escala. Ahí la imagen se vuelve más potente, casi épica.
-Fotografiaste a bandas icónicas como Megadeth o Aerosmith. ¿Podrías elegir un momento que haya quedado grabado para siempre en tu memoria?
-Hay muchos, pero uno de los Rolling Stones siempre vuelve. En el punto de máxima intensidad, vi una conexión total entre la banda y el público; era algo casi físico. En ese instante se alineó la luz, el movimiento y la expresión. Disparé de manera instintiva. Al ver la imagen después, entendí que había capturado una síntesis de lo que significa la música en vivo. Ese punto exacto donde la emoción, el tiempo y la imagen se vuelven uno.
-¿Hubo un momento en que decidiste dedicarte de lleno a esto o se dio naturalmente?
-Siempre quise ser fotógrafa de música. Empecé a principios de los 2000 trabajando en publicidad y cine con directores como Spike Lee y Gustavo Segura ("Torrente 3"), lo que me dio una base fuerte en lenguaje visual. Pero en paralelo siempre iba a los shows con mi cámara, sin credenciales, de forma independiente. Ahí entendí con claridad que ese era mi lugar.
El cine me dio herramientas valiosas de narrativa y atmósfera, pero la fotografía es mi lenguaje más directo e inmediato.
De la era analógica a la saturación digital
-¿Cómo es hacer arte fotográfico en vivo hoy, en tiempos de virtualidad, a diferencia de tus inicios?
-El contexto cambió, pero la esencia es la misma: capturar lo irrepetible. Empecé en el inicio de la era digital, que me dio rapidez. Hoy la tecnología ha evolucionado tanto que alucino con la definición de cámaras pocket o incluso celulares.
Sin embargo, la concepción de la mirada no cambia. Hoy convivimos con miles de celulares registrando todo; el desafío ahora es construir una mirada propia que se diferencie de esa saturación visual. Busco una imagen transgresora y auténtica que me identifique.
-¿Cómo nació la idea de la exposición "Live Music" y qué criterio seguiste para elegir las fotos?
-Surgió de la necesidad de que mi archivo dejara de ser solo registro y se transformara en obra con cuerpo propio. También quería que mi provincia viera cómo una fotógrafa local logró proyectarse. El criterio fue construir una narrativa visual coherente: blanco y negro de alto contraste, donde la luz está al servicio de la imagen. No es una suma de fotografías, es una construcción donde cada pieza genera impacto y emoción.
-La muestra propone una experiencia inmersiva. ¿Qué buscás que le pase al espectador al entrar a la sala?
-Busco que deje de sentirse en un museo y entre en un show. Las imágenes están en gran escala, ocupando el espacio como escenografía; no son solo para ser vistas sino para ser atravesadas. Los contrastes, el uso del rojo, las texturas y la fragmentación generan un impacto físico.
Técnica, intuición y el alma del músico de rock
-Tus fotos en blanco y negro tienen una fuerza escénica brutal. ¿Por qué elegís ese lenguaje?
-Es una decisión conceptual. El blanco y negro depura la imagen y me permite concentrarme en la presencia escénica y el gesto. El alto contraste aísla al artista en el escenario, eliminando distracciones. El músico emerge desde lo negro absoluto, reforzando su identidad hasta volverla icónica. Es un lenguaje que conecta con la crudeza y potencia del rock.
-¿Qué buscás en el rostro de un músico cuando está sobre el escenario?
-El instante donde el rostro deja de ser gesto y se vuelve expresión pura. Busco ese momento sin filtro, donde el músico está inmerso en la música. Trabajo con la luz para que cada rasgo tenga peso. No busco una imagen perfecta sino una imagen verdadera.
-¿Cuánto hay de intuición y cuánto de técnica en una buena foto de recital?
-La técnica es la base; te permite resolver la luz y el movimiento bajo presión. Pero en el momento decisivo, lo que define la foto es la intuición. Es la que te hace anticipar y disparar en el instante justo. La técnica te da el control pero la intuición construye la imagen.
Raíces mendocinas del rock y nuevos horizontes
-¿Cuál es tu relación con el rock mendocino? Conocías a Felipe Staiti, supongo…
-Es parte de mi origen. Mendoza es cuna de grandes músicos y nuevas generaciones emergentes. Felipe Staiti (fallecido el lunes 13 de abril pasado) es una figura clave, su trayectoria es indiscutible para nuestra identidad.
-¿Qué significa hacer esta muestra en Mendoza después de tantos años de carrera afuera?
-Significa mucho. Es volver al origen desde otro lugar, con un recorrido construido con esfuerzo. Es dejar una huella y mostrar que desde Mendoza es posible proyectarse al mundo. Traer la muestra fotográfica al ECA es darle sentido a los años de sacrificio lejos de casa; es un testimonio de que los sueños se construyen con convicción.
-Después de tantos conciertos históricos, ¿todavía hay una fotografía que soñás hacer?
-Dentro de la música, siento que ya cumplí muchas expectativas. Haber fotografiado a los más grandes en escenarios históricos fue un recorrido muy completo. Hoy me atraen nuevos desafíos: me gustaría llevar mi mirada al fútbol y fotografiar a una figura como Lionel Messi.
Detalles de la exposición:
- Muestra fotográfica: Live Music - Captura la Pasión, de Jimena Savelli.
- Lugar: ECA Eliana Molinelli (9 de Julio y Gutiérrez, Ciudad).
- Entrada: Libre y gratuita. Permanecerá abierta hasta el 4 de julio.












