La desnudez del secano lavallino abriga una vez más el arte mendocino. Esta vez, la aridez de su paisaje se convierte en hábitat para la creación de joyas que dejan de ser meros adornos y se transforman en manifiesto sobre el cuerpo, la naturaleza y la memoria.
Exponen joyas contemporáneas mendocinas no como adornos sino como manifiestos de la naturaleza
Artistas locales exponen joyas contemporáneas en el Anexo del MMAMM a partir de una travesía por el secano lavallino e inspiradas en un cuento de Draghi Lucero

Verónica Anastasi, Marcela Pascual y Marité Chavetta, las artistas mendocinas del colectivo federal Yacurmanas que exponen joyas contemporáneas en el Anexo del MMAMM.
Foto: Cristian Lozano.Este resignificado que propone la joyería contemporánea puede apreciarse en la muestra "Hachar la joya" en la sala Anexo del MMAMM (Museo Municipal de Arte Moderno de Mendoza), ubicada en el Parque Central de la Ciudad de Mendoza.
Se trata de joyas creadas por el colectivo federal Yacurmanas -integrado por 29 mujeres de todo el país- que desembarcó en Mendoza para llevar adelante una inmersión en la geografía del desierto de Lavalle.
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Más que una visita al lugar, se trató de un laboratorio de "recolección y reconocimiento" donde el entorno dictó la narrativa de las piezas, de acuerdo a lo que cuentan las 3 artistas mendocinas que lideran la etapa local del proyecto y que tomaron los materiales del territorio para convertirlos en partículas vivas de sus obras.
Ellas son Marcela Pascual, Verónica Anastasi y María Teresa "Marité" Chavetta, quienes con la curaduría de Jessica Morillo confirman que una espina del viento puede ser más valiosa que cualquier diamante.
La joyería que no se viste a la moda
Las 3 artistas comparten con Diario UNO la experiencia del recorrido por los Altos Limpios y los Bosques Teltecas, y el encuentro con comunidades locales como los ceramistas de Manos del Arenal, que las llevó a tomar el mito del "Hachador" de Juan Draghi Lucero ("El hachador de los Altos Limpios") en materia prima para sus joyas.
El resultado, ahora expuesto en el Anexo del MMAMM, es una obra instalativa que captura el eco de la naturaleza para honrar su identidad en objetos de arte que nunca pasarán de moda. Que ante cada trenzado de piedras, en cada pliegue de ramas para un collar o entre sus hilados de arena fina que envuelve un anillo, todo se vuelve mensaje de la propia existencia.
Es que para Verónica Anastasi, la joyería contemporánea es una disciplina que rompe las cadenas del preciosismo para hundirse en preguntas existenciales. La artista explica que la joyería siempre ha necesitado de un cuerpo, pero que hoy esa relación es "telescópica": busca las conexiones íntimas entre el ser y su contexto.
"La búsqueda de la joya como obra de arte ya no está en mostrar el valor que puede tener una piedra preciosa, sino en poner en valor cada partícula de la vida. De ahí que se une a las preguntas de cómo me relaciono con el mundo que me circunda", reflexiona la artista visual que esta vez incursiona en la joyería contemporánea.
Cuando el yuyo se convierte en diamante para Verónica Anastasi
Su visita al secano lavallino fue "descubrir que una ramita seca vale oro", confirma. Y revela que el encuentro con la cooperativa de ceramistas Luna del Chañar -que producen a partir de técnicas y tradiciones huarpes- la hizo entender la naturaleza social del bosque de chañares: "El chañar crece uno al lado del otro, crecen pegaditos y solo algunos tiran una lanza hacia lo profundo para captar agua y alimentar a los otros; ese vínculo de hermandad fue mi primera joya".
En su obra personal expuesta en la sala del Parque Central, Verónica Anastasi presenta una serie de amuletos construidos con papel, flores secas y yuyos dorados a la hoja.
Explica que se trató de un ejercicio de sacralización de lo que el sistema descarta. "El alma se expande y la joyería se vuelve un manifiesto para la vida. Cambiás el diamante por el yuyo seco porque en ese andar el desierto descubrís tu propia existencia", reflexiona.
Marité Chavetta y el arte de crear con biomateriales
María Teresa “Marité” Chavetta es artista visual y docente de larga trayectoria, elige la joyería contemporánea para "hacer flamear banderas de inclusión y derechos que construyan otras memorias". Su proceso en Lavalle fue una búsqueda de "horizontes interpretativos" que permitieran romper con los paradigmas excluyentes del arte tradicional.
Ella fue quien acercó el colectivo Yacurmanas al mapa de Mendoza, con el objetivo de "amplificar su sensibilidad para abrazar un arte contextualizado", explica sobre este grupo de mujeres artistas surgido en el Norte argentino.
Su aporte a la muestra se materializa en obras que utilizan biomateriales, como el orujo (residuo de la vid), arena y lana arremolinada. Se trata de collares pensados para el uso cotidiano así como piezas de joyería simbólica que exhibe en salones nacionales.
Su obra central, “Donde el hacha se hunde, la memoria brota en remolinos de esperanza”, funciona como un archivo nómade que evoca a las 29 mujeres del colectivo. "Usé orujo porque es la memoria fermentada, la sangre de la tierra encarnada en un amuleto", describe.
En sus joyas, los nudos de lana simbolizan el compromiso, mientras que la ligereza de los materiales remite a la libertad. Su paso por los puestos lavallinos, como Los Pajaritos o el pueblo de Asunción, le reveló que en el medio de la aparente nada lo que sostiene a la comunidad es el arte en comunidad y en sintonía con su entorno natural: el hilado, el teñido, el relato ancestral.
Marcela Pascual y la joyería que incomoda
Si algo define la obra de Marcela Pascual -la más experimentada en la materia de las 3 artistas y referente del arte de las joyas en Mendoza- es la ausencia total de romanticismo.
Para ella, la joyería contemporánea es un espacio de tensión donde la pieza debe, necesariamente, generar una pregunta o hasta incluso incomodar.
"No toda joya es artística; de hecho la mayoría de las joyas son decorativas. La joyería contemporánea aparece cuando hay una intención clara de comunicar algo que no siempre es bello y que puede doler o molestar", define.
Y reafirma: "No trabajo pensando en tendencias. Entiendo la moda como algo que necesita renovarse todo el tiempo. Yo trabajo más desde la insistencia, desde quedarme en una idea, en un material, en un problema".
Su experiencia en el secano lavallino no fue una búsqueda de inspiración paisajística sino un contacto visceral con la falta de agua en medio de la naturaleza típica de la región. Y de toda su riqueza que expresa en tesoros simbólicos inagotables.
"La naturaleza aparece en mi trabajo más como conflicto que como paisaje. No busco embellecer eso sino sostener su condición", manifiesta Marcela Pascual.
Joyas para resistir pese al abandono
"En Lavalle, la falta de agua no es una idea, es concreta, se siente. Y eso te cambia la mirada", señala. Esta sequedad se traduce en sus piezas a través de una técnica de corte, desgaste y repetición donde utiliza restos, cortezas y espinas que no buscan la belleza en sus joyas sino "sostener su condición de resistencia", distingue.
A diferencia de los metales neutros, los elementos recolectados en el monte por Marcela Pascual cargan con un conflicto histórico y ambiental. Su aporte en "Hachar la joya" es el desafío de la austeridad: "No hay gesto ornamental; hay una voluntad de señalar que, incluso en condiciones de abandono, algo sigue vivo".
Su obra termina siendo un recordatorio de que la joya puede ser una cicatriz, un fragmento de corteza o una espina que da cuenta de un territorio que se niega a desaparecer.
El territorio unido por joyas federales
Al ingresar a la sala del Anexo del MMAMM, el espectador se encuentra con un paisaje de palitos, hojas, piedras y fibras que dialogan con las piezas de la etapa anterior del colectivo, “Joyas para la Yacurmana”, creadas en La Rioja hace dos años, y de la última que fue el año pasado en la ciudad de La Plata con el proyecto "Jugando con la marea".
Este recorrido federal, que une el agua de los valles riojanos con el mar del Atlántico y la arena de las dunas mendocinas, ofrece una visión integral del arte como proceso social interconectado con la naturaleza que lo rodea.
Las 29 integrantes de Yacurmanas logran, a través de este laboratorio itinerante, validar a la joyería como una herramienta poderosa para rescatar tesoros simbólicos de los márgenes de la naturaleza misma del ser humano.
La muestra “Hachar la joya” está destinada a todo público, con entrada sin costo. Puede visitarse de miércoles a domingos y feriados, en horario de 16 a 20, en esa sala de arte ubicada en el pulmón verde del Parque Central, Ciudad.