Historias de vida

Desde el Himalaya, la mendocina Eve Bustos cuenta las peripecias de cocinar en clima extremo

La chef mendocina Evelyn Bustos es la segunda mujer latinoamericana en cocinar para sherpas y turistas que buscan hacer cumbre en el Everest

Evelyn Bustos nació hace 31 años en Tupungato, de padre militar se mudó a Comodoro Rivadavia en su infancia y la adolescencia la encontró en otro valle, más cerca de las altas cumbres: el Valle de Uspallata. Allí descubrió a sus jóvenes 15 años la pasión por la cocina, sin imaginarse que un día se convertiría en la primera chef mendocina en trabajar en el campamento base del Himalaya.

Pero el viaje hasta Nepal fue largo, intenso y lleno de aprendizajes, no sólo culinarios para esta chef profesional sino también culturales y de vida.

Ella prefiere que la llamen "Eve", y a miles y miles de kilómetros y de alturas de su hogar uspallatino, también la conocen como "Eve", la única mujer latinoamericana en cocinar para sherpas y turistas que buscan hacer cumbre en el Everest, el pico más alto del mundo con 8.849 metros sobre el nivel del mar.

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Eve Bustos cuenta su experiencia culinaria en el campamento base del Himalaya, atendiendo a quienes buscan hacer cumbre en el Everest.

Eve Bustos cuenta su experiencia culinaria en el campamento base del Himalaya, atendiendo a quienes buscan hacer cumbre en el Everest.

Especializada en cocina de alta montaña, Eve Bustos trae en sus genes el amor por la gastronomía: su mamá Marcela Ábrego es pastelera y su papá Gustavo Bustos siempre tuvo buena mano para las cenas y los almuerzos familiares.

Al momento de elegir una carrera universitaria, Eve no dudó en la gastronomía, algo que latía en ella desde que a los 15 años conoció a unos mochileros en la ruta 7 que viajaban por el mundo cocinando platos de diferentes países. "Qué hermosa vida la de ellos, viajar y cocinar, aprender otras culturas, desplegar ese arte culinario hermoso en cada lugar que visitan", pensó la entonces adolescente. Y así fue que persiguió ese anhelo que hoy la encuentra de regreso tras una inolvidable experiencia en la cordillera asiática.

Una aventurera que hace historia en el Himalaya

"Esos mochileros me dijeron algo que me quedó en el corazón y en la mente para siempre: 'El mundo es muy grande para quedarse en un solo lugar y la vida es muy corta para no experimentar y conocer todo lo que se pueda, mientras te haga feliz'", recuerda Eve después de haber iniciado la aventura como mochilera, recorriendo la Patagonia y pueblos de Bolivia, Perú, Ecuador y México. Tenía 20 años y acababa de recibirse de chef profesional, un estudio de alto costo que sabía -y sus padres le advirtieron- no iba a resultar muy bien remunerado.

"Cuando les dije a mis padres que quería estudiar para ser chef, no les agradó mucho la idea, ya que era una carrera cara y no muy bien pagada. Sin embargo, nunca se negaron. La gastronomía es una de las carreras a las que más pasión y tiempo dedicamos, aunque no sea bien pagada, ya que es un arte y todo lo que es arte no siempre está bien remunerado", considera la tupungatina, quien para lanzarse de mochilera vendió un órgano musical de su mamá por $200 para comprar "tutucas y mate cocido" y partir a la primera de sus tantísimas aventuras.

Eve lamenta que por su trabajo "me perdí muchos cumpleaños, fiestas navideñas, me alejé de mi familia pero nunca dejaron de apoyarme por más lejos que esté". Sus primeros ingresos los consiguió trabajando en una heladería artesanal de San José (Guaymallén) para pagarse los estudios de gastronomía en la escuela Islas Malvinas.

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La montañista y chef mendocina, de 31 años, reveló los desafíos de cocinar a 5.300 metros y convivir con sherpas en la cordillera asiática.

La montañista y chef mendocina, de 31 años, reveló los desafíos de cocinar a 5.300 metros y convivir con sherpas en la cordillera asiática.

Siete años de temporadas en el Aconcagua fueron suficientes para dar el gran salto al Everest. "El año pasado me llamaron para trabajar acá en la cordillera asiática del Himalaya, estoy en el campamento base para cocinar a quienes buscan hacer cumbre en la montaña más alta de la Tierra", cuenta orgullosa Eve Bustos.

Y confiesa que lo más complicado es la comunicación ya que "todos hablan nepalí, excepto los turistas", además de compartir las cocinas con gente aficionada. "No son cocineros, son sherpas o familiares de los sherpas, entonces me costó preparar platos con ellos", asume la chef mendocina quien estuvo un mes viviendo en el Himalaya.

Eve, la única mujer cocinando a los pies del Everest

Eve salió de Nepal el 3 de abril pasado y, después de peregrinar por diferentes pueblos durante 10 días, llegó al lugar de trabajo, en la base del ascenso al monte Everest. "El 13 de abril ya estaba en el campamento, a 5.300 metros de altura, y el 17 de mayo tuve la oportunidad de bajar caminando en una expedición, algo que no siempre sucede porque siempre bajan en vuelos", relata la montañista.

Lo que más disfrutó de la travesía fue conocer las diferentes culturas que se dan cita en ese lado del mundo y, más aún, la estadía a los pies del Everest bajo un paisaje que describe como "alucinante".

Tener esos penitentes y ese glaciar enorme al lado mío, despertar, salir de la carpa y ver todas esas imágenes, todo es muy impactante; vivirlo y respirar ese aire es increíble Tener esos penitentes y ese glaciar enorme al lado mío, despertar, salir de la carpa y ver todas esas imágenes, todo es muy impactante; vivirlo y respirar ese aire es increíble

La cocinera destaca las rocas del lugar y el brillo que le otorgan a ese entorno natural. "Hay un mineral que se llama mca y hace que por todo el campo parece que hubiesen espolvoreado brillantina, y el viento te pega en tu ropa que también brilla", compara aún maravillada con el lugar.

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El imponente paisaje del Himalaya, su naturaleza y cultura, fueron las principales atracciones en esta nueva travesía de Eve Bustos.

El imponente paisaje del Himalaya, su naturaleza y cultura, fueron las principales atracciones en esta nueva travesía de Eve Bustos.

Al tratarse de expediciones más "privadas" o personalizadas quizás, Eve diferencia Aconcagua del Everest en el hecho de tener un contacto más cercano con los visitantes. "Al ser más íntimo todo, pude charlar, almorzar, cenar y compartir más momentos con los expedicionarios, y eso me encanta, me encanta conocer diferentes culturas", afirma quien convivió con más de 60 sherpas, todos hombres, siendo ella la única mujer latinoamericana del cerro.

Bustos admite que la montaña no es para cualquiera. "No es nada fácil, mucho menos cocinar, las condiciones son otras, varía mucho la temperatura, los tiempos, el clima, la refrigeración. Una garrafa para que llegue, un sherpa la sube entre 5 o 6 días, ellos son los que suben todo en su espalda caminando durante esos días para que yo tenga mi materia prima; hay que aprender a stockearse bien, acá no existen heladeras, la refrigeración es con el clima, hacen entre 2 y 5 grados un día lindo, eso sucede en la mañana, pero normalmente hacen 10 o 15 grados bajo 0", destaca la chef y reconoce que "es raro que una mujer venga acá a hacerse cargo de la cocina".

Otra mujer en la hazaña de cocinar en las alturas

Eve Bustos se convirtió así en la segunda mujer en la historia que sube al Everest a cocinar. La primera también fue una chef argentina: Huilén Pascual, justamente quien la convocó para trabajar allá, y quien en sus cuatro temporadas suele llevar consigo productos regionales para incorporar a sus recetas en el Himalaya.

"Soy la segunda mujer de la historia en el mundo que sube al Everest a trabajar en la cocina. 'Huili' (por Huilén Pascual), quien confió en mí y me recomendó, fue la primera; las dos somos unas titanas en la cocina, las dos mendocinas cocinando en lo más alto del mundo, se me llena el pecho de orgullo que seamos argentinas las primeras que pisan estas cocinas", manifiesta Bustos, a horas de regresar a su tierra natal.

A Huilén Pascual -rionegrina que vivió largo tiempo en Mendoza- le tocó subir por China este año, lado norte del Everest, "y necesitaba una cocinera por el lado sur, Nepal; así fue que me llamó", agrega Eve, y describe que la rutina laboral constaba de una recepción para la expedición, cena a las 18, desayuno más bien salado con huevos y pollo, almuerzo bufet con platos nepalís y cocina internacional, "y cuando bajan de hacer cumbre se les prepara una comida especial para celebrar".

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Eve Bustos imagina que casi no contratan a mujeres para las cocinas del Himalaya porque "la comida es muy picante, muy frita, y todos los que cocinan generalmente son sherpas o de la misma empresa local, entonces acá las mujeres culturalmente se quedan abajo en las casas con sus hijos, no suben, son los hombres los que salen a trabajar". Y agrega que en Nepal los hombres suelen casarse antes de los 23 años y tener hijos pronto.

No sentí el machismo, en el Everest no hay género, fui su jefa y me respetaron como tal, todos fueron muy generosos, muy amables, me sentí muy cómoda No sentí el machismo, en el Everest no hay género, fui su jefa y me respetaron como tal, todos fueron muy generosos, muy amables, me sentí muy cómoda

En ella, así como en Huilén, los empresarios del lugar vieron su vasta información nutricional para recetas especiales en ser consumidas en altura. "Además, prácticamente somos médicas también, alimentamos a las personas dependiendo de cómo se sientan, cuidando el estado de salud, sobre todo los malestares estomacales que son habituales", destaca Bustos.

"Antes, el 50% de los expedicionarios debía bajar sin intentar la cumbre por dolores de panza, de cabeza; y el dueño de la empresa para la que trabajo pensó que quizás con una mejor alimentación esta situación cambiara, y así fue", asegura orgullosa la chef mendocina sobre el porcentaje casi absoluto de todas las expediciones que alcanzaron la cumbre durante su estadía.

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Abrirá en Mendoza un restaurante sensorial y otro "a puertas cerradas"

El año que viene volverá a cocinar en el Himalaya, y además planea trabajar en otras montañas como las de Pakistán. Lo que queda de este 2024 se dedicará a completar proyectos en Mendoza que "dejé a la mitad por venirme acá", anticipa Eve Bustos y confirma que "se extraña mucho a la familia y los amigos".

Como si fuera poco para su vida de escaladas y hornallas en las alturas, Eve también es manager de una banda de rock mendocina, Mismo Barrio. Y con uno de los músicos emprendió un restaurante a puertas cerradas.

"Tenemos un menú muy amplio, de varios pasos, que vamos a ofrecer en la casa donde ensayamos, donde se produce la música, que se llama La Burbuja", detalla la chef sobre este emprendimiento gastronómico que vinculará con la poesía y la música para ofrecer un espacio turístico y cultural de comida regional, ubicado en el centro de Las Heras, sobre calle Perú.

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El mate la acompaña en cada expedición laboral que asume Eve Bustos, la única chef mendocina en trabajar en el Himalaya.

El mate la acompaña en cada expedición laboral que asume Eve Bustos, la única chef mendocina en trabajar en el Himalaya.

"Ese proyecto, así como el disco de la banda, quedaron inconclusos al venirme yo a Nepal, así que vuelvo para concretar todo esto", dice Eve y también comenta que en Perdriel piensa abrir "un restó sensorial" para la primavera.

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