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El pueblo perdido camino a Mendoza que tiene 200 habitantes

Es un lugar casi inhóspito, pero con una gran fiesta de pueblo que suele convocar a los turistas

Editado por Virginia López
lopez.virginia@grupoamerica.com.ar

En el oeste de la provincia de La Pampa, donde la pampa seca empieza a parecerse al desierto, existe un pueblo que apenas se menciona en los mapas oficiales. Para llegar hay que atravesar un camino de tierra que recorre 80 kilómetros entre pastizales. Pero para los turistas, vale la pena cada minuto.

El pueblo cuenta con menos de 200 habitantes permanentes. Las casas son de material, bajas, con techos de chapa y grandes tanques australianos porque el agua llega por cisterna. Hay una escuela que tiene 18 alumnos en total, una capilla, un municipio que abre medio día y un almacén que también vende nafta. En verano la temperatura pasa los 40° y en invierno puede bajar a varios grados bajo cero.

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El pueblo de Puelches también tiene un clásico club de barrio.

El pueblo rural

El lugar se llama Puelches y está a 280 metros sobre el nivel del mar, en el departamento Curacó. Fue fundado en 1907 como parada del ferrocarril que nunca llegó a completarse, por eso la estación abandonada sigue siendo el edificio más grande del pueblo. Muchas familias viven de la cría de cabras y ovejas, y algunos trabajan en los pocos campos petroleros cercanos.

En Puelches no hay hospedaje formal, pero cualquiera que llegue perdido termina invitado a dormir en alguna casa o en el salón del club. Los domingos se juntan a jugar cartas o a hacer tortas fritas. El paisaje es plano hasta donde alcanza la vista, y al atardecer el cielo se vuelve rojo intenso sobre el horizonte infinito.

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El pueblo de Puelches es casi fantasmagórico.

La fiesta más importante es el 19 de marzo, por San José: misa, desfile de gauchos y un asado comunitario que reúne a gente de todos los puestos cercanos. El resto del año reina el silencio, roto solo por el viento y, de vez en cuando, el ruido de un camión que cruza rumbo a Mendoza o Neuquén.

Puelches es uno de esos pueblos que sobrevive porque sus habitantes no se quieren ir. No tiene paisajes espectaculares ni ruinas históricas, solo campo abierto, gente dura y la sensación de estar realmente en el medio de la nada argentina. El turista que pasa una noche ahí entiende que hay lugares que no necesitan más que seguir existiendo para tener sentido.

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