Otra vez . Otra vez el nombre de la provincia ha quedado cincelado en la memoria colectiva del país como sinónimo de accidente de tránsito.
Nos guste o no, es un cachetazo, son demasiados muertos, demasiados heridos. Y mucho sufrimiento.
Hoy Mendoza es igual a accidentes.
Como tal, tenemos la obligación de tomarlo como un fuerte llamado de atención.
Los funcionarios de turno tienen la mayor responsabilidad en todo lo que se refiere a la prevención de estos accidentes en las rutas.
Pero los ciudadanos tenemos que ejercer nuestro poder de peticionar para que las muertes viales sean consideradas una especie de "pandemia" a erradicar.
Tanto en la tragedia vial de la Cuesta de los Terneros denominada como en el vuelvo de Tur-Bus, Tragedia de Horcones, en la cordillera hay responsabilidades políticas.
Si los controles de tránsito son escasos, hay responsabilidad política.
Si el tránsito crece de manera exponencial, como ha pasado en la última década en la ruta a Chile, y las autoridades hacen como que no se dan cuenta, hay responsabilidad política.
Si la carencia de inspectores viales es alarmante, hay responsabilidad política.
Si, por ejemplo, en lugar de ocuparse de manera inteligente y previsora de todas estas cosas, los funcionarios de turno juegan a usar el área de Transportes para posicionarse a futuras candidaturas de gobernador, como ya ocurrió en la administración de Francisco Pérez, hay responsabilidad política.
Por estas horas, el gobierno de Alfredo Cornejo aún no termina de articular una reacción coherente ante estos accidentes.
Están expectantes, como "guardados".
Y no es eso lo que quiere ver la sociedad civil.
Todavía está vivo el recuerdo de cómo el kirchnerismo se "encapsulaba" cada vez que había una tragedia, como la de Once o la de Cromagnon más atrás en el tiempo.
Los brutales accidentes de que hemos tenido en menos de 4 meses, más las reiteradas muertes de visitantes, que desde hace años se producen en las rutas del Sur mendocino, van a convertirse, si la reacción política no es la adecuada, en un escollo para la industria turística.
Sí, hoy estamos en la picota. Sin dudas.
