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Los que hacían llamadas falsas de bombas en las escuelas pusieron en problemas a sus propias familias

Dolor de cabeza

Los que se han creído muy vivos por haber logrado con falsas amenazas de bomba que se suspendan clases y por consiguiente exámenes no deben de sentirse ahora, que los hechos se están aclarando, tan listos. Muy por el contrario: deben de estar padeciendo una fuerte jaqueca.

Desde principios de año venían molestando al . Con llamadas por teléfono, o mensajes de WhatsApp, o posteos en Facebook, los amenazadores -se estima que la mayoría son alumnos- lograban alterar la normalidad en sus escuelas. Con la simple expresión "hay una bomba" les alcanzaba para que las autoridades se vieran obligadas a desalojar los edificios amenazados y a llamar a la policía para que se hiciera la correspondiente revisación en busca del artefacto explosivo. Y así llegaban a su objetivo máximo: la suspensión de las clases.

Quien más sufrió estas falsas amenazas fue la escuela Normal, que está frente a la plaza Independencia. Hasta este jueves se habían contabilizado 13. Y cada una de ellas, además de la consiguiente paralización de actividades, tuvo su costo económico. Es que movilizar a la División de Explosivos de la Policía de no es gratis. Entre $20 mil y $30 mil costó cada operativo para detectar si era verdad o descartar que había una bomba.

Esta semana la historia comenzó a darse vuelta. La policía -era hora- tiene identificados los números de teléfonos de los que partían las amenazas. Eso significa que va a dar con los autores, que no necesariamente son los dueños de las líneas. Probablemente se trate de los padres o familiares de quienes buscaron eludir un examen o una jornada de clases con sus falsos mensajes. Como sea, la verdad está ahí, a punto de revelarse.

La intención ahora de las autoridades, policiales y escolares es que los responsables de las amenazas se hagan cargo de los gastos que ocasionaron. Está bien que así sea. La pregunta es cómo asumirán ese costo si no tienen recursos. Difícilmente un estudiante de secundaria cuente con $20 mil para pagar esa multa y también es improbable, en muchos casos, que su familia pueda hacerlo.

Por esto es que lo que comenzó con una avivada juvenil, quizás festejada entre pares, se transformó en un severo dolor de cabeza. Los falsos amenazadores están en un serio problema y embarcaron en el problema a sus familias. Lo bueno, por lo pronto, es que ahora lo pensarán seriamente antes de intentarlo otra vez.

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