En el asiento del acompañante de un taxi, Sai Benyuan flexiona los dedos metálicos de su “nueva mano”. Suaves sonidos mecánicos emanan del exterior negro de la prótesis.
Perfecta fusión de carne y acero
El auge de las prótesis “cyberpunk” desafía la percepción social sobre la discapacidad

Sai Benyuan, quien tiene una mano protésica, conduce un auto en Hangzhou, provincia de Zhejiang. PARA USO DE CHINA DAILY
El conductor, sentado a su lado, aprieta de golpe el volante. Sus ojos siguen el destello de los nudillos brillantes, se clavan en el rostro de Sai y luego regresan a la mano mecánica en movimiento. Cuando el taxi se acerca a destino, la pregunta nerviosa del chofer rompe el silencio: “¿Eres… un robot?”.
Sai, un artista de 28 años graduado de la Academia de Bellas Artes de China en Hangzhou, provincia de Zhejiang, responde rápidamente con un “no”. Pero para otros, la respuesta es más matizada.
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En los últimos años, un número creciente de jóvenes con discapacidad en China ha comenzado a mostrarse en público con prótesis “cyberpunk”.
Jóvenes amputados exhiben con orgullo sus brazos y piernas metálicos. Etiquetas como “La carne es débil, la máquina asciende” y “Únete a la gloriosa evolución” van más allá de la cultura gamer: son declaraciones de identidad, orgullo y pertenencia.
Nacido sin la mano izquierda desde la muñeca, Sai creció soñando con algo más. Estaba cautivado por el personaje de anime Astro Boy. “Solía bromear con mis padres diciendo que un día tendría una mano que disparara láseres”, recordó.
En diciembre, tras casi tres décadas, Sai recibió su prótesis mioeléctrica: un dispositivo elegante de aproximadamente 1 kilo que responde a las señales de sus propios músculos.
Antes de recibirla, se sometió a pruebas electromiográficas en un centro de rehabilitación en Shanghai.
Una vez equipada, inició un mes de entrenamiento diario, aprendiendo a coordinar su cerebro y músculos para controlar el dispositivo.
Hoy, los resultados hablan por sí solos. “Una de las cosas que me afectó durante mucho tiempo fue no poder aplaudir, no solo por otros, sino por mí mismo. Ahora me alegra poder hacer ambas cosas”, dijo Sai.
En las calles, los niños curiosos a veces miran de reojo sus dedos metálicos. Cuando lo hacen, Sai levanta su mano cibernética y saluda.
Como artista, ha entrenado su nueva mano para pintar, tocar la batería y experimentar con el baile callejero.
En cuanto a la pregunta del taxista sobre la frontera entre humanos y robots, Sai respondió: “La máquina es una extensión de mi cuerpo, pero mi cuerpo también es una extensión de ‘mí’”.
Quizás en un futuro cercano, los Juegos Paralímpicos se transformen en una especie de “Olimpíadas de los Superhumanos”, que celebren la fusión perfecta entre la voluntad humana y la tecnología, dijo Sai.
“No es mi defecto; es mi armadura”, aseguró Weng Youyou, de 30 años, dueña de una fábrica de ropa, que perdió su pierna y brazo izquierdos en un accidente automovilístico en 2020. En abril, desfiló en una pasarela de moda recibiendo vítores de la multitud, mientras su prótesis brillaba bajo los reflectores.
Weng contó que, en el momento en que supo que sería sometida a una amputación, ya empezó a imaginar cómo sería su prótesis. “Ser vista ya es en sí mismo un progreso”, expresó.
Para ella, una prótesis no es más extraña que un par de anteojos: una extensión práctica del cuerpo diseñada para mejorar la vida. El problema, agregó, es que la sociedad está demasiado acostumbrada a mirar hacia otro lado.
Precisamente por eso la visibilidad importa. “Todos tienen algún tipo de limitación física. Nadie tiene un cuerpo perfecto”, dijo. “Un día, espero que la gente vea las prótesis con la misma naturalidad con la que ve unos anteojos”.