La inteligencia artificial ya no es una tecnología del futuro, sino que está escribiendo textos, atendiendo clientes, programando software, analizando datos y automatizando procesos en miles de empresas alrededor del mundo. Para muchas organizaciones, la ecuación parece perfecta: menos costos, más velocidad y mayor productividad. Más rentabilidad, o no.
La brecha algorítmica: cuando la Inteligencia Artificial vuelve rentable despedir personas
La inteligencia artificial impulsa la productividad, pero plantea un desafío: si el empleo cae, ¿quién sostendrá el consumo y la economía?

Detrás de esa promesa, que se vuelve una realidad todos los días, aparece una pregunta que comienza a ganar espacio entre economistas, empresarios y gobiernos.
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¿Qué ocurre cuando la productividad crece más rápido que el empleo?
La respuesta parece simple, pero sus implicancias son profundas.
Porque los trabajadores no son solamente parte de una estructura de costos, también son consumidores, contribuyentes, familias y actores centrales del sistema económico.
Si una empresa reemplaza empleados por inteligencia artificial y robots, puede mejorar sus resultados. Pero si miles de empresas hacen lo mismo al mismo tiempo, el impacto deja de ser individual y pasa a ser colectivo. Si echas a todos, ¿quién consume tu producto?
Es allí donde aparece lo que denomino la brecha algorítmica: la distancia creciente entre quienes logran utilizar la inteligencia artificial para potenciar sus capacidades y quienes quedan desplazados por ella.
La nueva desigualdad
Durante décadas, la automatización afectó principalmente tareas físicas o repetitivas.
La inteligencia artificial cambió las reglas ya que hoy puede intervenir en tareas cognitivas, administrativas, creativas y profesionales. Puede asistir abogados, contadores, diseñadores, programadores, analistas financieros y especialistas en marketing. Dónde antes necesitabas 10, hoy con 1 persona y varias herramientas de IA basta.
Esto significa que la discusión ya no involucra únicamente a trabajadores industriales, también alcanza a buena parte de la llamada economía del conocimiento.
La consecuencia es una nueva forma de desigualdad.
No entre quienes tienen computadora y quienes no, ni entre quienes tienen internet y quienes no.
Sino entre quienes aprenden a trabajar junto a la inteligencia artificial y quienes observan cómo parte de su trabajo comienza a ser absorbido por sistemas cada vez más automatizados.
La paradoja de la automatización
Desde la lógica empresarial, automatizar es una decisión razonable: reduce costos, mejora márgenes, permite escalar operaciones y aumenta la competitividad.
Pero existe una pequeña (sarcasmo) paradoja.
Lo que es racional para una empresa puede transformarse en un problema cuando se vuelve una conducta masiva.
Y es que se plantea una tensión entre la eficiencia microeconómica y la sostenibilidad macroeconómica. Mientras las empresas buscan optimizar costos, las economías necesitan empleo, ingresos y consumo para sostener la demanda agregada.
Una economía puede producir cada vez más gracias a la inteligencia artificial pero producir más no garantiza vender más.
Para que exista consumo, alguien tiene que tener ingresos.
Hoy, para la mayoría de las personas, esos ingresos siguen llegando principalmente a través del trabajo.
¿El ingreso universal es la respuesta?
Algunos referentes tecnológicos, entre ellos Elon Musk, sostienen que una economía altamente automatizada podría sostener esquemas de ingreso universal. Creo que los argentinos sabemos algo de eso.
La idea no es nueva y tiene aspectos interesantes. Puede ayudar a amortiguar procesos de transición y evitar situaciones de exclusión extrema. Existe un aspecto que suele quedar fuera del debate: el trabajo no es solamente una fuente de ingresos, sino que es una fuente de identidad, reconocimiento, aprendizaje, pertenencia y propósito. Quizá esto ultimo no esta entrando en las cuentas matemáticas que se hacen.
La discusión no debería limitarse a cómo distribuir dinero en un mundo automatizado. La verdadera pregunta es cómo construir nuevas formas de participación productiva en una economía donde la inteligencia artificial tendrá un rol cada vez más importante.
Argentina frente a la oportunidad
Para países como el nuestro, Argentina, el desafío es doble. Por un lado, la inteligencia artificial puede profundizar problemas ya existentes como la informalidad laboral, las dificultades educativas o la baja productividad de muchas pymes.
Y al mismo tiempo representa una oportunidad extraordinaria ya que nunca antes herramientas tan poderosas habían estado disponibles para empresas pequeñas, emprendedores y profesionales independientes.
La misma tecnología que puede reemplazar tareas también puede potenciar capacidades, puede ayudar a exportar servicios, profesionalizar negocios, mejorar procesos y aumentar la competitividad.
La diferencia estará en cómo decidamos utilizarla.
El futuro todavía no está escrito
La inteligencia artificial seguirá avanzando eso parece (es) inevitable.
Lo que todavía no está definido es el modelo de sociedad que construiremos alrededor de ella.
Podemos utilizarla principalmente para reemplazar personas y luego discutir cómo asistir a quienes queden afuera. O podemos utilizarla para que más personas sean capaces de producir, innovar y crear valor de formas que antes eran imposibles.
La verdadera brecha algorítmica no es una brecha de tecnología es una brecha de decisiones.
Nota del Autor: Este artículo está basado en mi paper Automation, Employment and the Algorithmic Gap: Artificial Intelligence, Productivity, and the Future of Work, disponible en completo en el siguiente [LINK]