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Uruguay, el candombe, las ferias y el coronavirus, contado por un mendocino

Editado por Enrique Pfaab
pfaab.enrique@grupoamerica.com.ar
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Es un Quijote, un caballero andante, su destino es buscar horizontes. Adrián Mariotti es de acá, de Mendoza, pero también de otras partes.

Por acá fue fotógrafo y, por unos cuantos años fue reportero gráfico trabajando para Diario UNO.  Pero un día armó su bagallito y se fue a Uruguay, así, sin más. Allí siguió con la actividad, pero también se permitió incursionar en otras artes.

Varios meses del año pasado los dedicó a andar por Europa, pero ahora realizando ilustraciones, dibujos, arte en definitiva.

Volvió a Uruguay el 30 de noviembre, cuando la peste no era tal… pero un día llegó.

En Uruguay no está dispuesto el aislamiento social y la gente puede salir a la calle, aunque sí hay recomendaciones sanitarias como la utilización de barbijos, el distanciamiento, ingreso restringido en los comercios y no concentración de personas.

“En Montevideo hay poca gente en la calle, casi todos con barbijos y regulado el ingreso a los negocios, pero las ferias en las calles continúan”, cuenta Adrián, aunque agrega que en los pueblos la realidad es otra.

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“Yo vivo las Cumbres de Neptunia, un pueblo que queda al Este de Montevideo, por la ruta interbalnearia”, cuenta.

Allí todavía, algunas noches, hay candombe y todos los días hay ollas populares en las calles.

“Vivo en un barrio enclavado en un bosque nativo. Acá hay ollas populares organizadas por la misma gente. Se va a pedir colaboración a los comercios o se pone una canasta en la puerta para donación y se hacen ollas populares en la plaza todos los mediodías. Se come bien y algunos días hay hasta postre”, cuenta el artista.

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Acá las cosas no han cambiado mucho,  no se le da mucha bola al coronavirus. La gente está desconectada de las noticias. La mayoría son personas que creen en la organización barrial y en los procesos asamblearios”, relata.

Dice que las actividades se concentran en una especie de centro cultural a la que llaman El Octógono por su forma, y allí se continúa con las actividades normales. “Hay talleres de ajedrez, dibujo, pintura, narración... hay jornadas de arreglo de bicicletas autogestivo, donde se juntan a arreglar sus bicicletas, se les enseña a repararlas y se les dan repuestos, a la gorra”.

Allí también se hace alguna fiesta y, aún en estos días “se comparte el mate, el cigarrillo…”

Incluso la comunidad ha tenido en estos días un caso de coronavirus. “El compañero se aisló solo en su casa y la gente le lleva la comida”.

Adrián Mariotti dice que “el uruguayo es solidario por naturaleza” y que eso se mantiene en estos días y que las costumbres no se han modificado.

 “Se siguen haciendo las ferias en las calles de Uruguay como siempre, una o dos veces por semana. No se ha suspendido esto, aunque se intenta estar distanciado y con barbijo. También recomiendan el alcohol en gel, pero… ¡minga!, ha subido mucho el precio y casi nadie lo tiene”.

Las costumbres son las mismas, la pandemia no las ha modificado.

“Antenoche fuimos a un toque de candombe, a un barrio pegado a la playa. Un fueguito en la media calle, con 15 tambores, con grandes músicos. Ahí se pasa la botella y se toma del pico. no existe la cuarentena”.

El Manco Noueched, la víctima 9

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En Uruguay, hasta este martes, había registrados 535 contagios de coronavirus. Este día murió un argentino de 83 años en Punta del Este y es el fallecido número 11. Pero la víctima 9 del coronavirus, cuyo deceso fue unos días atrás, tiene toda historia de vida.

Se trata de Juan José Noueched y tenía 76 años. Murió en Uruguay, pero se habría contagiado en Suecia, a donde fue a visitar a sus hijas y a grabar un documental que contaba la correspondencia que Juanjo o el Manco, como lo llamaban sus compañeros, mantuvo con ellas durante los 10 años que estuvo detenido por la dictadura uruguaya.

Crysol, la organización que reúne a ex presas y presos políticos anunció el fallecimiento, señalando que Juan “el manco”, “Juanjo” (N° 053 en el EMR N°1) estuvo “detenido desde 1971 a 1981 durante el terrorismo de Estado”, aunque la Investigación histórica sobre la dictadura y el terrorismo de Estado en el Uruguay, realizada por la Udelar en 2008, señala como fecha de detención el 30 de mayo de 1972 y su liberación el 10 de marzo de 1985.

Pese a ser manco de nacimiento poseía una gran destreza manual y quienes lo conocieron dan testimonio de su permanente jovialidad en los momentos más duros.

Noueched pagó con años de cárcel su compromiso por una sociedad más justa. Pasó un año en la cárcel de Punta Carretas y 12 en el penal de Libertad. Fue encarcelado por la dictadura por ser sindicalista bancario y militante tupamaro.

Cuando recuperó su libertad viajó a Europa, pero regresó a Uruguay tiempo después y se desempeñó como voluntario en la Biblioteca Nacional durante la gestión de Carlos Liscano.

Pero más allá de su propia historia, su nombre quedó inmortalizado por un texto que escribió Eduardo Galeano sobre él y que el propio Noueched se encargó de corregir años después, cuando ya el autor había fallecido.

Galeano, en “El libro de los abrazos”, escribió:

La burocracia (1)

"En tiempos de la dictadura militar, a mediados de 1973, un preso político uruguayo, Juan José Noueched, sufrió una sanción de cinco días: cinco días sin visita ni recreo, cinco días sin nada, por violación del reglamento. Desde el punto de vista del capitán que le aplicó la sanción, el reglamento no dejaba lugar a dudas. El reglamento establecía claramente que los presos debían caminar en fila y con ambas manos en la espalda. Noueched había sido castigado por poner una sola mano en la espalda.

Noueched era manco.

Había caído preso en dos etapas. Primero había caído su brazo. Después él. El brazo cayó en Montevideo. Noueched venía escapando a todo correr cuando el policía que lo perseguía alcanzó a pegarle un manotón, le gritó: ¡Dese preso! y se quedó con el brazo en la mano. El resto de Noueched cayó un año y medio después, en Paysandú.

En la cárcel, Noueched quiso recuperar su brazo perdido:

-Haga una solicitud -le dijeron.

Él explicó que no tenía lápiz:

-Haga una solicitud de lápiz -le dijeron.

Entonces tuvo lápiz, pero no tenía papel:

-Haga una solicitud de papel -le dijeron.

Cuando por fin tuvo lápiz y papel, formuló su solicitud de brazo.

Al tiempo le contestaron. Que no. No se podía: el brazo estaba en otro expediente. A él lo había procesado la justicia militar. Al brazo, la justicia civil."

Pero varios años después Juan José Neouched, a través de una publicación de la Revista de la Biblioteca Nacional Nº 14, dio su propia versión. Escribió:

 “Fantasía sobre un manco en apuros de E.G (Eduardo Galeano)

Nunca fui sancionado por no llevar las manos atrás; si, algún bastonazo de algún soldado poco sagaz y con odio.
Sobre el brazo: estando clandestino dos policías me identificaron e intentaron detenerme en un barrio de la periferia de Salto. Hubo balazos, quedó uno herido y yo escapé a la casa donde habitábamos. La evacuamos y dejé el brazo en el «berretin», ahora un estorbo innecesario.
En el penal de Libertad, años después, me lo devolvieron sin que yo lo hubiera reclamado nunca. Milagro de una burocracia demorada y correcta.
A Eduardo Galeano lo conocí en reuniones de padres en el colegio donde iban nuestros hijos por el año 1966/67 y no hubo más comunicación”.

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