Entre tantos significados que ha cultivado en sus 90 años de historia, la Fiesta Nacional de la Vendimia también es familia. En el Acto Central de la Vendimia 2026 esa palabra adquiere un sentido literal: generaciones de artistas que comparten el mismo escenario, el mismo esfuerzo y el mismo sueño.
Unidos por la danza, padre e hija esperan su debut juntos, en la Vendimia 2026
Entre ensayos, sueños y años de espera, un bailarín con casi 30 años de Vendimia y su hija debutante compartirán por primera vez el escenario del Acto Central
En el trajín de la fiesta se tejen lazos de amistad, de amor y de complicidad. Entre ensayos interminables también aparecen tensiones, confesiones y expectativas. Pero, como todo vínculo profundo, la Vendimia solo puede sostenerse si se sueña en conjunto.
Cientos de bailarines, músicos, actores, acróbatas, malabaristas, técnicos, vestuaristas, escenógrafos y utileros confluyen en un espectáculo único en su género que, ante cada cosecha, transforma al teatro griego Frank Romero Day en el latido más estridente del corazón de Mendoza.
Al igual que los viñateros esperan la maduración de la uva, los artistas aguardan durante todo el año este momento. Unos trazan cruces de sal sobre los surcos de la tierra y otros sobre el escenario, pidiendo que el granizo no dañe el fruto de meses de trabajo ni suspenda la fiesta.
Comparten la misma pasión: los pies cansados de tanto ensayo y las manos ansiosas por ofrecer lo mejor de sí en el brindis colectivo del vino nuevo.
En la Vendimia 2026 hay un sueño macerado durante años
En el espectáculo central “90 cosechas de una misma cepa” hay una historia que resume ese espíritu. Una historia de paciencia, de herencia y de amor por la danza.
Es la historia de Luis “Lucho” Rodríguez y de su hija Pilar, “Pili”. Padre e hija que, después de años de imaginarlo, finalmente comparten escenario en el Acto Central de la Vendimia 2026.
Para Lucho, la Vendimia es parte de su biografía. “Tengo casi 50 años. Mi primera Vendimia fue en 1998, cuando tenía 21. Llevo 28 vendimias”, cuenta con orgullo a Diario UNO, en su encuentro entre bambalinas del ensayo general.
"Pili", en cambio, vive el vértigo del debut. “Tengo 18 años y es mi primera Vendimia Central. Antes hice dos fiestas departamentales de la Ciudad de Mendoza y una de Lavalle”, relata y sus ojos se desvían a la atención de su papá, enfundado en un impoluto traje de gaucho.
Pero su historia con la danza empezó mucho antes de llegar al teatro griego Frank Romero Day.
Una vida dedicada a la danza
Pilar Rodríguez comenzó a bailar cuando apenas tenía 3 años. Lo que empezó como un juego se transformó rápidamente en una vocación.
“A los siete empecé con el folclore. Me dediqué al folclore y a la danza clásica. Después hice malambo show y ahora volví al folclore, pero el clásico nunca lo abandoné”, cuenta y su historia se entrelaza naturalmente con la de su papá.
Es que Lucho Rodríguez también encontró en la danza su camino desde muy joven. “Arranqué de chico en el Instituto Chopin bailando folclore. A los 15 años hice el profesorado y después bailé distintos estilos hasta que llegué al ballet Huayra Cuyum de Godoy Cruz”, recuerda.
Durante años se preparó con un objetivo claro: formar parte del Ballet Mayor de la Ciudad de Mendoza. “Era el único ballet profesional en esa época. Me gustaba mucho y empecé a prepararme para poder entrar. Lo logré”, dice.
El tango y el folclore, danzas de una Vendimia en la sangre
Esa búsqueda lo llevó también a perfeccionarse en técnica clásica. “Hice mucho de técnica porque la danza clásica es la danza madre: aprendés a pararte, a colocarte, a entender el eje, a manejar la energía, a saltar y girar”, explica el bailarín, y de paso alecciona a su hija que no le pierde la mirada.
Más adelante Lucho sumó el tango a su carrera, disciplina que terminó de atraparlo. “Cuando no pude entrar al Ballet Nacional porque no sabía tango, me metí en esa danza y me enamoré”, confiesa uno de los bailarines que más años lleva haciendo vendimias.
Hoy continúa enseñando y bailando, manteniendo viva una pasión que atraviesa su vida y también la de su familia.
Crecer entre los ensayos de Vendimia
Para Pili, Vendimia nunca fue un espectáculo lejano. Fue, literalmente, parte de su infancia. “Yo me crié en este lugar (por el teatro griego Frank Romero Day). Crecí acá”, asegura ella, una de las pocas bailarinas que con 18 años recién cumplidos debuta en la Vendimia 2026.
Por eso, llegar al Acto Central tiene un significado profundo en Pilar Rodríguez. “Para mí es algo que esperé toda mi vida. Todo el año espero este momento. Como otros esperan la Navidad, yo espero la Vendimia”, confiesa.
Pero el sueño tiene un condimento especial: compartirlo con su padre. “Bailar Vendimia con mi papá es lo que planeamos y soñamos desde el minuto en que empecé a bailar”, dice.
Para Lucho, escucharla es confirmar que el amor por la danza se transmitió de generación en generación. “Vendimia es todo. Es el lugar donde todo bailarín de Mendoza, incluso de Argentina, quiere estar”, afirma.
Y agrega: “Es parte de mi vida porque también compartí muchos años con amigos. Todo el año estás pensando en Vendimia y en cuándo van a llegar los castings”.
Cuando el sueño de la Vendimia se cumple
La danza, explica Lucho Rodríguez, no fue solo una decisión personal: fue también el sustento y el ambiente en el que creció su hija.
Sin embargo, nunca quiso imponer su camino a la familia. “Cuando Pili nació dijimos que sea lo que ella quiera ser. Pero de chiquita se metió en esto como un juego y, con el tiempo, lo fue eligiendo cada vez más”, sostiene como quien sabe del destino marcado por Vendimia.
Hoy ve en ella el mismo fuego que lo acompañó toda la vida. “La veo tan apasionada como yo por la danza y por Vendimia”, dice y se emociona.
El momento del brindis por fin llegó
Entonces revela el detalle más emotivo de esta historia: “Desde que empezó a bailar, cuando tenía seis o siete años, sacábamos cuentas. Veíamos cuántos años faltaban para que cumpliera 18 y cuántos iba a tener yo para seguir bailando y poder estar juntos en Vendimia”.
Ese cálculo paciente, casi como quien espera la maduración de la uva para una cosecha, finalmente llegó a su momento en esta edición que celebra 90 años de Fiesta de la Vendimia.
“Nos preparamos para este día durante muchísimos años”, repite Lucho. Y concluye, con una sonrisa que mezcla orgullo y satisfacción: “Ahora lo vivimos con mucha intensidad y con mucho amor. Estamos felices porque es el sueño que planificamos durante tanto tiempo”.
Como el vino que descansa en barrica hasta alcanzar su punto justo, el sueño de Lucho y Pili Rodríguez también necesitó tiempo para madurar. Y en esta Vendimia 2026, finalmente, padre e hija lo descorchan juntos frente a miles de espectadores que en el teatro griego celebran con ellos el encuentro, la familia y la tradición.







