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Una extraña historia: se casó con un "cadáver" de plástico y ya tienen 6 hijos

La historia entre la mujer y la muñeca comenzó cuando la dueña tenía 13 años. Los detalles del caso, en la nota

Editado por Luciano Carluccio
carluccio.luciano@diariouno.com.ar

Felicity Kadlec es una joven estadounidense que supo captar la atención del mundo entero tras revelar los detalles de su vida íntima y familiar: está casada con una muñeca zombie y asegura haber formado una familia numerosa con ella. La historia comenzó cuando tenía 13 años.

En aquel entonces, su padre le regaló una muñeca de aspecto macabro llamada Kelly Rossi. Lo que empezó como una fascinación por la estética del terror, con el paso de los años se transformó en algo mucho más profundo para esta mujer.

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Con el paso del tiempo, esta mujer terminó enamorándose de su muñeca.

La mujer que se casó y formó una familia con una muñeca

Más precisamente, fue a los 16 años cuando la mujer confesó que sus sentimientos hacia el juguete habían dejado de ser platónicos para convertirse en una atracción romántica y emocional.

Tras la muerte de su padre, Felicity encontró en Kelly un refugio emocional. Según sus propias palabras, la muñeca no es solo un objeto, sino un ser que la ayudó a transitar sus momentos más oscuros.

En 2018, decidida a formalizar su unión, la joven organizó una ceremonia matrimonial para casarse con lo que muchos describen visualmente como un "cadáver" de plástico. Hubo invitados, entre muñecas y humanos, y una celebración en el jardín de su casa.

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La historia de esta mujer recorrió el mundo y tuvo cientos de críticas en las redes sociales.

Pero la historia no terminó en el altar. La pareja decidió expandir su hogar y hoy afirman tener seis hijos, todos ellos muñecos con estética zombie de entre 3 y 10 años, además de un muñeco alienígena de gran tamaño.

Las críticas hacia la mujer

Como en el mundo de las redes sociales todo tiene un costo y esta historia generó repercusión, la mujer ha denunciado ser víctima de acoso constante, donde la acusan de comportamientos perturbadores.

La presión fue tal que, en un brote de angustia, llegó a dañar físicamente la muñeca, aunque luego la reconstruyó para retomar su rutina familiar.

A pesar de los cuestionamientos, la mujer sostiene que su terapeuta la apoya en su búsqueda de felicidad y que no padece ningún trauma que explique su conducta. Para ella, su historia es simplemente una forma diferente de amor en un mundo completamente hostil.

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