La historia de FoxMind empezó de una manera simple: con una docente que llegaba agotada a su casa y seguía con los trabajos hasta la madrugada para que una alumna con discapacidad visual no quedara atrás.
Esa docente era Silvina, terapeuta visual y madre de Lucía Domínguez. La situación se repetía una y otra vez. Adaptar materiales, transformar actividades, buscar recursos específicos y diseñar contenidos accesibles le demandaba horas extra todos los días.
Su hija observaba ese esfuerzo. También lo hacía Alejo Palavecino, compañero de estudios en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN). Ambos comenzaron a preguntarse si la tecnología podía convertirse en una aliada para resolver un problema que afecta a miles de docentes.
La respuesta terminó transformándose en una plataforma educativa basada en inteligencia artificial que hoy acaba de obtener el primer puesto en una competencia nacional de innovación universitaria y que les abrió una puerta inesperada: viajar a Israel para presentar su proyecto y nutrirse de uno de los ecosistemas emprendedores más reconocidos del planeta.
Detrás de ese logro hay mucho más que programación. Hay horas de trabajo, una preocupación genuina por la educación y la convicción de que la inteligencia artificial puede ser una herramienta para incluir, en lugar de excluir.
Cómo se originó la idea que terminó con el proyecto premiado
“Todo empezó porque la mamá de Lucía tenía una alumna con discapacidad visual y se pasaba muchísimas horas adaptando material para que pudiera seguir el ritmo de sus compañeros”, cuenta Alejo.
Aquella realidad les mostró una necesidad concreta. Los docentes suelen tener decenas de alumnos a cargo y, muchas veces, trabajan en varias escuelas al mismo tiempo. Hacer un seguimiento personalizado resulta complejo y las adaptaciones para estudiantes con dificultades de aprendizaje o discapacidades suelen requerir una enorme inversión de tiempo.
Así nació FoxMind.
La plataforma funciona a partir del material que utiliza cada docente: programas, planes de estudio, contenidos teóricos y recursos propios. Con esa información, la inteligencia artificial puede generar actividades, cuestionarios, rúbricas de evaluación y propuestas pedagógicas alineadas con lo que realmente se enseña en el aula.
La diferencia, según explican sus creadores, es que no se trata de una herramienta genérica.
“Queríamos que estuviera basada en lo que se enseña realmente en cada lugar. Incluso hay diferencias entre cómo se enseñan algunas materias en Mendoza y cómo se enseñan en otras provincias. Eso también buscamos que la plataforma lo tenga en cuenta”, explica Alejo.
Pero el aspecto que más los moviliza es la inclusión.
Cuando un estudiante tiene dislexia, TDAH, discapacidad visual u otra necesidad específica, la plataforma puede adaptar automáticamente los materiales para facilitar el aprendizaje.
Una iniciativa para que los docentes no tengan que reformular contenidos
De esa manera, los docentes no deben invertir horas extra en reformular contenidos y los alumnos reciben propuestas ajustadas a sus necesidades.
“Sabemos que muchos profesores trabajan con muchísimos chicos y que hacer todas esas adaptaciones manualmente requiere mucho tiempo. La idea es que la tecnología los ayude para que puedan concentrarse en enseñar”, resume.
La herramienta también fue pensada para los estudiantes.
Cada alumno puede crear carpetas de estudio digitales donde carga apuntes, PDFs, programas o cualquier material relacionado con una materia. A partir de allí se activa una especie de tutor virtual basado en inteligencia artificial.
Pero no responde como un buscador tradicional.
“No le regala las respuestas al estudiante”, aclara Alejo.
El sistema utiliza el método socrático, una estrategia basada en preguntas que busca guiar al alumno para que llegue por sí mismo a las conclusiones.
La intención es combatir una práctica cada vez más frecuente: utilizar la inteligencia artificial únicamente para obtener respuestas rápidas.
“Lo que buscamos es que entiendan los temas y no que los memoricen para aprobar un examen. Queremos que comprendan por qué y para qué sirve lo que están estudiando”, señala.
Además de ese acompañamiento personalizado, la plataforma puede generar resúmenes, mapas conceptuales, fichas de estudio, imágenes explicativas, videos y planes de preparación para exámenes.
Todo pensado para que los estudiantes encuentren la forma de aprender
Todo pensado para que cada estudiante encuentre la forma de aprendizaje que mejor se adapte a sus necesidades.
Lo que comenzó como un proyecto universitario empezó a crecer rápidamente.
Meses atrás decidieron presentar FoxMind en los Premios ILAN a la Innovación Universitaria, una competencia organizada por la UTN junto con la Fundación ILAN, una organización que promueve iniciativas de impacto social y tecnológico en América Latina.
Participaron equipos de distintas provincias y universidades del país.
La propuesta mendocina logró destacarse entre todas.
FoxMiles obtuvo el primer puesto.
“Fue una alegría enorme porque significa que otras personas también ven el potencial que tiene el proyecto”, recuerda Alejo.
El premio incluía un viaje a Israel para uno de los integrantes del equipo.
Y allí apareció un nuevo desafío.
Aunque el reconocimiento contempla una plaza, Alejo y Lucía consideran fundamental viajar juntos.
Los estudiantes deben reunir dinero para el pasaje de uno de ellos
Después de todo, la plataforma fue construida entre ambos y los dos participan activamente en cada decisión.
Por eso comenzaron una campaña para reunir los fondos necesarios que permitan comprar el segundo pasaje.
No se trata únicamente de un viaje: para ellos representa una oportunidad que podría marcar un antes y un después en el futuro de FoxMind.
Israel es considerado uno de los polos tecnológicos más importantes del mundo y suele ser mencionado como la “nación startup” por la enorme cantidad de empresas innovadoras que nacen allí.
Los jóvenes mendocinos esperan conocer de primera mano cómo funcionan esos ecosistemas, vincularse con potenciales inversores y adquirir conocimientos que luego puedan aplicar en Argentina.
“Queremos aprender cómo hacen para crear empresas exitosas, cómo gestionan los proyectos y cómo logran que las ideas crezcan. Nuestro objetivo es traer todo ese conocimiento de vuelta”, afirma Alejo.
También visualizan una meta más ambiciosa.
Sueñan con que FoxMind deje de ser solamente una plataforma educativa y se convierta en una empresa capaz de generar empleo y aportar soluciones concretas al sistema educativo.
Por eso consideran que esta experiencia puede ser determinante.
“Nos interesa mucho la posibilidad de conseguir financiamiento internacional, pero también aprender. Creemos que podemos volver con herramientas muy valiosas para seguir desarrollando el proyecto acá”, sostiene.
Mientras continúan con sus estudios universitarios, ambos dedican gran parte de su tiempo libre al crecimiento de la plataforma.
Las jornadas suelen dividirse entre clases, exámenes, reuniones, programación y mejoras constantes del sistema.
Sin embargo, cuando hablan de FoxMind, no parecen pensar en sacrificios, de educación e inclusión.
Y hablan, sobre todo, de una convicción: que la tecnología puede convertirse en una herramienta poderosa cuando se utiliza para resolver problemas reales.
Quizás por eso la historia de estos dos estudiantes mendocinos trasciende el ámbito académico.
Porque detrás de los algoritmos, las líneas de código y la inteligencia artificial, hay una pregunta simple que dio origen a todo: cómo ayudar a que ningún estudiante quede afuera.
La respuesta empezó con una alumna que necesitaba materiales adaptados y una docente que no estaba dispuesta a abandonarla.
Un premio y el contacto para quienes puedan colaborar
Hoy esa respuesta se llama FoxMind, ganó un premio nacional y busca dar el próximo salto.
Uno que, si logran reunir los fondos necesarios, podría llevar a dos jóvenes mendocinos desde las aulas de la UTN hasta Israel, con la esperanza de regresar con nuevas herramientas para transformar la educación.
Contacto: 2625 55-7270 (Alejo Palavecino).







