Bajo las inmensas dunas del Sahara, el desierto cálido más grande del planeta, se esconde uno de los mayores tesoros naturales. Aunque el paisaje está dominado por arena, altas temperaturas y escasez de lluvias, en el subsuelo yace una gigantesca reserva de agua dulce.
Se trata del Sistema Acuífero de Areniscas de Nubia, el acuífero de agua fósil más grande del planeta. Además de su enorme valor estratégico, constituye uno de los pocos casos en el mundo en los que países con diferencias políticas cooperan para administrar un recurso hídrico compartido.
El desierto del Sahara posee una reserva de agua dulce comparable a un océano
Este gigantesco reservorio subterráneo, tan enorme como un océano, se extiende bajo aproximadamente dos millones de kilómetros cuadrados del desierto del Sahara y almacena cerca de 150.000 kilómetros cúbicos de agua dulce, un volumen comparable al contenido total del mar Negro. El acuífero se distribuye entre Egipto (38%), Libia (34%), Sudán (17%) y Chad (11%).
Con el objetivo de garantizar un uso sostenible del recurso, en 1992 los cuatro países crearon la Autoridad Conjunta del Acuífero de Nubia. A través de este organismo comparten información técnica y utilizan un sistema unificado para controlar la cantidad de agua que extrae cada nación, con el fin de evitar el agotamiento del reservorio y la pérdida de presión natural del sistema.
¿Por qué es difícil extraer este reservorio de agua en medio del desierto?
A pesar de sus dimensiones, extraer toda el agua almacenada es técnicamente inviable. El recurso no forma lagos subterráneos, sino que permanece atrapado en los poros de rocas areniscas situadas a profundidades que pueden superar los 3.000 metros. En las capas más superficiales, la presión natural permite que el agua ascienda por sí sola, pero una explotación intensiva reduciría ese impulso hidrostático y obligaría a utilizar sistemas de bombeo de enorme consumo energético.
A ello se suman los elevados costos de perforación en pleno desierto, lo que convierte una extracción masiva en una operación económicamente inviable. Además, una reducción excesiva del agua provocaría la compactación irreversible de las rocas, dañando la estructura del acuífero y poniendo en riesgo los oasis que dependen de él.
¿Cómo se formó esta enorme reserva de agua en pleno desierto?
El origen de este gigantesco depósito se remonta a millones de años. Primero, antiguos mares y ríos cubrieron la región con enormes cantidades de arena que, con el paso del tiempo, se transformaron en roca arenisca altamente porosa.
Más tarde, cuando el desierto del Sahara era una extensa sabana con abundantes lluvias durante distintos períodos húmedos, el agua se infiltró lentamente hasta llenar esos poros naturales. Finalmente, gruesas capas de arcilla impermeable sellaron el sistema, impidiendo la evaporación del agua cuando el clima cambió y el territorio se convirtió en el desierto que existe en la actualidad.





