Hombre inquieto, curioso, de pasiones amplias, Ricardo Coler (Buenos Aires, 1956) ha puesto su talento al servicio de la medicina, el periodismo, la fotografía.
Ricardo Coler expone "la cocina" del mundo médico, donde "hay amores, engaños, rumores, mucho chisme e intereses, como en todos lados"
El médico, periodista, fotógrafo y escritor Ricardo Coler es autor de Un jefe. Como en un libro anterior, cuenta irónica y sarcásticamente historias de los profesionales de la salud
Ricardo Coler es médico, escritor, periodista y fotógrafo.
Foto: YoutoubeComo novelista, uno de sus temas preferidos, por supuesto, es retratar, irónica, sarcásticamente, muchas veces, a sus colegas de profesión, viéndolos vivir y desvivirse en sus propios ambientes hospitalarios.
Lo hizo, antes, en Un médico (2024), donde muestra el lado B de ese mundo tan particular.
Recomendadas
La saga tiene su continuación en su nuevo título, Un jefe, cuya trama es contada en primera persona por el capo de urología de un destacado sanatorio, que se convierte, inesperadamente, en el director de la institución, con todas las responsabilidades y presiones que eso implica.
Con envidiable claridad y puntería para definir ambientes, trances y aflicciones humanas, sin convencionalismo ni corrección política al uso, Coler logra el cometido de entretener, ilustrar e incomodar todo al mismo tiempo.
A fin de cuentas, en este ingenioso diálogo para el programa La Conversación de Radio Nihuil, se responde a una pregunta de cajón: ¿por qué interesan tanto las historias de médicos?
-Doctor Coler, ¿cuál es tu especialidad?
-(Ríe) No soy urólogo, como el personaje del libro. Lo mío es la clínica médica.
-Ya que comparten profesión, ¿cuánto de él tiene que ver con vos?
-Lo que escribo es una síntesis de cosas que yo he visto, escuchado o me han pasado a lo largo del tiempo. Entonces, como los médicos son bastante parecidos a los seres humanos, les pasan cosas (risas).
-¿Por qué aclararlo?
-Porque el médico siempre se presenta frente a los pacientes, a veces de manera necesaria, como alguien que es absolutamente prístino y con una superioridad en cuanto al conocimiento.
-¿Y es así?
-Es cierto que algunas cosas saben más que los pacientes, por supuesto, porque esa es la profesión. Pero atrás de lo que es la cocina de la medicina, hay amores, hay engaños, hay rumores, hay mucho chisme y hay intereses, como en todos lados.
-Como en la vida misma.
-O sea, eso no significa que uno se va a encontrar con una manga de mafiosos terribles, que lo único que quieren es ganar dinero y arruinarles la vida de los pacientes. Pero, bueno, a los médicos ya les corren las generales de la ley.
-Hablaste del chisme, que tiene bastante protagonismo en tu historia. Cada profesión, se supone, muestra una modalidad en particular. ¿Qué tiene de particular el chisme entre los médicos o en el ambiente de los sanatorios?
-Lo que pasa es que yo he escrito bastante sobre el chisme. Vamos a mirar el chisme sin ponerle esa carga moral de si está bien o está mal. Digamos, nos corremos por un minuto solamente para pensarlo.
-Adelante, pues.
-El chisme es un saber. Es algo que se sabe y que, cuando uno se lo cuenta a otro, le produce una sensación parecida a cuando le contás un chiste.
-¿De qué manera?
-Cuando escuchás un chisme fuerte, fuerte, es como que te produce una sensación en el cuerpo. Y no significa que esté bien. Es lo que pasa. Además, hay alguien que sabe el chisme.
-Una fuente.
-Hay alguien como erudito en chismes. Y tiene una velocidad de dispersión enorme. Fijate lo que le hizo el chisme a un presidente americano. Casi lo voltea del gobierno, algo que no pueden hacer ni los rusos ni los chinos ni nadie. ¡Alcanzaba el chisme de una becaria!
-Visto así, es tremendo su influjo.
-Yo creo que uno le quita importancia, pero, la verdad, el chisme tiene mucha fuerza, sobre todo cuando va dirigido a alguien que está muy encumbrado o que parece ser un jefe, por ejemplo, el director de algo. O sea, los chismes son más sabrosos, no de alguien que está en la mala, sino de alguien que está en un puesto muy importante.
-¿Cómo actúa en ese caso?
-Eso produce cierto placer, porque lo desbarranca. Es menos persecutorio. Además, a todo el mundo le pasan cosas.
-¿Y cómo es en tu profesión, entonces?
-En los sanatorios, por supuesto, hay chismes, como en todos lados, respecto de cuánto gana uno, de lo que cobra otro, de si se propasa con los pacientes y no se propasa, si inventa, si es un comerciante. Hay como una evaluación constante.
-Nada de qué sorprenderse, entonces.
-El problema del chisme es que muchas veces uno habla sin saber, independientemente de la realidad. Pero siempre tiene algún efecto casi de placer que se transmite cuando uno le cuenta a otro. Aparte, hay otra cosa. Si uno mira a través del tiempo, el chisme se ha institucionalizado y ha crecido enormemente.
-¿Con qué consecuencias?
-Es mejor que le pongamos un ojo, porque yo no recuerdo que, hace cuarenta años, hubiera tanto programa de chismes ni que las personas que se dedican como periodistas a este tipo de comentarios sean como figuras tan conocidas. Algo pasa. Por lo tanto, hay que mirarlo con más atención.
-El chiste también puede interpretarse como un recurso narrativo llamado hipérbole. Hace poco entrevistamos a un escritor, Juan Incardona, que nos contó una anécdota para graficarlo. Resulta que, una vez, de chico, lo atropelló un auto y fue a parar al hospital. Pero en su barrio, Villa Celina, el rumor fue en aumento sin parar hasta que lo declararon muerto.
-Claro, porque va creciendo. Como no hace falta comprobarlo, va creciendo y siempre hay alguien como que lo inicia y lo administra, como una especie de maestro del chisme.
-Maestro del chisme, ¡muy bueno!
-Son personas con un talento especial. Por eso digo, hay cosas que uno tiene que sacarle la pregunta de si está bien o está mal, para verlas de otra manera, porque si no es como que se escaparan. Y en el libro hay bastante de eso, sí.
-Ahora bien, tu ficha personal dice que sos médico, fotógrafo, periodista y escritor. Si te pidiéramos que, de todos esos oficios, te definieras a partir de uno solo, con el que más te copa o te apasiona, ¿cuál sería?
-Depende de la hora (risas).
-¿Cómo corren esas horas?
-A la mañana, soy médico; después, cuando vuelvo a mi casa muy temprano, soy más escritor o investigador, esas cosas. Pero creo que, de esencia, sí, soy médico.
-Era importante dejarlo en claro.
-No sé si eso es bueno o malo, pero después, a través del tiempo, uno va tomando otra luz y hay cosas que te van interesando de otra manera. A mí, escribir es algo que me gustó desde chico.
-Un libro como este se lee de distintas maneras. Una cosa es que lo haga cualquier persona de la calle, otra muy distinta es si lo agarran tus colegas. ¿Qué te dicen los médicos? ¿Te hacen algún tipo de reclamo?
-Con el primero, hubo un médico que me escribió y me dijo: no somos todos iguales (risas). Y es cierto. Es verdad.
-O sea, necesitaba desmarcarse el hombre.
-Claro, pero si él se desmarca y dice no somos todos iguales, es porque hay algunos que sí son así.
-Te avaló, en definitiva.
-Yo no le quito nobleza a la profesión. Pero es una nobleza humana. Tiene algunas fisuras, tiene algunas partes más opacas. Es una nobleza humana. Y por suerte no hay muchos escritores médicos, ¿no?
-¿Y esto en qué se traduce?
-Vos cuando leés un libro, una novela, te gusta o no te gusta. Esa es la primera clasificación que se hace. Después, ves si la novela te hace pensar o si te enterás de algunas cosas. Y haber conocido el mundo médico me abrió las puertas.
-¿Qué puertas?
-Este libro no solamente habla sobre la medicina. Habla también de un tipo, un médico, que se va convirtiendo en un jefe sin haberlo pensado nunca en su vida. Lo hace de la forma más honesta posible, pues recibe el mando de otro jefe. Eentonces se hace la pregunta todo el tiempo: ¿por qué me eligió a mí?
-Esa pregunta es un gran disparador al principio.
-Es un proceso que le trae problemas. Y no es un problema de si es de izquierda o si es de derecha, sino que hay cosas que debe resolver de manera práctica y que no tienen nada que ver con cuál es la forma en la que vos pensás o la afiliación política que tengas.
-De todas maneras, vos te ocupás de aclararlo, ya en el comienzo del libro, en la segunda página, cuando el tipo dice: "Creo me estoy volviendo de derecha". Lo dejás totalmente expuesto.
-(Ríe) Tal cual, porque es lo que el tipo siente. Y cuando siente eso, medio como que se incomoda con la gente. Hay una parte en donde dice, en una charla, ¿qué es lo que piensa uno que tiene que ser un empresario? Un empresario es así, un tipo al que le gusta ganar dinero.
-Sí, en un intercambio de opiniones con los amigos progres de su novia Patricia.
-Les explicaba a ellos que el empresario no es otra persona. Es alguien al que intrínsecamente lo que le importa es ganar dinero y mostrarles a los demás que gana más dinero que los otros.
-Este tramo lo introducís diciendo, con manifiesta ironía: "La mayoría de mis amigos son de izquierda y siempre pensé que ser de izquierda equivalía a ser buena gente. Ahora no estoy tan seguro: no sólo de que sean mis amigos, sino de que sean buena gente".
-Son frases que yo digo al pasar, donde atrás de eso hay una cosa que yo pensé. Hace muchos años, los de izquierda eran marxistas y los de derecha eran liberales. Hoy no es así.
-¿Cómo es?
-Antes, para ser de izquierda, tenías que leer a Marx, El capital, los libros de Lenin y, por el otro lado, leías a los autores liberales. Hoy, ser de izquierda suena más a ser bueno. A ser buena persona (risas).
-De manual.
-O sea, te afecta la gente humilde y esas cosas, independientemente de si eso que vas a distribuir se generó o no; o qué es lo que va a pasar. Es un tema súper interesante.
-Que no suele verse desde este ángulo.
-Sobre todo, porque yo veo a la izquierda nacional tomar siempre el papel del bueno. Y es algo que se acerca bastante a la filosofía de Iglesia, en algún punto. Entonces, no tiene nada que ver con lo que fue en su origen la izquierda.
-Hay otro matiz, respecto de esto. Cada vez que en la política quieren acusar a alguien de perverso, de mala gente, le dicen fascista o nazi. Jamás lo califican de stalinista o de maoísta. Y eso que Stalin mató más gente que Hitler.
-Además, tanto de un lado como del otro, no hay posibilidad de pensar las cosas. Lo que cae de ese lado es así. No importa. No hay una evaluación punto por punto. Ellos son buenos y defienden a los pobres. No importa si después los terminan matando de hambre o arrancándoles todo lo que tienen. Es como una cosa de identificación con una bandera.
-No salimos de ese bucle.
-Antes, por lo menos, había como un sustrato intelectual y estudio, donde uno podía plantear algo. Después, si salía bien o salía mal, es otra historia. Pero, por lo menos, había una teoría que respaldaba esto.
-¿Podemos decir que tu novela es una sátira? ¿Cabe?
-Lo que pasa es que, muchas veces, un mismo tema uno lo puede ver de manera dramática o de manera más cómica. Lo mío va por el lado más de la sátira.
-Justamente.
-Como habrás visto, toca temas que son dramáticos.
-Pero también hay humor negro, que lo tiene y en buena dosis tu novela.
-El humor negro es propio de los médicos también.
-Si no, no podrían vivir ustedes. Necesitan una válvula de escape.
-Tal cual. Mucha gente piensa que es el paciente preferido.
-¿Y no?
-(Ríe) No es así. Uno tiene que lidiar con el próximo paciente, porque si te quedás enamorado de un paciente, después no podés pasar al otro.
-Tu poder corrosivo se extiende a distintas áreas de la corrección política, como cuando describís un momento del programa de tele que hace el hermano de Patricia, típica propuesta animada por panelistas. Ahí llega un escritor desconocido con un libro que aboga por restablecer la esclavitud en la sociedad moderna. ¡Los tipos no lo pueden creer!
-Hay una cosa anterior a eso. Es cuando él le dice a la novia: vas a ver que, en cualquier momento, la periodista va a decir que la única solución es la educación.
-Lo cual se cumple al pie de la letra, como es habitual.
-Ahora, cuando el tipo plantea el tema de la esclavitud como una solución económica, te das cuenta de que expone un argumento que no es tan fácil de rebatir, porque dice que los que están en la miseria van a estar mucho mejor de lo que están ahora.
-Con la consabida protesta de los panelistas, horrorizados.
-Claro. Pero él les contesta que los planes sociales nunca funcionaron para esa gente. Por lo menos, dice, les ofrecemos un techo, atención médica, los hijos van a tener una educación.
-Cuesta rebatirlo desde ese punto de vista.
-Por más que sea una idea delirante, cuando uno tiene una idea, aunque sea rara, siempre va a conseguir adeptos. Siempre va a conseguir a alguien que argumente por él.
-Pregunta personal. ¿Vos estás en pareja?
-Sí, estoy en pareja.
-Preguntaba porque has escrito bastante también sobre la situación de las mujeres, desde todos los puntos de vista. Incursionaste en sociedades matriarcales, fundaste la revista Lamujerdemivida, publicaste el libro Mujeres de muchos hombres, etcétera. Sos como un especialista en mujeres, ¡algo que resulta casi imposible!
-Mirá... nadie se volvió especialista en mujeres.
-De eso se trata.
-Primero, el médico de la novela va cambiando de mujer.
-Y no le va muy bien en esa tarea.
-Escribí, además, un libro que se llama Hombres de muchas mujeres. Ahí describí varias sociedades donde los hombres están casados con cuatro o cinco mujeres. En África, entre los mormones...
-¿Y?
-¡Vos tenés que ver la cara de los tipos! (risas).
-¿Por qué llama la atención?
-Porque hay coincidencia en que uno vive en un paraíso sexual en medio de todas las mujeres. Y tenés que ver la cara de los tipos.
-¿Qué pasa ahí?
-Las mujeres dicen que, para soportar a un hombre, hacen falta varias hermanas. Inclusive, en algunas familias muy ricas, como son los mormones de Estados Unidos, que tienen cuatro o cinco mujeres, te terminan dando lástima. ¡Te terminan dando lástima por el laburo que lleva! Es algo parecido a tener muchas amantes. También da muchísimo trabajo, muchísima dedicación.
-Y plata.
-Y plata, ¡tal cual! Hay muchas fantasías que uno tiene. Cuando hablás con la gente, se disipan. Lo mismo con las mujeres que están casadas con varios hombres a la vez.
-Claro. Estuviste en Asia estudiando eso, ¿no? Se trata del caso al revés. La mujer que convive con varios hombres alrededor.
-Sí, muchos maridos. O una mujer con varios amantes, podría ser también. La poliandria. Pero la pregunta es si el amor es posible. Si cuando se tienen varios amantes, realmente se está enamorado de alguno.
-¿Y vos qué conclusión sacaste? Porque vos viste el fenómeno desde los dos lados.
-La conclusión es que cuando el hombre tiene muchas mujeres, trabaja muchísimo. No la pasa bien. Uno piensa que la pasa bien, pero no es así. Apenas podemos con una (risas).
-¿Y del otro lado?
-Cuando las mujeres trabajan, cuando tienen varios maridos, lo que funciona muy bien ahí, increíblemente, es la familia.
-¡Mirá vos! ¿Por qué es así?
-Porque siempre tienen cuatro entradas de dinero, siempre hay alguien en la casa. Si uno se va, quedan los otros. Si uno se muere, quedan los otros. O sea, son familias muy sólidas. Mucho más sólidas y más conservadoras de lo que somos nosotros, que nos creemos revivos, ¿no?
-Pero ¿qué conclusión sacaste, respecto de lo que veníamos hablando?
-No vi que el amor sea posible.
-Daba la impresión...
-Lo que pasa es que ahora estoy armando otro video respecto de esta cosa de que un hombre y una mujer que están juntos para siempre, comparten la familia, los hijos, la sexualidad, la economía, el deseo, todo, es una creación ultramoderna. Ultramoderna. No se ve en todos lados. Y nosotros somos muy pretenciosos. ¡Es mucha exigencia!
-Ni qué hablar.
-Además, hay otro dato de la realidad. Cuando se armaban las parejas para toda la vida, la gente vivía 35 años, no existían los antibióticos (risas).
-Gran verdad.
-Se casaban a los 18 y se morían a los 35. ¿Cuánto duraban en matrimonio? Quince, dieciséis años.
-Una ganga.
-¿Cuánto dura ahora un matrimonio? ¡Lo mismo! Lo que pasa es que vivimos más tiempo. Te entran, por lo mínimo, dos (risas).
-Tomando como ejemplo una serie que transcurre en un pequeño pueblo, donde está el médico de familia que conoce a todos y llega una multinacional muy poderosa, con su propuesta corporativa, vale preguntarse, ¿qué es mejor? ¿La medicina personalizada, de cercanía, o la modalidad actual en la que te dan veinte turnos distintos para otros tantos problemas?
-Yo creo que la medicina está cambiando a mucha velocidad. Por ejemplo, la inteligencia artificial te lee una radiografía o una tomografía con mucho detalle. Eso permite que médicos que viven lejos de los centros urbanos y de la capacitación constante, tengan una herramienta que, por lo menos, los ayude a diferenciar una enfermedad de la otra; que les den una mano, por todo el país.
-¿Y en cuanto al contacto personal?
-Por supuesto que la relación humana es importante. Ahora bien, esto que voy a decir se me va a volver en contra, pero, bueno... Una ecografía o una tomografía computada da muchísima más información que tocarle la panza a un paciente.
-¿En definitiva?
-No nos podemos enojar con eso. Por supuesto, si se trata de un médico humano, permite que el tratamiento siga adelante y permite una relación en la que el paciente confíe, porque es una relación entre dos personas y no entre una persona y una máquina. Pero tampoco hay que negar que la llegada de la tecnología permite una cantidad de información.
-No hay mucha discusión al respecto.
-Además, suena loco, pero parece como una medicina más ajustada a cada paciente, porque no es lo mismo un paciente que otro. Entonces, eso no se lo puede negar. Es verdad que el amor funciona, el cariño funciona y todo eso, cuando uno la pasa mal, es conveniente. Pero, mirá, si la muerte está lista para tirarte en penal, mejor que el que esté en el arco sepa.
-Al leer tu libro, da la impresión de estar viendo una serie de médicos, de esas que hubo tiempo atrás como Dr. Kildare y Ben Casey o actuales como Grey's Anatomy y The Pitt. ¿Por qué son tan atractivas las historias de médicos y de hospitales?
-Es que los médicos nos dedicamos a los temas que tienen que ver con el dolor, con la vida, con la muerte, con el afecto, muchas veces por los familiares o por los amigos. Trabajamos con las preocupaciones, con las cosas más intrínsecas de los seres humanos. A algunos médicos eso los permite seguir siendo humanos y otros no lo soportan y se vuelven menos humanos. Y ahí comienzan a cometer errores también.
-Como le ocurre a todo el mundo.
-Eso independientemente del sistema de salud, que si paga bien, que si paga mal, que si te permite estudiar o no te permite estudiar. Pero, como te decía, son las pasiones humanas por excelencia.
-Para cerrar, llama la atención que le dediqués tu libro Esther Cross, una escritora que nos encanta y a la que hemos entrevistado más de una vez. ¿Por qué a ella?
-(Suspira) Porque es mi señora (ríe).
-¡Ah! Increíble. ¡Y nosotros que te preguntábamos si estabas en pareja! Mandale nuestros saludos. Amamos su libro La mujer que escribió Frankenstein.
-Sí, hoy está en la Feria del Libro hablando sobre monstruos.
-Genia. Entre nosotros, ¿pusiste esa dedicatoria por obligación, para quedar bien con tu mujer o porque la amás profundamente?
-No, por supuesto, por obligación (risas finales).