Su más reciente libro vira hacia la ficción mezclada con la realidad de una profesión que conoce desde adentro. Junto a Editorial Planeta, Ricardo Coler presenta su nuevo título "Un jefe", una historia cargada de detalles humanos que mezcla los gajes del oficio con la vida solitaria y reflexiva de un médico en jefe que acepta una propuesta que le cambia la vida.
"Un jefe" se mueve por los pasillos de un sanatorio; son sus médicos, pacientes, enfermeras y altos rangos. El protagonista de la historia debe redefinir su vida luego de recibir una propuesta muy tentadora y desafiante: tomar el lugar de jefe dentro del sanatorio.
En un relato en primera persona con pensamientos internos y recuerdos del pasado, este libro combina el poder, lo más humano de la profesión, los lazos personales fuera del sanatorio y una característica que acompaña el puesto de "mandar": la soledad.
Ricardo Coler presenta su nuevo libro: una mirada profunda de la profesión
Pensando en tu trayectoria con la medicina, el periodismo y la fotografía, y viendo esta vuelta a la ficción con "Un jefe", ¿sentís que ahora te permitiste mostrar un lado menos idealizado y más humano de la profesión médica?
Bueno, sí, por supuesto que sí. El libro tiene como estructura darse cuenta de que los médicos son lo más parecido que hay a la gente y que son seres humanos que, por más profesionales que sean, también se ven afectados por las emociones y los sentimientos en general. Es una profesión ejercida por seres humanos con cosas mejores y peores, pero sigue siendo una ocupación llevada a cabo por humanos.
Pensando en cómo se muestra la medicina como un terreno de poder o con esta burocracia que expone las debilidades humanas de los propios médicos, ¿creés que hay algún tipo de catarsis personal en esta mirada sobre el funcionamiento de los sanatorios?
Todos mis libros, desde el primero hasta el último, tienen que ver por ahí de manera directa con una catarsis personal. Cuando yo empiezo a escribir, tengo como una idea de lo que quiero, pero raras veces escribo lo que quiero. Me sale otra cosa. Por más que me peleo en la mitad del libro porque quiero volver a lo que tenía pensado. Al final, para que eso pueda avanzar y tener algún tipo de gracia, me doy cuenta de que tengo que seguirle la corriente a lo que me sale como una cosa más inconsciente.
Los primeros libros están muy relacionados con la figura de la mujer y estos últimos tienen que ver con la pregunta sobre la profesión. El acceso a internet y la inteligencia artificial hacen que la gente pueda instruirse, pero el momento del contacto humano es fundamental y no siempre sale bien por más buena voluntad que tenga el médico.
El médico es una persona que tiene muchos pacientes, que se encuentra todo el tiempo no con la mejor parte de la vida, sino con la peor y que, en definitiva, muchas veces hace lo que puede. Respecto de mí, sí hay una catarsis; es narrar cosas que yo he vivido, algunas que vi, otras que me contaron, y siempre respetando la lógica literaria para que el libro no sea un plomo.
El personaje de Doménico presenta una paradoja: es el dueño de un sanatorio que termina convertido en paciente en su propia institución. ¿Te ha tocado ver casos así? ¿Cómo cambia la perspectiva cuando pasan de tener la bata de médico a tener la bata blanca de paciente?
Absolutamente. El médico es un paciente super complicado porque es un paciente que está informado, que ha visto y no es fácil mentirle, pero sin embargo sigue siendo un paciente que busca en la mirada de la persona que lo trata. Hay que recordarse que el médico muchísimas veces es médico de sí mismo; se trata solo, se indica solo.
Hay un lema entre los médicos que dice que si hay un 1% de que las cosas salgan mal, ese 1% va a estar ocupado por un paciente médico o familiar de médico. Cuando pasás del otro lado del mostrador y sos un paciente informado, no es lo mismo. Para bien, porque te permite estudiar tu caso; y para mal, porque cuando las cosas andan mal es muy difícil mentirse.
Detecté dos temáticas centrales en el libro compartidas entre los personajes, que son la soledad y el peso del mando.
Habitualmente, el héroe es alguien que no tiene nada y lucha por un ideal o alguien que viene de una familia acomodada y se separa para lograr no sé qué cosa. Pero cuando las instituciones funcionan bien, me parece que la figura del jefe está como bajada de precio.
Por supuesto que el jefe habitualmente gana mucho más que sus empleados, pero tenés que tener una personalidad determinada para hacerlo. Es algo que muy difícilmente te lo reconozcan porque el jefe puede ser temido o respetado, pero por lo general no siempre es alguien querido. Y sin embargo, parece que es una figura como para prestarle atención.
Viendo el caso de Doménico y el personaje principal, que fuera del sanatorio no tienen tanto círculo cercano, ¿creés que la soledad debería ser una condición para quien decide liderar?
Está muy bien lo que decís, porque el personaje todo el tiempo se pregunta por qué lo eligió a él. El rasgo de la soledad está presente en ambos. Él no termina de darse cuenta, salvo en una frase al final, qué es lo que vio Doménico en él para elegirlo como sucesor.
A medida que el jefe se vuelve más jefe, es un lugar en donde, si uno quiere dirigir algo con cierto equilibrio, mejor que se olvide de los afectos. Uno a menudo va a querer favorecer a los queridos, que no siempre son los más eficientes. El jefe, para tomar una decisión, tiene que estar un poco alejado de la gente.
En el libro hay una tensión constante entre la mirada pragmática del médico y la mirada más idealista de Patricia, su novia ¿Refleja esto una división que sentís que hay en la sociedad actual?
Obviamente, el "bien pensante" es mucho más fácil. Yo tengo una opinión que me acompañó siempre: todo puede ser discutido, no hay nada que tenga que ser reprimido para pensar, estés o no de acuerdo. El rasgo fundamental de un ser humano es su capacidad de pensar. A mí me parece que es mucho más fácil ser un bien pensante en una reunión de bien pensantes que tomar una posición, por más que sea diferente.
Reconocer en lo que se es ineficaz no es una frase sencilla de que la gente acepte, porque colocarte de un lado o del otro es mucho más sencillo. Aprovechemos lo más central, que es la idea de que todos los seres humanos son iguales, y pensemos otra cosa, porque si no, siempre se termina en lo peor.
Rumbo a un nuevo libro: Coler sigue apostando a la ficción
En el cierre de la historia, el protagonista se encuentra con un personaje de su pasado, la mujer que despertó en él la pasión por la medicina ¿Por qué decidiste que el refugio final del libro fuera la memoria de ese primer deseo, de ese encuentro primero con la vocación?
Porque es lo que abre el próximo libro. Es un pequeño spoiler. Ya lo tengo medio terminado. El primer libro es Un médico, el segundo es Un jefe y estoy terminando el tercero. Él dice en el libro que la causa por la que estudió medicina es una mujer. Una chica inalcanzable que le dejó las ganas de estudiar medicina compartiendo un cadáver. Es una historia cierta la de los huesos. Me pareció que lo de Martina podía ser un personaje fuerte que daría pie al siguiente libro.
¿Cómo sigue tu creación? ¿Qué estás escribiendo ahora?
Estoy escribiendo dos. El otro es un ensayo que tiene que ver justamente con la civilización. El concepto de civilización siempre fue un concepto horrible que implicaba el sometimiento de una cultura sobre la otra.
Estoy tratando de encontrar una regla que pueda decir qué cosa es civilizada para dejar de medir a las sociedades como de izquierda o de derecha.









