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Respaldan en una asamblea a las denunciantes por violencia de género y abusos

Con una asamblea, en la que participaron distintos claustros de la comunidad educativa de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, se manifestó el apoyo a las seis alumnas que denunciaron por violencia de género y abuso sexual a un profesor y un administrativo de la UNCuyo.

Las denuncias se realizaron la semana pasada en la Consejería de Género de la UNCuyo. Más allá de que se resguarda la identidad de las víctimas, se informó que los abusos denunciados se cometieron durante años.

Las acusaciones por violencia sexual son hacia un docente que ya comenzó los trámites para jubilarse. Mientras que un empleado administrativo, de la misma casa de estudios, habría tenido una participación secundaria en los hechos denunciados.

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Durante la asamblea las denunciantes (alumnas y ex alumnas de la FCPyS) leyeron un carta pública.

La carta pública:

Decidimos escribir esta carta, para que de alguna manera, nuestra voz esté presente, entera, sin interrupciones ni interpretaciones, sin manoseos ni subestimaciones.

Somos las seis mujeres denunciantes de las situaciones de violencia que padecimos mientras militábamos en una agrupación. El principal implicado es un dirigente político y profesor dela FCPyS.

Nosotras no nos conocíamos. No estudiamos juntas ni militamos en el mismo momento en la agrupación. Pasamos por situaciones parecidas hace cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, hasta diez años atrás. Nos vimos todas por primera vez en la asamblea de diciembre del año pasado, en esta misma facultad.

Nos juntamos sin quererlo, sin buscarlo, por las ironías de la intuición y lo desagradable del patriarcado. Nos juntamos, luego, por la conciencia feminista que ganamos, en el momento histórico en que nos toca vivir.

Nos juntamos y nos dimos cuenta que la semejanza de nuestros relatos no era una ironía, era la injusta trama del patriarcado en nuestras vidas.
Para nosotras lo importante, lo urgente, lo necesario, es que se nos escuche, es poder sacar la voz. No buscamos la saña, ni mucho menos la persecución política ni ideológica. Todo lo contrario, en todo caso podríamos decir que existe una persecución política contra nosotras.

Lo que buscamos es sacar el dolor, la angustia, las imágenes que no se detienen. Imágenes que no se guardan solo en la retina, afincan en cada membrana de nuestro cuerpo: en la boca del estómago, en cada arcada de asco que nos da al recordarnos en las desagradables situaciones en que nos vimos expuestas, ante las que nos expusieron quienes considerábamos compañeros y compañeras políticos.

Si alguien duda de nuestras intenciones, no podemos más que repudiarlo y comprender que es una reacción lógica en una sociedad patriarcal, que solo sabe desestimar, despreciar y desvalorizar los testimonios y las experiencias de las mujeres que padecen o han padecido violencia machista.

Lo que queremos, es terminar con las noches de insomnio, de angustia, de pánico, tristeza, culpa. Lo que queremos, es que no haya nunca más esta invasión en nuestros cuerpos, que se detenga, que nuestra vida continúe.

No ha sido fácil estar donde estamos. Hemos y aún atravesamos, dolores, angustias, llantos, miedos. No es fácil denunciar ni exponerse. No es fácil revolver sitios donde se vivió la violencia más extrema que muchas de nosotras experimentamos.

Y si volvemos atrás, no podemos evitar lo que ya sufrimos, lo que ya atravesamos, lo que padecimos. Lo único que podemos es intentar recuperar la memoria y nuestras vidas de ese pasado que nos atormenta.
Al hacerlo, nos juzgarán, como lo han hecho siempre, toda vez que una mujer se ha animado a saltar el cerco del silencio. Que nuestro relato es desordenado, insuficiente, que las pruebas no alcanzan, que nos motiva la venganza, el odio y cuánto más se quiera decir… Que porqué nos demoramos tanto, que porqué, tantos porqués nos piden. Tan poco “sí, les creemos”. Tan poco silencio para escucharnos. Tanto discurso para callarnos.

Pero a nosotras no nos motiva más que la necesidad de sanarnos, colectiva e individualmente, de recuperar nuestros cuerpos del recuerdo del horror, de los vestigios que nos sacuden por las noches, en las mañanas, en cualquier momento, sin previo aviso. Que se activan ante lo más mínimo e imprevisible. Lo que nos motiva, es que a partir de nuestra experiencia, se mejoren y agilicen los mecanismos institucionales para abordar este tipo de situaciones, para poder construir una facultad y una universidad libres de todo tipo de violencia.Todavía esperamos de las compañeras una respuesta a la altura de lo denunciado.

Esperamos que al menos reflexionen sobre las prácticas y violencias patriarcales sistemáticas y cotidianas padecidas por nosotras. A nosotras nos tocó denunciar las violencias sufridas dentro de una agrupación en la cual creímos, a la cual dimos nuestro tiempo y energía porque estábamos convencidas, y por suerte aún lo estamos, que con la política se transforma la sociedad.

Es por esto, que esperamos de toda la comunidad universitaria una respuesta política ante lo sucedido, que sea capaz de avanzar en una educación pública no sexista y apostar a construir una universidad segura para las mujeres y disidencias sexuales.

Nos da vergüenza la carta pública de la agrupación donde no se hace más que reforzar la duda patriarcal sobre quienes nos animamos a denunciar y deciden así proteger, una vez más, a los agresores. Nos da vergüenza y nos preocupa la difusión de otra carta lamentable de uno de los agresores, cuyo propósito es deslegitimar nuestro testimonio y victimizarse, queriendo igualar sus condiciones con las de quienes sobrevivimos a la violencia patriarcal.

Frente a estas cartas, solicitamos que se sigan las vías institucionales y les pedimos que se remitan a dichas vías para defenderse, porque reiteramos, esto no es una persecución política, es una denuncia formal y merece tal respeto. En resguardo de todas las garantías constitucionales esperamos sean juzgados por las entidades pertinentes, con todos los derechos de defensa, para que luego queden en la historia en el lugar que se merecen.

Ante la gravedad de lo expuesto, las miradas condenatorias, las políticas y el derecho siempre insuficientes, la complicidad patriarcal con los agresores, los comentarios que circulan e invaden las redes sociales, los intentos por confundir y desacreditar nuestros relatos, ante todo ello, reafirmamos nuestra valentía. Que no es sólo la nuestra, la de las seis que hoy denunciamos, sino que es la valentía de todas las mujeres que antes que nosotras se animaron, de las que lo intentaron sin éxito, sorteando las mismas barreras patriarcales que hoy nos toca, y de aquellas mujeres valientes que vendrán después de nosotras.

La valentía que nos alienta, producto del encuentro entre mujeres, de la escucha activa y poderosa, es la valentía del miedo transformado en acción. Es una valentía que ninguna práctica mafiosa, amedrentadora, machista, misógina, podrá detener.

Celebramos esta asamblea de mujeres y disidencias, porque nos sentimos acompañadas, porque esperamos que se pueda construir un espacio de encuentro y organización entre estudiantes, docentes, no docentes y egresadas, en pos de derribar los silencios y avanzar en libertades.

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