El tipo camina por la calle Boulogne Sur Mer y se detiene frente a los Portones del Parque porque el semáforo está en rojo. Se acomoda los anteojos grandes y de arcos gruesos, mira a lo ancho y aprieta fuerte el bolsito tipo maleta donde guarda sus cosas. No lleva el celular en la mano ni pegado a la oreja. De pronto, conversa con una de las personas que lo acompaña.
¡Qué va a ser "El Loco" Berti si recién pasó caminando por acá!
Alfredo Berti, DT de Independiente Rivadavia, es un bicho raro en este fútbol que devora técnicos a mansalva. En la cancha, un líder; afuera, un vecino más

Hasta un mural tiene ya Alfredo Berti, DT de la Lepra.
Luz verde. Ahí va. Sigámoslo con la mirada.
Cae el sol dominguero y el hombre, que no es oficinista ni profesor -aunque algo de pinta tenga-, apura el paso. Dos pibes le salen al cruce. Luego, un tercero. Uno le pide una selfie y él accede. Hablan de algo a la pasada y sonríen. Otro muchachito le da un abrazo típico del Día del Padre, que casi le hace caer la boina estilo Peaky Blinders que desde el año pasado se volvió inseparable de su lifestyle.
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Se llama Alfredo Berti, tiene 54 años, es rosarino y le dicen "El Loco". Es el técnico de la Lepra mendocina y uno de los autores materiales y responsables de esta alegría interminable que tiene re locos a los hinchas azules; etapa dorada que comenzó el año pasado y que relumbra cada vez que en una cancha suena el silbatazo de partido terminado para el once del Club Sportivo Independiente Rivadavia.
Soy futbolero pero no leproso. Vine hasta aquí para tratar de descifrar -difícilmente lo consiga- este fenómeno llamado Alfredo Jesús Berti (el segundo nombre lo supe en los '90 gracias al relator Marcelo Araujo).
Es un bicho raro, el DT. Tras ganarle 5 a 1 al clásico rival, Gimnasia y Esgrima, se fue a su casa caminando tranquilamente, como quien sale al mundo para estirar las piernas y quitarse los demonios de adentro (otros, créame, se hubieran ido a escondidas en un auto importadísimo o en lo más alto de una caravana de fanáticos). Pero Berti, no.
El DT de las pilchas grandes
Berti es un tipo sencillo. Usa pilchas grandes y lleva el fútbol en la sangre, intuyo, porque sólo los tipos que llevan al fútbol en su ADN se animan a tocarles bocina desde su auto a los hinchas que festejan en la Arístides, como algunas veces lo ha hecho él. Como uno más de ellos.
Es rosarino Berti, nacido en Empalme Villa Constitución, y acaso esa condición tenga tanto que ver con vivir el fútbol de modo tan intenso adentro de la cancha y en cada entrenamiento, pero tan simple cuando se acaba la contienda y termina el desafío.
Este Berti es otro Berti, claro está, comparado con aquel jugador de Ñuls que pasó a Boca, que llegó a compartir momentos con Maradona y que decidió el retiro en el año 2000 por una maldita lesión. Lo de Loco viene de aquellas épocas en las que raspaba y metía pierna fuerte como Dios les manda a los futbolistas de alma.
Berti era bravo -de sólo verlo por tevé se sentía eso- y creo que mucho más cuando se rapó la cabeza y acuñó el mote de "Pelado" Berti.
Metía miedo aquel hombre que hoy -años mediante- se ha convertido en objeto de la adoración del pueblo Azul. Porque organiza, manda, ordena y los jugadores lo escuchan y le hacen caso. Y eso, en la cancha, se nota.
Un alivio para el fútbol sacatécnicos
Se acaba el medio año futbolero en el país con una estadística jodida: muchos DT fueron despedidos de sus clubes por diversas razones durante el campeonato. Cada fin de semana ha sido una sangría en esa materia. Muchos otros DT hacen equilibrio en la cuerda floja.
Pero en una parte de Mendoza se vive la contracara: Berti y sus dirigidos gustan, ganan y golean -hasta en la Copa Libertadores de América- y la gente para al DT en la calle, le pide fotos, corea su nombre en las tribunas y lo adoptó como a un Leproso. Y él tratando de ser uno más...
Vine hasta aquí intrigado por el fenómeno Berti y me dispongo a apagar la computadora con la misma sensación de curiosidad.
¿Cómo hace un tipo tan famoso y vitoreado para vivir lejos del ruido?
¿Acaso sus tiempos compartidos con otro Loco -hablo de Marcelo Bielsa- le moldearon el carácter?
¿Cómo hace para hablar bajito y con voz rasposa un tipo que en la cancha sigue metiendo y metiendo, aun con el buzo de DT?
¡Qué lo parió!
Este jueves, asuntos laborales me impidieron ver y/o escuchar el partido que Independiente Rivadavia le ganó a los venezolanos del Deportivo La Guaira por la Copa Libertadores, ¿la nueva obsesión leprosa?
Nomás encender radio Nihuil, la voz del Tano Robles me dijo, casi al cierre de la transmisión, que en el Malvinas Argentinas había sido triunfo leproso: 4 a 1.
Entonces, imbuido del espíritu del Mendieta -personaje perruno del Negro Fontanarrosa, tan rosarino como Berti- pensé: ¡Qué lo parió!
Soy amante del fútbol y de las alegrías que suele darnos ese deporte; ese fútbol que, rara vez, nos pone frente a personajes tan singulares como El Loco Berti, un tipo exitoso y simple que -abra bien los ojos- acaso en un rato pase caminando por la vereda de su casa y le devuelva el saludo como si fueran vecinos de toda la vida.
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