Son más de 5 millones los jubilados que cobran menos de $400.000 en todo el país. Miles de esos, claro, están en Mendoza y no la están pasando nada bien. Pero además de ellos, hay otros tantos que ni siquiera ese mínimo ingreso tienen ni tampoco cuentan con una red de contención familiar que los asista. ¿Qué pasa con esos ‘viejos’ que se cayeron del sistema?
Qué pasa con los que llegan a la vejez sin jubilación: residencias, casas compartidas y asistencia
Con jubilaciones bajas y menos remedios gratis, los adultos mayores afrontan una época compleja ¿Y los que no tienen ni la mínima? Estas son las opciones del Estado

El Estado provincial ofrece asistencia a los adultos mayores que no tienen ingresos ni red de contención familiar.
Consultamos con la Dirección de Adultos Mayores que tiene a su cargo Lucas Luppo, un joven abogado que aún no ha cumplido los 40. El trabajo no es sencillo. Los recursos son pocos y los que los necesitan son cada vez más, pero alternativas hay y, en principio, por todo aquel que se deje ayudar, algo se puede hacer.
Mendoza cuenta con siete residencias estatales de larga estadía repartidas en el Gran Mendoza, el Este, el Valle de Uco y el Sur provincial. Es una opción pero no para cualquiera y, entre las asistencias que brinda el Estado, esta es la de ‘último recurso’.
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“Somos gente que busca gente”, dice Luppo para explicar que lo primero que intentan hacer desde la Dirección es revincular a los adultos mayores con hijos, hermanos o amigos para que recuperen su red de contención y que, en lo posible, no tengan que recurrir a la asistencia estatal.
Adultos mayores sin red familiar, jubilación ni pensión
Si ese primer gran esfuerzo de recuperar la red familiar de la persona mayor –trabajo en el que las redes sociales y los municipios son clave- no resulta, se activan el resto de las asistencias, siempre y cuando el sujeto, sea del género que fuere, tenga 60 años.
Es que rearmar aquella red rota o perdida no es fácil. A veces, reconocen desde la Dirección de Adultos Mayores, se pierde mucho tiempo buscando y ese tiempo resulta clave para el mayor porque es tiempo en el que se vulneran sus derechos.
Otros tienen una red conocida pero no conveniente. Y sí… No faltan aquellos familiares que abusaron de los derechos del adulto mayor y por eso medió el alejamiento.
También están aquellos cuyos familiares o amigos quedaron fuera de Mendoza o del país y no hay posibilidades de acercarlos. O aquellos adultos mayores que los perdieron por sus propias fallas, como delitos, prohibiciones de acercamiento o adicciones. Es en esos casos en los que “el Estado no juzga”. Nosotros –dice Luppo- “miramos la persona, no su pasado”.
El otro caso, cada vez más habitual, es el de la persona mayor que por decisión propia o porque la vida lo quiso no tiene ni tuvo una red familiar. Tienen 60 años y no formaron pareja, no tienen hijos, ya perdieron a sus padres y ni sobrinos tienen porque sus hermanos viven de igual manera. “Pasa y está pasando cada vez más”, analiza Luppo pensando también en el futuro que se viene.
Además de la edad y de su red, la Dirección de Adultos Mayores pone el foco en la situación económica de la persona.
“Muchas veces llegamos a la conclusión de que no tiene la jubilación o una pensión –por invalidez, del adulto mayor o no contributiva- porque no hizo el trámite o nadie los ayudó a hacerlo”, explica Lucas Luppo. Entonces, si correspondiese y de la mano de los municipios, se activan los mecanismos ante la ANSES.
Y así y todo, “son muchas más de las que pensamos las personas que no pueden acceder a una jubilación o a ningún tipo de pensión”. Esas, las mayores sin ingresos, cumplen con el tercer ‘requisito’ para recibir asistencia.
Residencias, casas para compartir o morlacos para una pensión
En ese contexto, las alternativas de la Dirección de Adultos Mayores son tres:
- Subsidio de renta para los que no tienen ingresos: $100.000 mensuales, que generalmente son utilizados para el alquiler de una habitación en una pensión.
- Residencias de larga estadía, especialmente pensadas para los que no son autoválidos.
- Casas en comodato donde conviven de 2 a 5 personas autoválidas.
Las residencias son siete. La Santa Marta, con una experiencia de 100 años, es la mejor preparada. Cuenta con un equipo interdisciplinario formado por psiquiatras, nutricionista, médico, psicólogos, kinesiólogos, etc.; es el más amplio y el mejor equipado; de ahí que atiende las situaciones más críticas.
Las otras residencias de larga estadía se encuentran en San Martín (para adultos mayores autoválidos), Rivadavia, Tunuyán, Tupungato, Malargüe y General Alvear.
Todas son de puertas abiertas y cuentan con escuelas. En total, aproximadamente unos 180 adultos mayores viven en ellas. Y lo más importante para el que lo necesita: hay lugar.
Las viviendas para compartir con las que cuenta la Dirección de Adultos Mayores son 47 en toda la provincia. Cuatro de ellas son las más nuevas y amplias. En esas, la intención es que convivan entre 3 y 5 personas por casa. En las más antiguas, no pasan de tres.
“Es necesario que sean personas mayores autoválidas y del mismo género”, explica Luppo. Para encontrar a los candidatos, la Dirección realiza un trabajo interdisciplinario previo, dado que convivir con un desconocido -y a esta edad- no resulta para nada simple.
La situación para los jubilados es mala y para los que ni a serlo llegan es aún más difícil. Desde la Dirección de Adultos Mayores se trata de intervenir y fomentar un envejecimiento saludable. Una de las claves para ello, dicen, es dejarse ayudar.