Cuando el 20 de marzo el país quedó sumido en la cuarentena, nadie imaginó que cumpliríamos 100 días aislamiento sin saber cuánto tiempo más tendremos que esperar para retomar la vida que conocimos. La única alternativa para sentirnos seguros, parece ser la de permanecer en nuestros hogares. Sin embargo, hay personas que no pudieron elegir, y debieron salir, desde el primer día, a afrontar el peligro y tuvieron que superar el miedo al coronavirus.
Te puede interesar: Tercer bono IFE en julio| ATP ANSES| Créditos a tasa cero: ¿habrá una nueva inscripción?
Diario UNO busca rendir homenaje a todas las personas que día a día combaten desde su lugar la pandemia del Covid-19 para que el resto de la población pueda quedarse protegida en casa.
Entre la vocación y el miedo
Jonathan Alanis, médico del equipo de Covid-19 del Hospital Central. Foto: Martín Pravata/ Diario UNO
En marzo pasado, Jonathan Alanis, médico de planta del Hospital Central, supo que formaría parte del equipo que atendería los casos de Covid-19 que llegaran a este centro asistencial. Si bien sintió miedo y desazón, también pudo experimentar la necesidad de darlo todo, de "dejar la camiseta" en la cancha, para decirlo en términos futbolísticos.
"El miedo está, lo hemos hablado con mis compañeros. Miedo a contagiarse, pero sobre todo, a contagiar a otros, llevar el virus a nuestras familias. Sin embargo, también está la vocación. La pandemia es el mayor desafío para un médico, está el miedo, pero también está la responsabilidad" "El miedo está, lo hemos hablado con mis compañeros. Miedo a contagiarse, pero sobre todo, a contagiar a otros, llevar el virus a nuestras familias. Sin embargo, también está la vocación. La pandemia es el mayor desafío para un médico, está el miedo, pero también está la responsabilidad"
Lo que el profesional explicó es que si la pandemia no es el momento para demostrar lo aprendido y las ganas de colaborar para que las cosas mejoren para todos, ¿cuándo llegará ese momento?, claramente, este es un enorme desafío para alguien que decidió dedicarle su vida a la medicina.
Sin embargo, no todos los momentos son épicos en esta lucha. Hay muchas circunstancias de desazón, en la que se pierden un poco la fuerza para seguir adelante.
Alanis y parte del equipo de Covid -19 del Central. Foto: Martin Pravata/ Diario UNO
"La desesperanza viene cuando te das cuenta que tu trabajo no es valorado, que ponés toda tu voluntad y esfuerzo y la sociedad te juzga como vector de la enfermedad. Por ahí te da miedo decir que sos médico, fuera del hospital, por cómo puede llegar a reaccionar la gente. Sin embargo, me dan ganas de decirles ¿si yo y mis compañeros de equipo no ayudamos a estas personas, quién lo va a hacer?". "La desesperanza viene cuando te das cuenta que tu trabajo no es valorado, que ponés toda tu voluntad y esfuerzo y la sociedad te juzga como vector de la enfermedad. Por ahí te da miedo decir que sos médico, fuera del hospital, por cómo puede llegar a reaccionar la gente. Sin embargo, me dan ganas de decirles ¿si yo y mis compañeros de equipo no ayudamos a estas personas, quién lo va a hacer?".
Jonathan AlanisMédico integrante del equipo Covid-19 del Hospital Central
De todas maneras, según relató Alanis, estos momentos no opacan todo lo que se está haciendo. Una de las cosas que más valora, es el trabajo en equipo.
"En marzo, nos reunimos con el equipo que iba a atender Covid-19. Nos sentamos frente a una computadora, a diseñar un plan de trabajo, pero sin saber para dónde ir, porque no hay antecedentes de este tipo de situaciones en medicina actual. La última pandemia fue hace casi 100 años. Hoy podemos decir que médicos, enfermeros, técnicos, camilleros, personal de limpieza que trabaja en esta área, hablamos el mismo idioma, esto me llena de orgullo". "En marzo, nos reunimos con el equipo que iba a atender Covid-19. Nos sentamos frente a una computadora, a diseñar un plan de trabajo, pero sin saber para dónde ir, porque no hay antecedentes de este tipo de situaciones en medicina actual. La última pandemia fue hace casi 100 años. Hoy podemos decir que médicos, enfermeros, técnicos, camilleros, personal de limpieza que trabaja en esta área, hablamos el mismo idioma, esto me llena de orgullo".
Jonathan AlanisMédico integrante del equipo Covid-19 del Hospital Central
Alanis también contó que una de las situaciones que más le cuesta, tanto a él como a los demás médicos, es separar lo racional de lo emocional, porque el estrés que vive el personal de la salud es muy intenso, pero todo eso debe dejarse de lado a la hora de ejercer la profesión.
"Nos concentramos en cumplir los protocolos, de higiene, de atención, hasta en el momento de vestirnos y quitarnos los equipos de protección. Lo tenemos que hacer no sólo por nosotros sino por compromiso con la comunidad" "Nos concentramos en cumplir los protocolos, de higiene, de atención, hasta en el momento de vestirnos y quitarnos los equipos de protección. Lo tenemos que hacer no sólo por nosotros sino por compromiso con la comunidad"
Jonathan AlanisMédico integrante del equipo Covid-19 del Hospital Central
El médico aclaró que, siguiendo los protocolos y utilizando los equipos de protección para Covid-19, es más riesgoso estar en lugares públicos sin tomar las debidas precauciones que en el trabajo que él realiza.
Si bien el costado amargo del trabajo de riesgo que realizan los médicos no estuvo ausente de la charla, tampoco lo estuvieron las muchas satisfacciones que los doctores se llevan cuando un paciente se va de alta.
"Durante el tiempo en el que los pacientes permanecen internados, nosotros somos el único contacto que tienen con el mundo. Terminamos generando una relación de afecto. Para los médicos, ellos no son casos de Covid. Son seres humanos con todas sus libertades restringidas, que padecen no sólo la enfermedad sino el aislamiento, esta dimensión humana nunca debe perderse" "Durante el tiempo en el que los pacientes permanecen internados, nosotros somos el único contacto que tienen con el mundo. Terminamos generando una relación de afecto. Para los médicos, ellos no son casos de Covid. Son seres humanos con todas sus libertades restringidas, que padecen no sólo la enfermedad sino el aislamiento, esta dimensión humana nunca debe perderse"
Jonathan AlanisMédico integrante del equipo Covid-19 del Hospital Central
El frente de batalla invisible
Jonathan Sánchez -de barbijo azul- junto a compañeros que se encargan de desinfectar los colectivos de corta distancia. Foto: gentileza J.S.
Todos los días, antes de salir de su casa, Jonathan Sánchez piensa en su hijo Juan Ignacio, de 6 años. Sabe que pasará otro mes, quizás, sin verlo.
Es que Jonathan trabaja en la desinfección de colectivos de corta distancia y por los productos que utiliza, no pueden estar en contacto, porque el pequeño es alérgico.
Sin embargo, él es el único sustento de Juan Ignacio y eso le basta como incentivo para ir a trabajar. Lo que cuenta, difiere mucho de los aplausos y el reconocimiento social que deberían tener los trabajadores de la primera línea de combate del virus.
Su tarea diaria consiste en detener en un lugar del recorrido al colectivo -en su caso, cerca de la Terminal de ómnibus-, hacer bajar a los pasajeros y desinfectar cada unidad. Además, otros compañeros van detrás secando para que la gente vuelva a subirse. Es prácticamente una tarea invisible entre todas las que los servidores públicos realizan en medio de la pandemia, pero tan necesaria como la de un trabajador de la salud. En rigor, no demoran más de 5 minutos, pero el procedimiento genera gran disgusto.
"Nos tratan muy mal, desde los conductores hasta los pasajeros. Algunos choferes no quieren detener los micros y pasan de largo, aunque saben que es necesario y van muchas veces con más gente de la que deben llevar. La gente nos insulta porque llega tarde a trabajar. Se quejan de la desinfección, pero es un servicio a la comunidad" "Nos tratan muy mal, desde los conductores hasta los pasajeros. Algunos choferes no quieren detener los micros y pasan de largo, aunque saben que es necesario y van muchas veces con más gente de la que deben llevar. La gente nos insulta porque llega tarde a trabajar. Se quejan de la desinfección, pero es un servicio a la comunidad"
Jonathan SánchezTrabajador del Iscamen
Sin embargo, entre tanto disgusto diario, hay personas que lo han sorprendido para bien. Es el caso de una pasajera, Ivana, que cada día veía lo que Jonathan y sus compañeros hacían y el maltrato por el que tenían que pasar y decidió retribuirles con un pequeño gesto de empatía.
"Ivana se bajó un día del micro y nos regaló alfajores. Nos dio mucha alegría y le agradecimos. Hasta nos sacamos fotos comiendo los alfajores para mandárselas. Nos hicimos amigos". "Ivana se bajó un día del micro y nos regaló alfajores. Nos dio mucha alegría y le agradecimos. Hasta nos sacamos fotos comiendo los alfajores para mandárselas. Nos hicimos amigos".
Jonathan SánchezTrabajador del Iscamen
El autocuidado como enseñanza
La radióloga Luciana Vázquez, con el equipo de protección reglamentario para Covid-19. Foto: gentileza
La primera vez que se activó el protocolo por un paciente posiblemente infectado, Luciana Vázquez cayó en la cuenta de que no estaba lo suficientemente protegida para realizarle una placa de tórax.
Luciana tiene 36 años, es técnica radióloga en el hospital público de Malargüe y cuenta el miedo que sintió al principio de la pandemia, cuando aún la mayor parte de la sociedad pensaba que los casos eran lo suficientemente lejanos como para no preocuparse.
"Nosotros somos 6 en el equipo en el que trabajo, y después de tres meses de pedirlo, nos llegó un solo mameluco de protección. Lo demás que recibimos fueron descartables: cofias, zapatos, camisolines y guantes. Pero no el equipo reglamentario" "Nosotros somos 6 en el equipo en el que trabajo, y después de tres meses de pedirlo, nos llegó un solo mameluco de protección. Lo demás que recibimos fueron descartables: cofias, zapatos, camisolines y guantes. Pero no el equipo reglamentario"
Luciana VázquezTécnica radióloga en el Hospital de Malargüe
Lo que Luciana describe es un atuendo similar al de quirófano, pero no es el reglamentario de Covid-19.
"Las gafas tampoco llegaron a tiempo, las compramos nosotros. Las compramos porque no queremos ponernos en riesgo, ni tampoco a nuestras familias". "Las gafas tampoco llegaron a tiempo, las compramos nosotros. Las compramos porque no queremos ponernos en riesgo, ni tampoco a nuestras familias".
Luciana VázquezTécnica radióloga en el Hospital de Malargüe
También contó que, a raíz de todos los cambios que provocó el coronavirus, en el servicio de rayos decidieron cambiar el formato de trabajo.
"Antes de la pandemia, hacíamos turnos rotativos, de 4 horas diarias, de lunes a sábado. Sin embargo, creímos que no era bueno estar entrando y saliendo del hospital, entonces, hacemos 24 horas de guardia cada cinco días". "Antes de la pandemia, hacíamos turnos rotativos, de 4 horas diarias, de lunes a sábado. Sin embargo, creímos que no era bueno estar entrando y saliendo del hospital, entonces, hacemos 24 horas de guardia cada cinco días".
Luciana VázquezTécnica radióloga en el Hospital de Malargüe
El esfuerzo de autocuidarse, y así cuidar a los demás, para Luciana tiene un sentido social que no quiso dejar al azar.
"Yo creo que vamos a aprender algo después de esta pandemia, y es a extremar las medidas de protección y de higiene. Para mi es la gran enseñanza que nos va a dejar el Covid-19. La necesidad de sentirnos seguros, que antes de esto no lo teníamos en cuenta" "Yo creo que vamos a aprender algo después de esta pandemia, y es a extremar las medidas de protección y de higiene. Para mi es la gran enseñanza que nos va a dejar el Covid-19. La necesidad de sentirnos seguros, que antes de esto no lo teníamos en cuenta"
Luciana VázquezTécnica radióloga en el Hospital de Malargüe
Controles y molestia social
En Ranquil Norte con el ministro Raúl Levrino y trabajadores de la salud, controlando los puestos de Covid-19 y entregando elementos para protección del personal policial.
Entre las realidades que se volvieron cotidianas en tiempos de pandemia, los ciudadanos debimos acostumbrarnos a mostrar documentos y permisos de circulación en cada control policial que así lo requirió.
Más allá de que a todos alguna vez nos resultó molesto y hasta una invasión a la privacidad, lo cierto es que del otro lado, los agentes de seguridad que los efectúan también están cumpliendo con su trabajo.
Así lo explicó el comisario General Marcelo Calipo, quien además ejerce el cargo de subdirector de la Policía de Mendoza.
Calipo siente orgullo por los más de 2.000 agentes que salen todos los días a realizar controles y que lo hicieron desde el día 1 del aislamiento.
"Lo que tengo que destacar es el gran trabajo en equipo, nuestra obligación es que se cumplan cada una de las disposiciones de los decretos, y más allá de que esto genere más de un disgusto en la gente a la que controlamos, lo vamos a hacer por el bien de la comunidad" "Lo que tengo que destacar es el gran trabajo en equipo, nuestra obligación es que se cumplan cada una de las disposiciones de los decretos, y más allá de que esto genere más de un disgusto en la gente a la que controlamos, lo vamos a hacer por el bien de la comunidad"
Marcelo CalipoComisario general y subdirector de la Policía de Mendoza
De todas maneras, dijo que a pesar de lo que mucha gente piensa, para ejercer su profesión hace falta mucha empatía y estar predispuesto a mejorar la tarea que se realiza a diario.
En cuanto al cumplimiento de las nuevas reglas, Calipo sostuvo que cree que la gente está cumpliendo bien con ellas, en líneas generales.
Sobre el temor a contagiarse, manifestó que claramente lo tienen, igual que las demás personas de las actividades esenciales.
"Sin embargo, estamos en condiciones de decir que gracias a Dios, no tenemos ningún policía contagiado con coronavirus en Mendoza, eso nos llena de tranquilidad" "Sin embargo, estamos en condiciones de decir que gracias a Dios, no tenemos ningún policía contagiado con coronavirus en Mendoza, eso nos llena de tranquilidad"
Marcelo CalipoComisario general y subdirector de la Policía de Mendoza
Estas historias son apenas una mínima muestra de la tarea que realizan a diario miles de profesionales y trabajadores de Mendoza para cuidar la salud y la seguridad de todos.