El terremoto de magnitud 7,2 que sacudió Venezuela volvió a poner en agenda una pregunta recurrente en Mendoza: ¿podría ocurrir algo similar en una provincia acostumbrada a convivir con los temblores? Para la científica mendocina del Conicet Stella Maris Moreiras, la respuesta requiere una aclaración clave: ambos territorios responden a contextos tectónicos diferentes.
Por qué Mendoza no puede sufrir un terremoto como el de Venezuela, según una científica mendocina
uedStella Moreiras, del Conicet, explicó que ambas geografías presentan contextos tectónicos diferentes y detalló cuáles son los riesgos sísmicos de la provincia

En Mendoza los movimientos están asociados a fallas activas de la cordillera y el piedemonte, a diferencia de Venezuela, que están asociados a contacto directo entre dos placas tectónicas.
Foto: Gentileza Juan Martín Schiappa De AzevedoLa especialista explicó que Venezuela se ubica sobre el contacto entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana, mientras que Mendoza presenta una "sismicidad de intraplaca", asociada a fallas activas y no al borde directo entre placas tectónicas.
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El antecedente más fuerte de Mendoza
Moreiras sostuvo que el tipo de fuerzas que actúan bajo la superficie en cada región es distinto. Mientras en Mendoza los movimientos están asociados a fallas activas de la cordillera y el piedemonte, en Venezuela los terremotos se producen en el contacto directo entre dos placas tectónicas.
“No se pueden comparar porque son ambientes tectónicos distintos”, resumió la investigadora.
Según indicó, los terremotos que ocurren en los límites entre placas suelen alcanzar magnitudes mayores que los asociados a fallas activas dentro de una placa.
El terremoto más fuerte que ocurrió en Mendoza
La especialista recordó que el terremoto más importante registrado en la provincia fue el de 1861, cuya magnitud fue recalculada en torno a 7. Ese evento destruyó gran parte de la ciudad, que entonces estaba construida mayormente con adobe y carecía de normas de construcción sismoresistentes.
Hoy el escenario es diferente. Mendoza cuenta con exigencias de construcción diseñadas para resistir terremotos. “Eso significa que la casa no se te cae encima”, explicó Moreiras, aunque aclaró que una vivienda puede quedar dañada o incluso inhabitable después de un sismo fuerte.
La investigadora señaló además que el nivel de daño depende del lugar donde se origine el movimiento y de la cercanía a las fallas activas.
La memoria sísmica que se va perdiendo
Moreiras también advirtió que las generaciones más jóvenes tienen menos registro de lo que implica un terremoto importante porque no vivieron eventos como el de 1985.
Según comentó, estudios realizados en Mendoza muestran que la población sabe que vive en una zona sísmica, pero muchas personas no dimensionan la velocidad ni el impacto que puede tener un evento de gran magnitud.
En ese contexto, consideró importante sostener simulacros y acciones de educación para que las alertas y los protocolos de emergencia resulten efectivos cuando realmente se necesitan.
El proyecto mendocino que buscó anticipar sismos
La investigadora contó, además, que participó en un proyecto llamado Método de Alerta Sísmica Temprana para Mendoza, desarrollado junto a la Fundación Escuela de Medicina Nuclear (Fuesmen) y financiado por el Ministerio de Defensa entre 2019 y 2023.
El trabajo buscaba detectar señales previas a algunos sismos mediante la medición de gas radón. Según explicó, durante la investigación observaron aumentos de ese gas antes de ciertos eventos sísmicos, lo que permitió generar alertas experimentales con algunos días de anticipación.
Sin embargo, aclaró que la técnica todavía no permite predecir con certeza cuándo ocurrirá un terremoto, dónde se producirá ni qué magnitud tendrá. “Tiene potencial, pero todavía es experimental”, afirmó.
El proyecto se interrumpió cuando terminó el financiamiento, aunque la investigadora sostuvo que este tipo de desarrollos requieren continuidad y recursos para avanzar.