Naturaleza

Ponen a trabajar a 158 tortugas en una isla de Sudamérica y cambia uno de los ecosistemas más especiales del planeta

Con la liberación de 158 tortugas, se inicia la esperanzadora recuperación del linaje perdido en la isla Floreana, Galápagos, tras más de 180 años de ausencia.

Editado por Valentina Araya
araya.valentina@diariouno.com.ar

Durante más de un siglo, la isla Floreana, en las Galápagos, sufrió las consecuencias de haber perdido a uno de los animales más importantes de su ecosistema. Se trata de la tortuga gigante. La desaparición de esta especie alteró procesos naturales que durante miles de años habían contribuido a mantener el equilibrio de la isla.

La tortuga gigante original de Floreana, Chelonoidis niger, se extinguió localmente en el siglo XIX como consecuencia de la caza intensiva de piratas y balleneros. A esto se sumó la transformación de su hábitat y la llegada de especies introducidas que alteraron profundamente el ecosistema.

Regresan tortugas gigantes a una isla clave tras 180 años y revitalizan su ecosistema

Sin embargo, décadas después apareció una oportunidad inesperada. Investigadores encontraron en otra isla de Galápagos ejemplares con ascendencia genética de las antiguas tortugas de Floreana. Algunos de estos animales conservaban hasta un 80% del material genético asociado con la población original, lo que abrió la puerta a un ambicioso programa de recuperación.

Como parte de este proyecto, se liberaron 158 tortugas en la isla Floreana, entre ellas los primeros ejemplares jóvenes destinados a iniciar el regreso de la especie a la isla. El programa contempla reintroducir hasta 700 individuos con el objetivo de recuperar progresivamente el linaje perdido y restaurar las funciones ecológicas que las tortugas cumplían en el territorio.

¿Cómo fue el posible regreso de las tortugas gigantes a esta isla?

Para que este regreso fuera posible, primero fue necesario recuperar las condiciones ambientales de la isla. Durante más de una década, equipos de conservación trabajaron para eliminar especies invasoras como cabras, ratas y gatos salvajes, que destruían la vegetación nativa y depredaban huevos y crías de distintas especies.

La importancia de las tortugas va mucho más allá de su supervivencia. Estos animales funcionan como verdaderas "ingenieras" del ecosistema. Al alimentarse de frutos y plantas, recorren grandes distancias y dispersan semillas a través de sus heces, favoreciendo la regeneración natural de la vegetación.

Además, su enorme tamaño les permite desplazarse entre áreas de vegetación densa, abrir senderos y modificar el paisaje. Al consumir determinadas plantas y abrir espacios en la vegetación, permiten que la luz llegue al suelo y generan condiciones favorables para la germinación y el crecimiento de especies nativas.

Su regreso también puede ayudar a recuperar las relaciones ecológicas de las que dependen numerosas aves, insectos y otros animales de Floreana. Por eso, el proyecto no busca simplemente recuperar una especie que desapareció hace más de un siglo, sino devolver a la isla una función natural que durante generaciones estuvo ausente.

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