Aficionados a la jardinería aseguran que, incluso en lugares con condiciones controladas y estables, suele aparecer un problema común: plántulas que crecen altas, delgadas y sumamente frágiles. Aunque parezca una práctica curiosa, el acto de frotar o acariciar suavemente las hojas de las plantas jóvenes tiene un respaldo científico bajo el nombre de thigmomorfogénesis, lo cual impulsará el desarrollo del ejemplar.
Pocos lo saben: por qué recomiendan acariciar las hojas de una planta durante sus primeros días de vida
Si buscás el desarrollo vigoroso de tus plantas, tendrás que poner en práctica este truco de jardinería que pocos conocen

Conocé las razones detrás de esta práctica poco habitual.
Jardinería: esto sucede al acariciar las hojas de las plantas jóvenes
La thigmomorfogénesis es la capacidad de las plantas para alterar su patrón de crecimiento ante estímulos físicos como el roce, el viento o las vibraciones. En la naturaleza, el viento cumple esta función de manera constante. Sin embargo, en el refugio de nuestros hogares, los ejemplares están aislados de estas inclemencias, lo que las vuelve susceptibles.
Entonces, al recibir un estímulo mecánico, la planta activa mecanismos celulares que priorizan la resistencia sobre la altura. En lugar de estirarse buscando luz, la energía se redirige a desarrollar tallos más gruesos y tejidos de soporte adicionales.
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Experimentos en especies como el tomate, la lechuga y las petunias han demostrado que este simple gesto puede reducir la elongación excesiva del tallo entre un 20% y un 50%, otorgando una estabilidad que los reguladores químicos envidiarían.
Implementar esta técnica es algo sencillo: bastará con acariciar las plántulas de 1 a 10veces al día. Podés usar tus propias manos o un plumero suave durante apenas unos segundos.
En este sentido, un dato a tener en cuenta pasará por el tiempo durante el cual debemos hacer este truco de jardinería: una estimulación de aproximadamente 18 días es suficiente para fortalecer la estructura sin afectar el desarrollo posterior.
Además, esta técnica es ideal para plantas de crecimiento vertical, como por ejemplo la sansevieria o lengua de suegra, ya que responden con mayor intensidad que aquellas de porte rastrero o bajo.
Por otro lado, si bien las plantas resultantes serán más resistentes ante plagas, sequías o trasplantes, esto no necesariamente se traduce en frutos más grandes o numerosos, en caso de ejemplares frutales. De hecho, si el estímulo se prolonga de forma excesiva más allá del intervalo recomendado, la producción total podría disminuir en ciertas variedades.