Ariel López (58) estuvo 10 días intentando que internaran a su tío Miguel, de 84 años, que tenía coronavirus. De PAMI respondieron a su pedido 10 días más tarde, cuando Miguel ya había muerto. “Mi lucha es para que esto no le pase a ningún anciano más, a ningún argentino”, dice Ariel.
No quisieron internarlo y lo llamaron cuando ya había muerto

Miguel Fuentealba (84) estuvo 12 días con Covid en su casa esperando atención del PAMI y su sobrino recibió la primer respuesta dos horas después de su muerte. Este es el audio que recibió, mientras lloraba la muerte de Miguel.
Este es el audio que recibió, mientras lloraba la muerte de Miguel.
Ariel López es un enfermero de 33 años de experiencia, vive en Cipolletti (Río Negro) y trabaja del otro lado del río, en el Hospital Castro Rendón (Neuquén).
“Soy licenciado en Enfermería. Llevo 33 años en la actividad. Mi especialidad toda la vida fue en terapia intensiva y actualmente estoy en la sala de quirófano del Castro Rendón, encargado de la sala de recuperación anestésica”, le cuenta a Diario Uno.
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Su tío, Miguel Fuentealba (84), “vivía en la casa, junto a mi madre, justo enfrente de la cancha del club Cipolletti. Toda la vida la familia ha vivido ahí”, dice.
Ariel cuenta que su tío “trabajó toda su vida. Tuvo meningitis en la juventud y eso le produjo retraso madurativo, pero tuvo una vida bastante activa. Fue empleado de comercio durante muchos años y allí se jubiló. Era un hombre sano, sin enfermedades de base”.
Miguel había comenzado con algunas molestias unos días antes del 14 de septiembre, el día que su sobrino fue a verlo “cuando comenzó esta odisea”, dice Ariel. “El 16 comencé a gestionar para que lo internen. Yo ya me había quedado con él en la casa, haciéndole una higiene bucal porque tenía pus en las amígdalas y me había contactado con el médico de la familia, que me indicó antibiótico de bajo espectro, porque mi tío era alérgico a la penicilina. Al comienzo eso funcionó bien, pero después se agravó e hizo una neumonía de base lateral derecho. Al 17 él y yo ya estábamos aislados, porque el cuadro no me gustaba y comencé a tratarlo como Covid positivo”.
Ariel comenzó a gestionar que internen a su tío. “Empecé a avisar a todos, pero no tuve resultados. En PAMI pedí oxigenoterapia, pero me mandaron un papel con una dirección de correo electrónico para que la pidiera y nada más. Llamé el 109, el número de emergencias de Cipolletti. Primero vino la Policía para constatar que era necesario y después vino la ambulancia, pero me dijeron que no lo podían llevar porque no había camas y que estaban priorizando las internaciones según la edad”.
Entre tanto Miguel desmejoraba rápidamente. Ariel, por su profesión, decidió intentar mejorar el estado de su tío mientras esperaban alguna respuesta. “Me desayuné con que hay una única empresa proveedora de oxigeno en toda la Patagonia. Me dijeron no me podían dar un tubo, porque solo entregan a sanatorios, hospitales u otras empresas. Por suerte mis compañeros del Castro Rendón me ayudaron y logré asistir a mi tío con oxigenoterapia y lo pude tener 10 días vivo”.
Relata que “le puse suero, una sonda para que orine… Al 22 ya no ingerir alimentos, ya estaba muy mal. Saturaba a 65/67, pero son oxigeno apenas saturaba a 44. Yo estaba encerrado con él y nos asistían con alimentos desde afuera” y agrega que, como nadie llegaba a realizarles el hisopado, “a mi tío se lo hicimos en un laboratorio privado, lo pagamos nosotros y nos cobraron $8.630. Dio positivo y yo me consideré positivo también”.
El día 23, después de muchas denuncias, incluso en la fiscalía y a través de la prensa “que me dieron una mano impresionante” a Ariel lo llamaron desde Viedma. “La directora del hospital de Cipolletti me llamó en persona el 23 a la mañana y a eso de las 15 vino una ambulancia y se lo llevaron. El 24, a las 9 de la mañana, mi tío Miguel falleció”.
Increíblemente, irónicamente, un par de horas después “me llama una señorita de PAMI, diciéndome: ´Ariel, ¿me podía mandar el DNI de tu tío y decirme si es PAMI Río Negro o PAMI Neuquén?’. Querían comenzar el pedido de internación. Fue una tomada de pelo, una cosa nefasta”.
El enfermero dice que Miguel “si al segundo día de tener síntomas hubiera tenido la atención correspondiente, podría haber tenido otra oportunidad de vida”.
Dice que, hasta el día de hoy, “nos han dejado a la buena de Dios. Nadie se acercó a preguntar cómo estamos, nadie nos hisopó, nadie nos llamó. Entiendo que estén superados, pero no entiendo la desidia de los funcionarios del Estado”.
Ariel dice que intenta mantener la calma, que no quiere dejar ganarse por el dolor pero, aún desde allí, dice que “en la Argentina se impuso la ley de muerte para los ancianos y adultos mayores y que eso me lo vengan a discutir los responsables de la salud pública de Río Negro o Neuquén. Yo sé que hay una realidad, que no hay camas, que la gente no se está cuidando, pero La desidia con la que actuaron en el caso de Miguel fue realmente alevosa”.