“En estos diez años construimos una identidad colectiva que permite que cualquier mujer sepa que no está sola. Que hay un entramado social dispuesto a abrazarla, a escucharla, a cuidarla, a denunciar con ella y a enfrentar la injusticia”, dice Laura Chazarreta, integrante del movimiento Ni una Menos de Mendoza.
Mendoza vuelve a decir "Ni una Menos" a diez años del grito que lo cambió todo
El movimiento feminista Ni una Menos conmemora una década de lucha contra la violencia machista. En Mendoza se registraron 112 femicidios desde 2015

"Ni una Menos" celebra una década acompañando a las víctimas.
Archivo UNOLleva encima una década de lucha contra el dolor, la indiferencia estatal y la violencia que sigue cobrándose vidas.
El 3 de junio de 2015 fue un antes y un después. Ese día, miles de personas salieron a las calles con un grito que ya no pudieron ni quisieron volver a guardar: Ni una Menos. Nacido del hartazgo, del duelo y de la rabia ante el femicidio de la adolescente Chiara Páez, el movimiento fue tomando forma en cada provincia, en cada barrio, en cada cuerpo cansado de vivir con miedo.
Recomendadas
En Mendoza, las calles también ardieron de indignación. Ese primer 3 de junio fue masivo, pero no fue un hecho aislado. Desde entonces, año tras año, mujeres, disidencias, organizaciones sociales, políticas, culturales, de derechos humanos y estudiantes han sostenido esta lucha con una persistencia admirable.
“Lo colectivo no sólo abriga, también transforma”, afirma Laura, convencida de que el feminismo, incluso con sus heridas, sigue siendo el horizonte más potente de justicia y amor.
Pasaron 10 años y hubo conquistas enormes
Pasaron 10 años. Y si bien hubo conquistas enormes -como la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, la Ley Micaela, los programas de acompañamiento y protección-, hoy el escenario es alarmante.
El gobierno nacional, en apenas unos meses, desmanteló más de una decena de programas clave para atender, prevenir y erradicar las violencias por motivos de género. Desde la Línea 144 hasta las Escuelas Populares de Género, pasando por el programa Acompañar, todos fueron eliminados bajo el pretexto de “recorte” o “eficiencia”. Para quienes militan estas causas, no es ajuste: es crueldad institucionalizada.
En Mendoza, el panorama no es mejor. El presupuesto destinado a políticas de género representa apenas el 0,016% del total provincial. Son, en promedio, $700 por mujer al año. Una cifra que habla por sí sola. Mientras tanto, entre 2015 y 2024, se registraron 112 femicidios, femicidios vinculados y travesticidios en la provincia. La organización Mumalá fue quien sostuvo durante todo este tiempo un registro serio y sistemático que hoy permite ponerle cifras al horror.
En el último año, las denuncias por violencia de género aumentaron 17% en la provincia. Sin embargo, sólo el 10% de esas denuncias derivaron en medidas de protección. Las respuestas del Estado siguen siendo fragmentadas, insuficientes y, muchas veces, revictimizantes, afirman desde el colectivo de mujeres.
Por eso, las redes feministas no sólo denuncian, también contienen, sostienen, acompañan. Desde grupos barriales hasta espacios universitarios, desde centros culturales hasta organizaciones territoriales, se han convertido en un sistema de cuidado alternativo frente al abandono institucional.
Una década de conquistas de Ni una Menos y desafíos aún pendientes
Desde el primer grito colectivo de “Ni una Menos” en 2015, el movimiento de mujeres y diversidades ha transformado profundamente el escenario social y político en Mendoza y en todo el país. Así lo analiza María Belén Bobba, directora de Género y Diversidad de la provincia, quien destaca como principal logro la visibilización de la violencia por motivos de género y la incorporación del término "femicidio" en el lenguaje judicial y mediático.
Gracias a la presión constante de los feminismos organizados, se crearon áreas estatales específicas, se asignaron presupuestos, se aprobaron leyes clave como la de paridad de género, la de interrupción voluntaria del embarazo, y se reconocieron violencias antes ignoradas, como el acoso callejero, virtual y la violencia política.
Bobba advierte que los desafíos persisten: la brecha salarial de género, que ronda el 28%, y el avance de discursos conservadores que intentan restar legitimidad a estas luchas. Sin embargo, valora el fuerte compromiso de las nuevas generaciones, en especial de mujeres y diversidades adolescentes, que ya crecen con derechos incorporados y una mirada más crítica frente a los vínculos violentos.
En tiempos complejos, el llamado es claro: no retroceder, seguir organizándose y defender lo conquistado, porque la igualdad no es un privilegio, es un derecho.
Las actividades para este martes 3 de junio en Mendoza
Pero este 3 de junio no es solo para señalar lo que falta. También es para celebrar lo que se construyó. “Este movimiento nos cambió la vida. Nos enseñó a mirar distinto, a hablar distinto, a amar distinto. Nos enseñó a no tener vergüenza de pedir ayuda, a romper el silencio, a entender que la violencia no es destino ni castigo”, dicen desde la Comisión de Prensa del Ni una Menos Mendoza, un espacio que acompaña, visibiliza, escribe, grita.
La marcha de este martes será, como cada año, en el centro de la Ciudad de Mendoza. Desde el kilómetro 0 hasta la Plaza Independencia. Con pancartas, fotos, flores y velas encendidas. Al finalizar, se levantará un altar con los nombres de las víctimas. No como un gesto de muerte, sino como un acto de amor y de memoria. “Cada nombre es una promesa. Una promesa de que no vamos a dejar de luchar hasta que ninguna más falte”, dice Laura, mientras alista las cintas violetas con los nombres impresos.