Nick Hess, un británico de 62 años, vivió un verdadero calvario médico por culpa de un plato de papas fritas y un enemigo invisible que se alojó en su propio cuerpo. Como no puede ser de otra manera, la historia se hizo viral y se recuerda independientemente del tiempo que pase.
"Me despertaba todos los días a vomitar": la historia del hombre que se emborrachaba comiendo papas fritas
Durante años, el hombre tuvo que soportar mañanas con lagunas mentales, dolores de cabeza y mareos constantes. La increíble historia

La historia de este hombre sigue dando que hablar.
Durante años, el hombre tuvo que soportar mañanas infernales con lagunas mentales, dolores de cabeza insoportables y mareos constantes. El detonante de este misterio médico no estaba en los boliches ni en las botellas, sino en su propio sistema digestivo, que se había convertido en una fábrica de cerveza clandestina.
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Borracho por comer carbohidratos
El calvario de este hombre comenzó de la manera más insólita. Tras consumir porciones comunes de pan, tortas o papas fritas, su comportamiento cambiaba de forma drástica. Empezaba a hablar con dificultad, perdía el equilibrio y terminaba desmayado en el sillón.
Al principio, ni él mismo entendía lo que pasaba, al punto de que su esposa tuvo que empezar a filmarlo para que tomara dimensión del problema. Tras una larga consulta médica, los especialistas descubrieron que padecía el síndrome de la autodestilería, una extraña condición en la que el sistema digestivo se descontrola por completo.
Un exceso de levadura en sus intestinos generaba una reacción química inesperada. Cada vez que Carson ingería carbohidratos, este hongo fermentaba los alimentos de manera inmediata, transformando el azúcar en etanol puro. En pocas palabras: su cuerpo fabricaba su propio alcohol y lo dejaba en un estado de ebriedad extrema.
El hombre cree que la afección se desencadenó años atrás, luego de haber estado expuesto a fuertes productos químicos de limpieza en su empleo como limpiador de alfombras, lo que destruyó por completo su microbiota intestinal.
Los cambios en el estilo de vida
La historia de Carr dio un vuelco definitivo cuando entendió que para dejar de amanecer con náuseas y malestar debía modificar por completo sus hábitos alimenticios. Para frenar la acción de la levadura, tuvo que eliminar de raíz cualquier rastro de carbohidratos y azúcar de su plato.
Hoy en día, el británico mantiene una estricta dieta cetogénica (basada en grasas buenas y proteínas) para evitar que su estómago vuelva a fermentar comida. Además, se ve obligado a llevar un alcoholímetro a todos lados; un paso en falso con un trozo de pan o unas simples papas fritas podría marcar positivo en un control de alcoholemia o, peor aún, poner en riesgo su vida mientras maneja.