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Solidaridad mendocina

Máximo necesita reunir $8 millones para no perder la casa adaptada que le entregaron por su condición

Tiene cuadriplejia espástica y una vida atravesada por hospitales y terapias. El IPV le dio una casa, pero su familia debe pagar el anticipo en menos de un mes

Cristina Mariela Castro Moyano todavía se emociona cuando recuerda ese momento. Hace apenas unos días cruzó por primera vez la puerta de la vivienda adaptada que el IPV le adjudicó a su hijo, Máximo Agustín Herrera, un joven mendocino de 22 años con cuadriplejia espástica y severas secuelas neurológicas producto de un accidente que le cambió la vida para siempre cuando apenas tenía un año y medio. Máximo quedó con una discapacidad.

maximo herrera y sus hermanos

Máximo junto a sus hermanos, que también sufrieron a la par todo el proceso que pasó el joven mendocino.

La casa existe. Está terminada. Tiene las adaptaciones que él necesita para moverse y vivir con mayor autonomía. Está ubicada en una zona donde pueden llegar sus médicos y terapeutas. Después de años de trámites, rechazos, angustias y hospitales, parecía que finalmente algo bueno sucedía.

Pero apareció una nueva batalla.

La familia necesita reunir más de 8 millones de pesos ($8.210.000) en menos de un mes para pagar el anticipo obligatorio. Si no logran juntar el dinero, perderán la vivienda y quedarán fuera del programa.

"Vivo con el corazón en la boca porque tenemos que juntar el dinero en un determinado plazo", dijo su mamá

“Hoy vivo con el corazón en la boca”, resume Cristina en diálogo con Diario UNO.

La historia de Máximo comenzó a cambiar el 30 de diciembre de 2005.

Hasta ese día era un bebé sano, inquieto y lleno de vida. Tenía apenas un año y medio cuando sufrió una caída mientras intentaba subir a una mesa. El golpe le provocó un TEC grave -Traumatismo Encéfalo Craneano severo- y llegó inconsciente al Hospital Notti.

“Entró en estado crítico. Le hicieron una tomografía de urgencia y lo llevaron directamente a cirugía para extraerle coágulos del cerebro. Quedó varios días en terapia intensiva infantil con pronóstico reservado”, recuerda su mamá.

maximo herrera

Tenía apenas un año y medio cuando sufrió una caída mientras intentaba subir a una mesa. El golpe le provocó un TEC grave —Traumatismo Encéfalo Craneano severo— y llegó inconsciente al Hospital Notti.

Sobrevivió. Pero aquel accidente dejó secuelas irreversibles.

Máximo quedó con cuadriplejia espástica y daño neurológico crónico. Desde entonces, la vida de toda la familia se convirtió en una carrera interminable entre hospitales, tratamientos, médicos, terapias, trámites y puertas que muchas veces se cerraban.

“Yo me puse al frente de todo. Era la que iba a los hospitales, la que golpeaba puertas, la que pedía ayuda. Pero no estuve sola. El papá de Máximo y sus dos hermanos mayores siempre estuvieron ahí. Desde chicos entendieron que tenían que acompañarlo. Nunca lo dejaron solo”, cuenta Cristina.

Una batalla entre terapias, rechazos e internaciones

Con los años llegaron otros dolores invisibles.

Intentaron que Máximo pudiera asistir a centros de día y escuelas especiales, pero la experiencia fue devastadora. Lo rechazaban. Lo suspendían. Le decían que no era apto.

“Por su conducta muchas veces lo suspendían hasta que tuviera alta psiquiátrica. Pero muchas cosas que interpretaban como problemas de conducta eran en realidad consecuencia de su lesión neurológica: los espasmos, la rigidez muscular, la frustración por no poder comunicarse”, explica.

La situación llegó a un límite brutal: le dijeron que solo tenía dos opciones.

maximo herrera en su casa vieja

En pocos días Máximo puede mudarse a su nueva casa, pero debe reunir un anticipo de 8 milones de pesos.

Internación psiquiátrica o internación domiciliaria.

“No iba a dejar que mi hijo quede encerrado”, dice con firmeza. “Elegí la internación domiciliaria porque acá está contenido, con su familia y sus terapias. Yo sé lo que necesita”.

Desde entonces, Cristina prácticamente vive para él.

“Son años de desvelos. Muchas veces me caí, pero Máximo me dio fuerzas. Él no se rinde y hace que nosotros tampoco”, explica.

En medio de esa vida marcada por la urgencia permanente, apareció una pequeña esperanza.

En septiembre de 2023 se inscribieron en un plan de viviendas... y hubo una luz de esperanza

En septiembre de 2023 lo inscribieron en el programa IPV Mi Casa. Poco después les avisaron que Máximo había quedado como primer suplente en el emprendimiento El Recodo III, en Maipú, dentro de la tipología “Apto Discapacidad”.

Pero la ilusión parecía demasiado lejana.

“Cuando salió suplente, sinceramente pensé que nunca iba a llegar”, admite Cristina.

La vida siguió. Los gastos también. Las terapias, los medicamentos y el día a día consumían todo.

Hasta que en octubre de 2025 llegó una noticia inesperada: Máximo pasaba a ser titular.

Cristina comenzó entonces con toda la documentación requerida. En enero de 2026 recibió el mail que terminaría cambiándolo todo.

El mensaje era claro: había aprobado las evaluaciones del IPV y sería convocado al sorteo de la unidad. Pero también advertía que el anticipo debía pagarse en un solo pago, sin financiación, y que el incumplimiento implicaría la pérdida automática de la vivienda.

“Cuando leí eso sentí que ya estaba perdida”, confiesa. “Hice cuentas y entendí que no podía juntar semejante cantidad de plata. Perdí las esperanzas”.

Pero el tiempo siguió avanzando.

En mayo de este año finalmente llegó la convocatoria para el sorteo. La familia asistió. Y hace apenas tres días Cristina pudo conocer la vivienda.

Ahí todo cambió.

“Entré y me largué a llorar”, admite. “Está adaptada para él. Pensada para él. Hay espacio para que pueda moverse, para que esté cómodo. Y además está ubicada en una zona donde pueden llegar sus médicos y terapeutas. No es cualquier casa. Es la casa que Máximo necesita”, reflexiona.

Por primera vez en muchos años, Cristina pudo imaginar un futuro distinto.

“Sentí que después de tanta lucha, por fin algo bueno podía pasarnos”, asegura.

Pero el sueño tiene fecha límite.

Necesitan reunir $8.210.000 en menos de un mes.

casa de maximo herrera

Una casa que cuenta con todos los espacios necesarios para Máximo. "La casa lo estaba esperando. Pero necesitamos reunir dinero", dijo su mamá.

Cristina ya recorrió bancos buscando un préstamo. Ninguno se lo aprobó debido a sus ingresos. Entonces decidió hacer algo que le cuesta muchísimo: pedir ayuda.

“Siempre quise poder sola. No quería molestar a mi familia ni a nadie. Pero entendí que sola no puedo”, dice.

Hasta el momento, gracias a familiares, amigos y conocidos, lograron juntar $948.000.

Todavía falta muchísimo.

“Sé que algunos van a preguntarse por qué no juntamos la plata antes. Pero sinceramente yo ya había perdido la fe. Pensé que nunca iba a llegar este momento. Y cuando vi la casa entendí que no podía rendirme ahora”, aclara.

La ayuda que todos los mendocinos pueden brindar para que Máximo no pierda esta oportunidad única

Cristina habla despacio, pero cada palabra pesa.

No pide lujos ni privilegios. Solo pide tiempo y solidaridad para que su hijo no pierda una oportunidad única.

“Esta casa no es solo una vivienda. Es tranquilidad. Es dignidad. Es futuro. Es saber que aunque yo un día no esté, Máximo va a tener un lugar seguro”, insiste.

Y en esa frase aparece uno de los miedos más profundos de cualquier madre cuidadora.

¿Qué pasará cuando ella no pueda estar?

“Mis otros hijos también sufrieron mucho. Ellos vieron las noches sin dormir, los rechazos, el miedo constante. Entonces esto no es solo por Máximo. También es por ellos. Porque todos luchamos juntos durante años”, advierte.

Mientras habla, Cristina vuelve mentalmente a esa casa.

A las puertas amplias. A los espacios adaptados. A la posibilidad de que su hijo pueda vivir con un poco más de autonomía después de una vida entera dependiendo de otros.

“Cuando la vi entendí algo: la casa no se olvidó de Máximo”.

Por eso ahora decidió contar su historia públicamente.

Porque todavía cree que hay tiempo.

Y porque sabe que muchas veces los mendocinos responden cuando entienden que detrás de un alias bancario hay personas reales luchando por algo enorme.

Todo aporte para la casa es una ayuda por más pequeña que sea

Hoy cualquier aporte ayuda.

Desde 500 pesos hasta compartir la historia.

Porque para Máximo esa vivienda no significa solamente un techo. Significa calidad de vida, cuidado, futuro.

Y quizás también algo mucho más simple y profundo:

La posibilidad de, por fin, tener un hogar pensado para él.

Datos para colaborar para que Máximo pueda ingresa a la casa

Banco Supervielle

Titular: Cristina Mariela Castro Moyano

ALIAS: AYUDEMOSAMAXIMO

CBU: 0270034220043549890028

Teléfono de contacto: 2616094395

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