Escribir y leer sobre las personas desaparecidas por el terrorismo de Estado en Argentina no es algo fácil, pero Mariana Eva Perez le suma una cuota de humor negro que te permite entender esta época tan oscura de nuestro país de otra manera.
Mariana Eva Perez cruza el humor negro, la literatura y las verdades incómodas de los desaparecidos en Argentina
La autora de "Constanza y Matute (hacen la porquería)" reflexiona sobre cómo la ficción y los "chistes malos" sirven para procesar el trauma de la dictadura.

Mariana Eva Pérez y el desafío de contar el horror sin que el lector tenga que cerrar el libro
"Constanza y Matute (hacen la porquería)" es la última novela de la autora argentina que es hija de desaparecidos (José Manuel Pérez Rojo y Patricia Julia Roisinblit), y con este trabajo nos regala una historia sin concesiones, sensible y profunda.
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'Constanza y Matute' está repleta de chistes, de humor negro...¿Tenés ese tipo de humor incorporado en tu vida o te costó incluirlo en el libro?
No, no, al revés. Fueron durante muchos años me costó incluir en mi escritura. En general el humor funciona así. Me ha funcionado la relación con con compañeras, compañeros que también son hijos, para poder hablar de cosas que de otra forma es muy difícil hablar. Me gustan los chistes, y los chistes malos.
Me parece que hay algo que tiene que ver con una manera un poco humorística en el sentido de no solemne, de que yo no puedo ser solemne con estos temas, no me los puedo tomar totalmente en serio, porque mi propio lugar me obliga a cuestionarme un montón de cosas todo el tiempo y me es más fácil desde ese lugar, o sea, correrme de esa solemnidad. Me parece que el humor y la crítica hacen buena pareja.
¿Alguna vez recibiste críticas por tomarte con humor estos temas?
Críticas de los organismos o de un sobreviviente, no. He escuchado cosas peores en esos ámbitos, así que no.
Para construir a los personajes de Constanza y Matute, ¿Te inspiraste en algo puntual, en alguna persona que conocías o fue simplemente que algo que surgió?
No, pero tienen los dos muchas cosas mías distintas. Tienen cosas de otras personas que conozco. A Constanza la vengo arrastrando desde la primera vez que quise escribir ficción, tipo a los 15 años, hasta con ese nombre. Constanza en cierta forma soy yo. Yo era la oveja negra en Abuelas de Plaza de Mayo. También me inspiré en un viejo Blog que escribía con mi esposo José Esses, que también es escritor, que se llamaba "Irma y Orlando".
Conviví 3 años y medios con la escritura de esta novela y construyendo los personajes. Con mi esposo José, durante todo ese tiempo estuvimos dictando talleres de escritura, y esto también me ayudó a encontrar estrategias, recursos, etc. Me solté un montón, sobre todo de algunas inseguridades que traía y de un síndrome de impostor de escritura que me quedaba.
Con tus libros y con esta nueva novela, ¿Sentís que es una forma de aportar un granito de arena para que la sociedad siga reflexionando sobre la dictadura y los desaparecidos?
Espero que sean un aporte, pero no lo hago con esa intención. Siento que otras actividades que hago, como las investigaciones sobre infancias sobrevivientes, son mucho más importantes, o tienen mayor relevancia social. Si espero que mis novelas sean una contribución, o que sirva como un discurso que rompe con lo establecido.
Mi fantasía es llegar a un público más joven, porque siento que no les podemos seguir diciendo "Memoria, Verdad, Justicia" como un discurso repetido. Hay muchas cosas para decir, y hay infinitas maneras para decirlo. No podemos ser tan perezosas de no buscar otras maneras de decirlo.