Profundo dolor por su muerte

Madre del soldado de 19 años del RIM11: "Le hacían bullying y lo hicieron comer del piso"

El soldado Paolo Alexander Pinto se quitó la vida luego de sufrir burlas, malos tratos y amenazas en el RIM11 de Tupungato, según denunció su familia. Su sueño era ser militar, pero el 4 de octubre se ahorcó en su casa y murió en los brazos de su madre
Por UNO

María, la mamá de Paolo Alexander Pinto, el soldado de 19 años que se suicidó, contó varios de los extremos hechos que vivió su hijo dentro del Regimiento de Montaña Nº 11, en Tupungato, uno lugar histórico del país, desde donde San Martín cruzó Los Andes.

La mujer aseguró a Radio Nihuil que le hicieron bullying desde el primer día por ser humilde, por no tener la ropa adecuada y por ser morocho. Agregó que nadie del RIM11 se acercó a su casa a darle las condolencias hasta el momento.

"Era un chico tranquilo. Somos de familia humilde y él siempre fue así, de perfil bajo. Solamente tenía un sueño, ser militar", describió María a su hijo Paolo, quien decidió quitarse la vida el 4 de octubre pasado, luego de volver a su casa de la Compañía A del RIM11.

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Paolo Pinto sufrió burlas y abuso de poder en el Regimiento de Infantería de Montaña 11, en Tupungato.

Paolo Pinto sufrió burlas y abuso de poder en el Regimiento de Infantería de Montaña 11, en Tupungato.

La madre del joven recordó que "el 27 de abril empezó con todos los estudios en el Hospital Militar y fue aceptado. Le hicieron los estudios psicológicos y el físico, y en mayo entró al RIM11".

El comienzo para ser soldado no fue como lo esperaba. "La primera semana que empezó le hacían burla porque como somos de familia humilde, él tenía que ir con un traje, pero no tenía. Le armamos un traje con lo que había y le hacían bullying por eso", se lamentó.

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Desde el primer momento María supo que pasaban estas cosas porque el mismo Paolo se lo contaba cuando regresaba a su casa. "La segunda vez fue cuando lo hicieron comer del piso", indicó.

Contó que era una unidad grande la del RIM 11, con 100 jóvenes. Allí, añadió, "lo empezaron a manijiear, así se dice cuando lo hacen hacer cuerpo a tierra y esas cosas. Mi hijo tenía un tic y cuando se ponía nervioso se mordía el labio. Parecía que hacía una mueca, y ahí creyeron que hacía caras. Él les explicó que era un tic nervioso, pero no lo escucharon".

"Le llenaron un plato con arroz y le hicieron ir por toda la unidad, adelante de todos los chicos, saltando en un pie con el plato de comida en la mano. Si se le caía algo tenía que comer del piso. Se le cayó el arroz y lo tuvo que comer como un perro", detalló la mujer. Y agregó: "A unos chicos que estaban ahí les cayó mal la situación y dejaron de comer, pero les dijeron que si no querían pasar por lo mismo, que siguieran comiendo. Y por miedo siguieron comiendo".

Rocky, el compañero del soldado Pinto

María contó que en una de las prácticas físicas que hacían, su hijo se había quedado sin compañero, ya que nadie quería juntarse con él "porque tenían miedo a que los fueran a 'bailar' como lo 'bailaban' a mi hijo".

Al castigo físico en la jerga miliar se le llama "baile". El mismo quedó prohibido luego del crimen de Omar Carrasco, un joven de 19 años, que murió luego de una brutal paliza en el grupo de Artillería 161, en Zapala, Neuquén, donde comenzó el Servicio Militar Obligatorio. A pesar de esto, al parecer en el RIM11 se retomaron viejas costumbres y nadie se atrevía a denunciar nada. Hasta ahora.

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La mamá de Paolo describió: "Como mi hijo no tenía compañero y la actividad se hacía de a dos, le dieron una piedra de 60 kilos que le cabía en la mochila y la llevaba en la espalda. Estuvo una semana con esa piedra. Comía, dormía y vivía con esa roca, era un compañero".

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Las vejaciones que suifrió paolo Pinto en el RIM11 lo llevaron a quitarse la vida el 4 de octubre pasado en su casa de Tupungato.

Las vejaciones que suifrió paolo Pinto en el RIM11 lo llevaron a quitarse la vida el 4 de octubre pasado en su casa de Tupungato.

Paolo incluso le puso un nombre: Rocky. "Cuando termina la práctica le pedí a una subteniente que me entregara a Rocky, ya que era el único compañero de mi hijo, ya que tampoco le permitían que se juntara con alguien del regimiento. Él estaba solo, aislado", relató con tristeza su mamá.

La mujer contó que un cabo habló con Paolo y le dijo que todas esas cosas eran abuso de autoridad y que podía denunciarlo, pero él no quiso hacerlo por temor a las represalias. Pero, la mujer que veía cómo sufría su hijo y que no quería dejar el sueño de ser miliar, se animó a hacer una denuncia anónima por una página de Derechos Humanos, sin que Paolo se enterara. "A la semana, a las dos personas que lo hicieron comer del piso los trasladaron a Campo los Andes", afirmó.

Cuando Paolo Pinto se recibió de soldado, ella volvió a insistir con que le dieran a Rocky, la piedra. Le dijeron que sí, pero nunca se la dieron.

"Él creyó que tenía que pasar por todas esas cosas, que lo estaban preparando, pero una vez que ya era soldado no iban a pasar más. Pero cuando lo designaron a la Compañía A, también en el RIM11, fue peor. Lo discriminaban porque era morocho, le decían que cómo podía ser que hubiese entrado ahí. Había un soldado antiguo que no lo quería, y no le había ni dado un lugar para descansar y guardar sus cosas", sostuvo María.

"A mi hijo me lo mató el Ejército"

En la tarde del 4 de octubre de 2022, Paolo Pinto se ahorcó en su casa de Tupungato cuando estaba solo.

"Ese día yo estaba trabajando y me avisaron que mi hijo se había matado. Yo llegué a mi casa y estaba vivo todavía, murió en mis brazos", recordó la mujer sobre el peor día de su vida.

"A la mañana siempre yo lo despertaba a las 4.30 porque entraba temprano, y ese día me abrazó muy fuerte, y me dijo: 'Mami, sos la única mujer que amo'". En la tarde, el papá de Paolo lo fue a buscar y lo llevó de regreso a su casa, cerca de las 16. Había ido a tomar mates a lo de su cuñada, que vive a pocos metros y en un momento se fue. "Habrá estado menos de una hora y se ahorcó", dijo.

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"A la media hora, llegó el encargado de la Compañía de él, siendo que todavía estábamos con el cuerpo de mi hijo, y no sabemos cómo se enteró. Yo discutí con él e intervino la Policía", agregó María.

La decisión del joven soldado no le queda para nada clara a su madre. "Hacía tres semanas se había comprado un celular y cuando lo encontré estaba destrozado. Creo que ahí está la clave de lo que pasó. Me lo mató el Ejército, permanentemente lo amenazaban", insistió.

Y cerró: "Nadie del Ejército se acercó a nuestra casa a hablarnos. Yo fui a retirar las cosas de mi hijo y hablé algo con el segundo jefe, pero nada más".