Juan Cuevas Ramírez nunca pensó lo que pasaría 100 años después de que él llegara a una pequeña isla rocosa de América Latina en la que no vivía nadie y decidiera instalarse con su esposa en ese lugar. Pero lo cierto es que, más de un siglo después del inicio de esa aventura, ese lugar se ha convertido en un centro turístico y de pesca que llama la atención de muchos.
Llegaron en bote a una isla desierta de América Latina y 100 años después la convirtieron en un centro turístico
Un hombre llegó a una isla desierta y pedregosa hace 100 años y decidió que viviría ahí junto a su esposa. Cien años después las diferentes generaciones la transformaron

La isla de piedra en la que una pareja se asentó hace 100 años y en la que ahora viven sus generaciones posteriores
En 1923, un joven pescador llamado Juan Cuevas Ramírez llegó en un pequeño bote a un islote totalmente deshabitado. El lugar no era un paraíso a simple vista, pero sí lo era para él. Estaba en el medio del Golfo de California en México. No había nadie más, pero para él era un sueño y se llevó a su mujer, Paula, a vivirlo.
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Lo cierto es que para ese joven, el lugar daba muchas oportunidades. Es cierto que no tenía muchas comodidades, pero sí tenía grandes oportunidades de pesca y él, además de aventurero, también era un pescador, por lo que decidió que esa isla de una hectárea fuera su hogar.
Una vez instalados, Juan y Paula levantaron su casa. Formaron una familia. Los hijos llegaron uno detrás de otro. En total fueron 9 hijos. Levantaron más casas para ellos. Con el paso del tiempo, parte de esa generación permaneció en la isla. En la actualidad, los más jóvenes no tienen ninguna intención de irse y es que han aprendido a que la isla puede ser su hogar, pero también su sustento.
Con el paso del tiempo, esta familia supo que la pesca podía ser parte de sus ingresos y no la totalidad. Fue cuando se dieron cuenta de que su isla, El Pardito, llamaba la atención. Fue allí cuando decidieron abrirla al turismo y contar la historia de cómo se vive en una de las islas más pequeñas del mundo, con una forma de vida que prácticamente se encuentra en extinción.
Cómo fue encontrar el lugar en el mundo
Pero encontrar esta isla no fue una casualidad. Juan Cuevas Ramírez recorrió varias islas antes de decidirse por este terreno. "Anduvo calando donde no hubiera mosquitos", recordó uno de sus hijos, ya anciano, al explicar cómo su padre exploró distintos rincones del Mar de Cortés hasta encontrar su lugar soñado.
Pero no fue fácil. La isla no tenía, ni tiene, los recursos necesarios para vivir, al menos en su totalidad. Al principio, era tan duro que para desplazarse necesitaban de su bote, de sus remos y de su vela. No todo fue tan simple. Una canoa era un recurso invaluable y la pareja lo sabía al punto de aprender a aprovechar cada viento para desplazarse de un lugar a otro.
Engaños amorosos entre islas y mucha imaginación
Sin embargo, no todo era amor y paz. Juan Cuevas Ramírez no solamente era pescador y aventurero, sino que también era mujeriego, al punto de tener 7 hijos con una mujer que vivía en otra isla y que, curiosamente, fueron criados por su esposa también.
Pero el hombre también sabía adaptarse y eso era parte del atractivo que poseía. Junto a su mujer lograron reemplazar muchas necesidades básicas de manera artesanal. Por ejemplo, supieron producir cal a partir de conchas de caracol para levantar las casas para toda la familia. La técnica fue heredada por cada uno de sus descendientes.
Con el agua potable también tuvieron otro desafío. Primero la debían ir a buscar lejos de la isla, luego las embarcaciones equipadas con plantas desalinizadoras ayudaron mucho.
Pero fue la pesca lo que permitió la supervivencia de la pareja, de sus hijos y de sus nietos. Desde pequeños, cada uno de ellos aprendió a pescar diferentes tipos de especies, no solo para consumo personal, sino también para vender fuera de la isla.
Ahora, con el turismo, los paseos en lancha y el buceo con snorkel han transformado el lugar y la historia de la familia, que ha sabido adaptarse una vez más a sus necesidades para asegurar su futuro y seguir conservando su vida en su propia isla, la que es su paraíso.
En pocas palabras
- Familia pionera: En 1923, Juan Cuevas Ramírez se instaló en una isla deshabitada del Golfo de California, fundando una comunidad familiar.
- Desarrollo autosustentable: La isla, llamada El Partido, evolucionó de un asentamiento de pesca a un centro turístico gracias a la adaptación y trabajo artesanal de sus descendientes.
- Legado único: Hoy, la isla atrae visitantes por su historia de vida, su entorno natural y las actividades turísticas que ofrecen sus habitantes.