Historia

La trágica historia del "Titanic argentino": chocó, se hundió dos veces y su capitán desapareció sin rastro

Un barco alemán cuyo objetivo era recorrer el Sur de América fue historia en 1930 por ser el Titanic argentino tras hundirse dos veces en el Canal del Beagle

Era un 22 de enero de 1930 cuando el Monte Cervantes, conocido popularmente como el “Titanic argentino”, protagonizó una de las historias marítimas más impactantes del país. Este lujoso buque de pasajeros se hundió dos veces en aguas del extremo sur, en un episodio marcado por el drama, el misterio y la desaparición de su capitán, quien nunca fue encontrado.

Construido en Alemania en 1927, el Monte Cervantes era considerado uno de los barcos más modernos de su época. Tenía capacidad para más de mil pasajeros y realizaba viajes turísticos por Sudamérica, con escalas en la Patagonia, Tierra del Fuego y la Antártida. Su elegancia y tamaño lo convirtieron rápidamente en un símbolo del transporte marítimo de lujo.

Monte Cervantes: la trágica historia del "Titanic argentino"

barco monte cervantes (1)
El Monte Cervantes se destacaba por tener una eslora cercana a los 160 metros y un ancho de unos 20 metros, dimensiones imponentes para la época. Sin embargo, hoy pertenece al fondo del mar.

El Monte Cervantes se destacaba por tener una eslora cercana a los 160 metros y un ancho de unos 20 metros, dimensiones imponentes para la época. Sin embargo, hoy pertenece al fondo del mar.

A comienzos del siglo XX, viajar en grandes buques de pasajeros era sinónimo de modernidad, lujo y aventura. Así es como nació el Monte Cervantes, un barco alemán diseñado para transportar carga y pasajeros a lo largo del Atlántico Sur.

Sin embargo, su historia rápidamente se volvió trágica. El 15 de enero de 1930, el buque zarpó de Buenos Aires con más de 1.000 pasajeros argentinos y algunos uruguayos, además de 380 tripulantes. Tras una escala en Puerto Madryn, llegó a Ushuaia el 21 de enero y, al día siguiente, partió rumbo a Punta Arenas, en Chile, su destino final

El 22 de enero, mientras navegaba el buque chocó contra una roca sumergida en una zona poco cartografiada del Canal Beagle. El impacto abrió una grieta en el casco y el barco comenzó a inundarse. No se sabe bien como sucedió, pero lo cierto es que, al esquivar una roca, el barco impactó contra otra y comenzó a inundarse por la proa, es decir, por la parte delantera del barco.

A pesar del caos, la evacuación fue exitosa y la mayoría de los pasajeros y tripulantes logró salvarse gracias a la cercanía con la costa.

Embed - El naufragio del Monte Cervantes

Sin embargo, el capitán Theodor Dreyer tomó una decisión que sellaría el misterio: volvió al barco con la intención de salvarlo y desapareció para siempre. Nunca se halló su cuerpo, lo que alimentó teorías y leyendas alrededor del hecho.

Días después, el Monte Cervantes fue parcialmente rescatado y remolcado, pero durante el traslado volvió a hundirse, esta vez de manera definitiva, quedando en el fondo del mar austral. Ese segundo naufragio consolidó su fama de barco maldito y reforzó la comparación con el Titanic.

El Monte Cervantes comparte con el Titanic varios elementos que explican su apodo: era un símbolo de modernidad, sufrió un naufragio inesperado, quedó envuelto en un halo de tragedia y su historia está atravesada por una desaparición inexplicable. Hoy, su legado persiste como una de las mayores tragedias navales de la Argentina y un recordatorio de los peligros del fin del mundo.

Temas relacionados: