En el mundo de los récord Guinness, existen hazañas de fuerza, velocidad y resistencia, pero pocas son tan visualmente impactantes como la de Lee Redmond. Esta mujer estadounidense se convirtió en una leyenda viva al tomar una decisión que cambiaría su destino en 1979: dejar de cortarse las uñas.
Lo que comenzó como un desafío personal para ver cuánto podían crecer sus uñas antes de que empezaran a curvarse, se transformó en una forma de vida que duró 30 años y quedó registrado en los libros.
Lee Redmond, la mujer que no se cortó las uñas en 30 años
Redmond no solo dejó que crecieran, sino que las cuidaba con una disciplina casi religiosa. Cada día, las sumergía en aceite de oliva tibio y utilizaba endurecedores especiales para evitar que se quebraran.
Para el año 2008, la longitud total de sus uñas alcanzó la asombrosa cifra de 8.65 metros, otorgándole el récord oficial de la mujer con las uñas más largas del mundo en un par de manos.
Muchos se preguntan: ¿Cómo podía realizar tareas básicas? Lee Redmond no permitía que sus uñas fueran un impedimento. A pesar de que la uña de su pulgar derecho medía casi un metro, la mujer limpiaba, manejaba y cocinaba.
"Es extraño cómo se convierten en parte de ti", declaró Redmond en diversas entrevistas, explicando que sus uñas se sentían como una extensión natural de su cuerpo.
El accidente que cambió todo para siempre
En febrero de 2009, la historia de sus uñas dio un giro dramático. Redmond se vio involucrada en un accidente automovilístico múltiple en Salt Lake City. Aunque ella sobrevivió con heridas leves, el impacto fue fatal para su récord, ya que sus uñas se rompieron por completo.
Tras el accidente, Lee recolectó los fragmentos de queratina del suelo y los guardó en una bolsa de plástico. Aunque admitió sentir una profunda tristeza inicial por la pérdida de su identidad visual, la mujer confesó sentir una "liberación física" inmediata.
Lee falleció en 2023, pero su nombre sigue siendo el referente absoluto cuando se habla de persistencia y récords inusuales.






