Cada vez más mendocinos evitan tener hijos o postergan esa experiencia. Lo muestran las estadísticas oficiales, donde puede comprobarse, por ejemplo, que en 2022 se registraron 21.296 nacimientos -unos 6.000 menos que en 2002-, el número más bajo en por lo menos dos décadas.
La tasa de nacimientos en Mendoza fue la más baja de los últimos 20 años y la tendencia se consolida
Y no es una tendencia que afecte únicamente a Mendoza, pero sí es cierto que en la provincia las causas se expresan de forma particular.
¿Qué ocurre? ¿La gente usa más métodos de control? ¿Hay poca esperanza en el futuro? ¿O es una combinación de esos y otros muchos factores, incluido el económico?
Este cuadro con las cifras de nacimientos es elocuente:
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Líneas a la baja
Acerca de los motivos detrás de la baja, pueden tejerse hipótesis varias, como el cambio que implicó la implementación de programas de Educación Sexual Integral (ESI), que en la provincia arrancaron en 2007.
Acaso parte de ese efecto se vea siguiendo la línea azul en el gráfico que compartimos a continuación. Ahí se nota el descenso sostenido en los embarazos de mujeres que tienen menos de 20 años.
Pero hay más. Como se ve, a partir de 2015 "pasa algo". La línea roja, que marca los nacimientos en la franja de edad donde se registran más bebés -con madres de entre 20 y 34 años- dibuja una caída abrupta. Imposible no asociar lo anterior a los vaivenes que ha sufrido el poder adquisitivo de la población general.
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Baja en la natalidad: una tendencia a largo plazo
En los noventa, existía una diferencia muy notoria entre la cantidad de hijos que había en los hogares de clases populares y en los de clase media. Esa brecha parece estar disminuyendo.
"Hay que tener en cuenta que muchas veces la diferencia tenía que ver con el acceso a la salud. Y era una expresión de la desigualdad. Si uno comprende eso, resulta lógico que el impacto de los programas haya sido más notorio en esos sectores que no contaban, por ejemplo, con la posibilidad de acceder fácilmente a los anticonceptivos", explica la doctora Valentina Albornoz, jefa del programa de Salud Reproductiva de la provincia.
Albornoz asegura que -"aunque siempre se puede mejorar"- hoy todos los hospitales y centros de salud de la provincia ofrecen herramientas para la planificación familiar.
"Incluso cuando hay un parto, esa persona recibe información para que pueda planear lo que quiere hacer de ahí en adelante. Puede decidir, por ejemplo, hacerse una ligadura de trompas. Y a cualquier mujer que asiste a cualquier centro se le realiza algún tipo de consejería".
-¿Cree que esta tendencia a la baja en los nacimientos se sostendrá en el tiempo?
-Todo indica que se va a sostener y consolidar. Sobre todo, porque los factores que están influyendo tienden a mantenerse. No creo que en el futuro veamos un retroceso en los derechos sexuales y reproductivos. Y la inclinación a planificar y postergar los nacimientos es algo que se ha afianzado en distintos sectores sociales. La baja en las tasas de embarazo adolescente son muy marcadas. Hoy es muchísimo más fácil llegar a un método de control de la natalidad que antes.
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"Ya vas a entender cuando seas madre/padre" y otras frases célebres
"Ya vas a entender cuando seas madre/padre". Esa expresión, otrora repetida hasta el hartazgo en las sobremesas mendocinas, suena cada vez menos.
Y es que muchos de los que conducen la sociedad tienen hijos pero no parecen haber recibido por ello ninguna revelación que los catapulte a un ámbito de sabiduría superior. Más bien lo contrario: exhiben un nivel de estupidez similar al promedio, con o sin hijos.
En un plano más abstracto, cabe asociar la crisis de ese tipo de máximas -"nunca vas a querer a nadie como a tu hijo", etcétera- con el resquebrajamiento de los grandes relatos y el consiguiente auge del posmodernismo.
En efecto, es una de las hipótesis que baraja la politóloga mendocina Leticia Araya, que viene siguiendo temas vinculados a la demografía desde hace tiempo.
"Antes, los jóvenes se proyectaban con hijos, dentro de una narrativa general que los incluía. Hoy eso está en cuestión; sólo existe presente y hay dificultad para pensar el futuro. Ni los trabajos, ni la vida en una única ciudad se piensan como experiencias a largo plazo, y en eso está incluida también la idea de la reproducción", analizó la especialista ante la consulta de Diario UNO.
Y continuó: "Los sujetos de nuestra época tienen una idea de trashumancia, de moverse por diferentes sitios intentando evitar los conflictos. Y aunque la maternidad no implica que no puedas moverte, sí representa la posibilidad de que te quedes un tiempo en un sitio".
Los números la avalan. Desde 2014, la tasa global de fecundidad bajó un 34%, la caída más abrupta desde que se tiene registro, en sintonía con una baja en los embarazos adolescentes del 59% (datos del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento, CIPPEC).
Araya aclaró que en algunos sectores sociales, especialmente aquellos donde la vida laboral es más esforzada, la idea de una familia tradicional conserva parte de su fuerza de antaño. "Probablemente, porque ni el trabajo ni la sociedad aparecen como elementos de contención. Por ende 'la familia' típica se mantiene como valor", interpretó.
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Por lo demás, "la baja en las tasas de natalidad es un proceso que se inició en Europa y que, aunque tardó un poco, finalmente llegó a Argentina. En alguna medida, creo que después de la crisis de 2001 vemos un proceso de hartazgo que no solamente se centró en la clase política sino también en otros aspectos, como el que involucra a los proyectos de ser padres".
Hay datos anexos que terminan de pintar el paisaje. Así como se hizo más fácil conseguir métodos anticonceptivos, en tiempos recientes se acentuó la dificultad para acceder a la casa propia o a un trabajo estable, dos bienes que a lo largo del siglo XX marcaron la diferencia en la economía de los hogares.
La pandemia, con la angustia respecto al porvenir, terminó de trazar un cuadro en el que, a diferencia de los que ocurría hace 50 años, el futuro no siempre se ve más luminoso que la actualidad.
Y existen recursos que antes eran impensables. El 30 de diciembre de 2020 se aprobó la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Otro factor más.
Araya ilustró: "Yo trabajo con jóvenes hace mucho (nota del r.: es docente universitaria). Cuando empecé, al preguntar quiénes imaginaban un futuro con hijos, la mitad levantaba la mano. Hoy son uno o a lo sumo dos".
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