Hay fotografías que atraviesan el tiempo sin perder su capacidad de asombro. En una de ellas, un hombre vestido de blanco sostiene en brazos a una nena de vestido a cuadros. La mira de cerca, la acaricia, la tiene entre sus manos. Alrededor, una multitud intenta acercarse. En el centro de la escena está el Papa Juan Pablo II. Y la niña que aparece junto a él es Cecilia Castillo, una mendocina que hoy tiene 46 años, vive en Luján de Cuyo y es abogada, aunque ya no ejerce la profesión. La visita de León XIV al país la hizo revivir el momento.
La nena mendocina que Juan Pablo II alzó en brazos y la foto que hoy vuelve a emocionar a su familia
Cecilia Castillo tenía 5 años cuando el Papa Juan Pablo ll visitó Mendoza, en 1987. La imagen quedó grabada y hoy vuelve a cobrar significado

Juan Pablo ll junto a la mendocina Cecilia Castillo, que hoy tiene 46 años y es abogada. Hoy la imagen cobra más singificado.
Fotos: gentilezaFue el 7 de abril de 1987 en el aeropuerto de Mendoza, cuando Juan Pablo II subía al avión de regreso.
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La imagen estuvo siempre en su casa. Pasaron los años, crecieron los chicos, cambiaron las rutinas y aquella fotografía siguió ocupando un lugar en la memoria familiar. Cecilia no conserva demasiados recuerdos propios de ese día. Era muy chica. Pero la historia se contó tantas veces que terminó formando parte de su vida, como esas anécdotas que una familia vuelve a narrar cada vez que encuentra una excusa para abrir un álbum.
La imagen que toma fuerza a poco de la llegada del Papa León XIV
Ahora, a pocos días de la llegada del Papa León XIV a la Argentina, la escena volvió a ocupar un lugar especial. El nuevo pontífice visitará el país entre el 8 y el 11 de este mes, en un viaje apostólico que incluirá Buenos Aires, Córdoba y Luján. Será el regreso de un Papa a la Argentina después de 39 años, desde aquella visita de Juan Pablo II en abril de 1987 que también tuvo a Mendoza entre sus destinos.
Para Cecilia, la noticia trajo de nuevo aquella fotografía. Y también una emoción difícil de explicar desde la distancia de casi cuatro décadas.
“Muchos recuerdos no tengo de ese día. Probablemente es más lo que siempre me contaron o lo que se hablaba en la familia”, admite. Su papá era militar y, por ese motivo, era habitual que pasaran fines de semana o temporadas en la Cuarta Brigada. Supone que esa fue también la razón por la que estaban allí cuando llegó Juan Pablo II.
Ese día había ido con su prima María Alma y su hermana Virginia. Las dos eran más grandes y, en medio de la expectativa por ver al Papa, corrieron más rápido. Cecilia quedó atrás, en el medio del camino. “Ellas me dejaron y ahí me quedé”, recuerda.
Entonces apareció un soldado, un militar que estaba en el lugar. La alzó y la llevó. Lo que ocurrió después quedó registrado en esa fotografía que la familia conservó durante toda la vida: Juan Pablo II la tuvo en brazos y la acarició frente a una multitud que buscaba acercarse.
Cecilia no recuerda con precisión cuánto duró aquel momento ni qué sintió. Tampoco podría reconstruir las palabras que se dijeron. Lo que sabe lo fue recuperando a través de los relatos familiares y, sobre todo, de esa imagen que cada tanto vuelve a circular.
Una vez, incluso, apareció en un noticiero. Ella nunca pudo encontrar aquellas imágenes televisivas, pero la fotografía permaneció. No hizo falta mucho más para que la historia siguiera viva.
Una foto con el Papa, un hijo y una pregunta inesperada
Con los años, la fotografía dejó de ser solamente el registro de un encuentro extraordinario. También se convirtió en una forma de contarles a las nuevas generaciones algo que había sucedido cuando Cecilia era demasiado chica para comprenderlo.
Hace poco, su hijo, de 11 años, volvió a poner el tema sobre la mesa. Ella le había mostrado la fotografía y le había contado una vez más aquella historia. Después, el chico se la comentó a un compañero de la escuela y le pidió a su mamá que le pasara la imagen.
La pregunta llegó poco después: “Mamá, ¿estuviste con un santo?”.
Cecilia se quedó pensando. “La verdad es que sí. Son pocas las personas que tuvieron esa posibilidad, la de haber sido bendecidas por un santo. Cuando lo pienso desde ahí, sí, se siente como algo muy especial”, dice.
Juan Pablo II fue canonizado en 2014 y es recordado por su cercanía con la gente, su carisma y sus numerosos viajes apostólicos. Para Cecilia, el cariño hacia él no depende únicamente de aquella fotografía. También tiene que ver con lo que representó durante su vida y con la emoción que sintió cuando murió, en abril de 2005.
“Le tengo mucho cariño. Fue probablemente el más carismático”, cuenta. Y recuerda otra experiencia que la conmovió: hace algunos años, cuando estuvo en el Vaticano, sintió una emoción muy grande al encontrarse frente a su tumba.
Su vínculo con la religión tuvo distintas etapas. Creció en una familia católica, aunque no especialmente practicante. Hizo la comunión, la confirmación y durante varios años participó de grupos de la Iglesia. Hoy dice que cree en Dios, pero que no está cerca de la institución. Lo aclara sin contradicciones ni explicaciones de más: la fe, para ella, es algo personal.
La llegada de León XIV también le despierta sentimientos. Recuerda la emoción que sintió cuando Jorge Bergoglio fue elegido Papa en 2013. Que Francisco fuera argentino hizo que aquella noticia tuviera una dimensión particular para el país. Ahora, con el anuncio de la visita de León XIV, volvió a pensar en la escena de su infancia.
En algún momento, incluso, surgió la posibilidad de acercarse a alguno de los lugares donde estará el nuevo pontífice, aunque finalmente no se concretó. De todos modos, la visita ya tuvo un efecto: hizo que la familia volviera a hablar de aquella jornada de abril de 1987.
El recuerdo de la visita del Papa que no necesita palabras
Hay algo singular en la historia de Cecilia. Ella no puede contar qué sintió cuando Juan Pablo II la tuvo en brazos. No conserva una memoria detallada del encuentro ni puede reconstruirlo como quien relata una experiencia adulta. Tenía apenas cinco o seis años. Sin embargo, la fotografía hizo ese trabajo por ella.
En la imagen está la nena que quedó atrás cuando su hermana y su prima corrieron para ver al Papa. Está el soldado que la alzó y la acercó. Está Juan Pablo II, con sus manos sobre el rostro de la pequeña. Y está, también, una escena que se volvió parte de la historia íntima de una familia mendocina.
Casi 40 años después, Cecilia mira esa fotografía desde otro lugar. Ya no es solamente la nena que aparece en brazos de un Papa. Es una mujer adulta, madre, que puede dimensionar lo excepcional de aquel instante y compartirlo con su hijo.
La visita de León XIV vuelve a poner en primer plano una historia que nunca se fue del todo. Porque hay recuerdos que no dependen de la memoria de quien los protagonizó: a veces los sostienen una familia, una fotografía y las ganas de seguir contando lo que pasó.
Y esta vez, cuando la imagen vuelva a aparecer, quizás su hijo pueda entender un poco mejor por qué su mamá guarda desde siempre una foto en la que, por unos segundos, estuvo en brazos de un santo.
En pocas palabras
- Fotografía histórica: Cecilia Castillo, la niña que fue alzada por Juan Pablo II en Mendoza en 1987, revive el momento ante la llegada del Papa León XIV.
- Emoción y significado: la imagen, conservada por décadas, vuelve a conmover a su familia, recordando la cercanía del pontífice.
- Fe personal: Cecilia reflexiona sobre la santidad de Juan Pablo II y la fe como una experiencia íntima y trascendente.