Mientras muchos pueblos compiten por crecer y atraer cada vez más habitantes, existe un rincón de Europa que parece ir a contramano de la tendencia. Se trata de Hum, una diminuta localidad situada en la región de Istria, al norte de Croacia, que es reconocida como el pueblo más pequeño del mundo.
La leyenda del pueblo más chiquito del mundo: 100 metros, 30 habitantes y un extraño relato sobre gigantes
En Croacia, Hum es considerado el pueblo más pequeño del mundo. Sus calles medievales, leyendas y tradiciones lo convirtieron en una curiosidad turística única
Una panorámica del pueblo más chiquito del mundo. Foto: gentileza
El dato sorprende: el asentamiento mide apenas 100 metros de largo y está habitado por unas 30 personas. Su tamaño es tan reducido que cuenta con solo dos calles adoquinadas y tres hileras de viviendas, conservando intacta una atmósfera medieval que atrae a visitantes de distintas partes del mundo.
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El pueblo chiquito y una historia que mezcla realidad y leyenda
Los registros históricos mencionan a Hum por primera vez en documentos del siglo XII bajo el nombre de “Cholm”. Sin embargo, una antigua leyenda local le da un origen mucho más fantástico: cuenta que unos gigantes construían ciudades en el valle del río Mirna y, al terminar su obra, utilizaron las piedras sobrantes para levantar una pequeña ciudad sobre una colina.
Más allá del mito, gran parte de la fisonomía actual del pueblo se remonta al siglo XI. Con el paso de los siglos se sumaron nuevas construcciones, entre ellas una torre de vigilancia, una campana y el Ayuntamiento, edificados durante el siglo XVI.
Quienes atraviesan las puertas de entrada de Hum encuentran inscripciones glagolíticas grabadas sobre revestimientos de cobre. También pueden recorrer la iglesia barroca de la Asunción de la Virgen María, la iglesia románica de San Jerónimo y una torre campanario independiente de 22 metros de altura, construida en 1552.
La localidad también es conocida por el biska, un brandy de frutas elaborado con muérdago cuya receta, según la tradición, tendría unos 2.000 años de antigüedad y habría sido heredada de los druidas celtas.
Otra de sus particularidades es la tradicional “Elección del Prefecto”, un ritual que se celebra cada año desde el siglo XVI.
Durante el Día de Hum, los hombres del pueblo votan utilizando un palo de madera llamado raboš para elegir a la autoridad encargada de resolver disputas y aplicar sanciones dentro de la comunidad.