El folclore cultural tiene narraciones que se han ido transmitiendo en cada punto del país. Mitos y leyendas que han pasado de padres a hijos y que forman parte de la tradición. Historias que combinan sucesos reales e imaginarios y que han dado lugar, incluso, a diferentes versiones de las mismas. Hoy te contamos la del Cerro de los Siete Colores.
El Cerro de los Siete Colores, situado en el pequeño pueblo de Purmamarca, provincia de Jujuy, es uno de los paisajes más fotografiados de la Argentina. Sus tonos rojizos, verdes, amarillos, violetas, marrones y blancos forman una postal que parece pintada a mano. Al mirarlos, pareciera ser irreal lo que ven los ojos. A tal punto que la única forma de explicar lo que se veía era con historias y leyendas.
Por eso, detrás de esa belleza natural hay una historia mágica y ancestral que los habitantes del lugar transmiten de generación en generación: la leyenda del cerro multicolor.
La leyenda: el arcoíris que se durmió sobre la tierra
Cuenta la tradición que hace muchos siglos, Purmamarca era un pueblo gris, rodeado por montañas sin color y cielos monótonos. Los niños del lugar, tristes por aquel paisaje apagado, le preguntaron a sus padres qué podrían hacer ellos para alegrar el paisaje. Aunque ellos no supieron qué responder, los jóvenes decidieron darle una solución al asunto. Para ello, reunieron toda la pintura de color que iban encontrando y, durante las noches, subían al cerro y lo pintaban. Así hicieron durante siete noches consecutivas.
La séptima noche, sus padres se despertaron y, al ver que sus hijos no estaban en la casa, salieron en su búsqueda. Junto a ellos, iba un grupo de vecinos de la localidad, quienes también buscaban a sus retoños. Pronto, miraron todos al cerro y, para su sorpresa, vieron como el insulso cerro se había convertido en un hermoso lugar pintado de siete alegres colores.
Así nació, según la leyenda, el Cerro de los Siete Colores.
La explicación científica del Cerro de los Siete Colores
Desde la geología, se sabe que este cerro se formó hace entre 65 y 75 millones de años. Sus franjas de colores corresponden a distintos estratos de sedimentos y minerales, depositados a lo largo de eras geológicas.
Es decir, el rosado proviene de arcillas rojas y limolitas, el blanco de areniscas calcáreas, el verde de óxidos de cobre y el amarillo mostaza de areniscas con azufre.
Hoy, el Cerro de los Siete Colores es símbolo de Purmamarca y uno de los lugares más visitados del norte argentino. Los habitantes lo consideran sagrado, un sitio donde la naturaleza y las leyendas se mezclan.






