Hoy las fotos son diferentes: puras selfies, filtros y cámaras de celular. Pero Olga Oca sigue fiel a su vocación: hace fotos carnet con cámara profesional y, antes de disparar, maquilla a sus clientes. Tiene 77 años y desde los 13 trabaja en el mismo local: Foto Rambla, un rincón detenido en el tiempo, ubicado en Montevideo 77, en pleno centro mendocino.
La historia de Olga, la artista de las fotos carnet que maquilla a sus clientes antes de cada flash
En Mendoza, sigue al frente de uno de los pocos estudios donde se hacen fotos carnet con maquillaje incluido. Tiene 77 años y lleva 64 en el oficio

Olga Oca es una institución en Mendoza. Y todavía maquilla antes de tomar una foto carnet.
Fotos: Nicolás Ríos Diario UNO“Empecé con mi abuelo Mario. Él me enseñó todo lo que sé. Yo tendría 13 años y desde entonces no paré más”, cuenta, en diálogo con Diario UNO. La pasión por el oficio no se heredó linealmente: “Mi mamá, su hija, nunca sacó una foto”. Así, Olga se convirtió en la segunda generación de fotógrafos en su familia. Aunque técnicamente es tercera generación.
La escena parece de otra época. Cámaras analógicas, luces de estudio, negativos en papel, y una mujer que prepara el rostro del retratado con polvo, rubor y pincel. Porque sí: antes de cada foto carnet, Olga maquilla.
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"Hago lo necesario para que la foto salga bien", dice Olga
“Hago lo necesario para que la imagen salga bien, de calidad. Las visas y los pasaportes todavía exigen fotos fotográficas, no las que uno se saca con el celular”, afirma.
Hoy su clientela está compuesta principalmente por personas mayores y organismos que aún exigen foto carnet. “Mis clientes son los de siempre… padres, hijos y ahora nietos de quienes me venían a ver hace décadas”, dice.
Y se ríe: “Trabajo desde hace 64 años. Si no tuviera vocación, no hubiera durado tanto tiempo”.
Hubo una época dorada. “Los 8 de diciembre, cuando eran las comuniones, trabajábamos muchísimo. También en los tiempos de renovación de documentos… eran días intensos, felices”.
Durante años, además del estudio, hizo casamientos, fiestas y todo tipo de cobertura. “Hasta que mi hijo menor se recibió de médico, yo seguí yendo a eventos con la cámara colgada”, recuerda.
"Estoy preparando a una amiga para que siga en esto"
Hoy, sus dos hijos son profesionales: Juan Manuel es ingeniero agrónomo y Juan Eduardo, médico.
“Ninguno se dedicó a esto. Pero tengo una amiga, Silvia Etchemendy, que trabajó en fotografía, conoce el oficio y la estoy preparando por si algún día quiere seguir con mi estilo”, advierte Olga.
Está casada desde hace 51 años con Eduardo Muñoz. “Mi esposo también es muy buen fotógrafo, me ayudaba siempre, pero su trabajo principal está en la mutual del personal jerárquico y profesional de OSM”, aclara. Por eso es ella quien está al frente del local. La cara visible.
El pequeño local conserva la mística de otro tiempo. No hay computadoras ni flashes automáticos. Todo se hace a mano, con cuidado. “Esto me dio el sustento toda mi vida… pero también me dio afectos al por mayor, y eso es invalorable”, confiesa.
Nunca se le veló un rollo. Ni una vez. Lo dice sin alardes. Ella es consciente de que ha hecho bien su trabajo toda la vida y no necesita más aplausos que el cariño de quienes vuelven una y otra vez.
Foto Rambla sigue ahí y resiste al paso del tiempo. Ella dice que está tranquila, que siempre habrá fotos carnet y que, mientras ella esté al frente, seguirá maquillando. La foto debe salir perfecta.
El día en que Olga retrató al gobernador Gabrielli... sin saberlo
Anécdotas, Olga atesora montones. Pero una de ellas la pinta de cuerpo entero.
“Yo tenía 15 años y todavía iba al Liceo de Señoritas. Era sábado al mediodía y mi abuelo, que tenía el estudio fotográfico, se fue un rato a tomar un café con un amigo. Me quedé sola en el local, como tantas veces. En eso llegó un señor muy apurado, necesitaba una foto carnet urgente. Yo ya había visto tantas veces cómo se hacía, que me animé. Lo hice pasar y le saqué la foto, como si fuera una profesional", relata.
En ese entonces las fotos se entregaban a los dos o tres días, así que tomábamos el nombre y el teléfono en una libreta. Cuando mi abuelo volvió, me retó un poco, preocupado de que se encimara una imagen con otra en la placa: en esa época se sacaban seis fotos por rollo. Me preguntó si había tomado los datos y le respondí con total naturalidad: ‘Sí, se llama Francisco Gabrielli’. Se quedó helado. ¡Era el gobernador de Mendoza!
Por suerte, la foto salió perfecta. Desde entonces, cada vez que venía al estudio, pedía que se la sacara yo”, remata.