Ahora que cada vez menos gente cree en el amor, esta historia resplandece de modo especial. No por ideal ni por ingenua, sino porque deja un espacio para imaginar que tras la violencia y la marginalidad puede quedar un resquicio donde surjan otras cosas, como el casamiento que tuvo lugar el lunes entre Cristina y Saúl Cristian.
La historia de amor entre una docente de Mendoza y un hombre condenado a perpetua
Aquella noticia se publicó en este diario en un artículo firmado por el periodista Sebastián Salas. Y el contexto es este: la docente Cristina Quiroga (57) tenía un programa de radio en FM del Valle, una emisora de la zona cordillerana. "Como oyente, él empezó a enviarme mensajes. Yo al principio no le daba bola (...), luego me sorprendí. Me sorprendió su sabiduría. Y bueno, acá estamos...", sintetizó ella en una entrevista que le hicieron más tarde en el programa "Te digo lo que pienso", de radio Nihuil.
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En los mensajes, Saúl Cristian Roldán (42) le pedía a Cristina que le hiciera una entrevista; que le permitiera contar a la sociedad aunque fuera una parte de su vida.
¿Quién era ese oyente misterioso? Un detenido que había protagonizado dos sentencias a prisión perpetua. Una a raíz de un homicidio que cometió muy joven y otra por otro crimen ocurrido cuando ya estaba tras las rejas.
En la charla con Nihuil, Cristina recapituló: "Lo primero que me llamó la atención al leer sus mensajes fue la cultura que tenía. Es increíble que un hombre que ya lleva privado de su libertad 24 años y medio tenga esos conocimientos. Yo me dije: 'A esta persona la quiero conocer; quiero hacerle preguntas mirándolo los ojos'".
"Hice todos los trámites para concretar esa entrevista -siguió la docente-, pero me di cuenta de que podía llevar mucho tiempo. Entonces él me propuso que fuera a la cárcel a visitarlo como amiga, porque así iba a ser más sencillo".
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Cuando un domingo llega una visita
El 14 de agosto del 2000, Saúl Cristian fue sentenciado a 7 años y 4 meses de prisión por una tentativa de homicidio y robo agravado. Esa condena aumentó a 8 años y 6 meses por otra causa de tentativa de hurto agravado.
Su existencia se complicó más cuando el 17 de mayo de 2002 fue sentenciado a prisión perpetua por balear por la nuca a un hombre durante un asalto. El caso trajo varias discusiones legales años después, ya que Roldán recibió la pena máxima pese a que había cometido el hecho cuando era menor de edad. Al final, terminaron dándole 21 años.
Sin embargo, en 2013 quedó implicado en otro asesinato que varios presos cometieron dentro de la cárcel. Esta vez la condena a perpetua se mantuvo. A Roldán le aguardaban décadas de encierro.
Nadie que no haya vivido en cautiverio sabe lo que significa realmente un domingo sin visitas. El sol va pasando por el patio del penal, los sonidos se multiplican y después van volviéndose cada vez más tenues. Al final, las sombras se alargan mientras la soledad abre abismos difíciles de entender para quien habita afuera.
El poeta Camilo Blajaquis, que también estuvo preso, describió así esas horas:
"Esto es la soledad
mirar el techo todo un día entero.
Esto es la soledad
es estar sufriendo al escuchar
como el resto de los pibes está en visita.
Esto es la soledad
es desear tener una mujer
conmigo en este momento.
Pero saber que la única compañía
es esa cucaracha que cruza la pared".
El primer contacto con una historia difícil
Pero como en esta vida ningún guion es definitivo, una de esas mañanas Cristina apareció en la puerta de la cárcel para conocer a Saúl Cristian, que en aquel momento -hace dos años y medio- ya llevaba toda una vida habitando celdas de penales en Santiago del Estero, Ezeiza y Mendoza (Almafuerte).
Así, ella supo que el hombre había nacido en Los Juríes, un pueblo de Santiago del Estero; que su familia era del monte y que él y sus hermanos habían conocido lo que era una zapatilla recién cuando se trasladaron a Mendoza. El papá murió cuando él era chico, las rutinas se desarticularon. Y el mundo del crimen fue una tentación.
"Desde los 7 años que él está institucionalizado. Pasó por el COSE y por familias sustitutas. A los 17 cometió un asesinato en un asalto y fue uno de los primeros 5 jóvenes condenados a perpetua en Argentina, en un caso que terminó en la Corte Interamericana de Derechos Humanos", contó Cristina cuando la entrevistaron.
Se refería al caso "Mendoza y otros vs. Argentina", cuya sentencia cumplió 10 años el pasado 14 de mayo. La situación fue la siguiente: en el país había 5 jóvenes condenados a prisión perpetua por delitos cometidos cuando eran menores de edad. Uno era Roldán. La Defensoría General de la Nación presentó una demanda internacional y la Corte Interamericana le dio la razón.
La Corte declaró responsable al Estado argentino por afectar el derecho a la libertad e integridad de los jóvenes condenados y dispuso medidas de reparación para ellos y sus familias, incluyendo una indemnización.
El fallo indicó además que: "La Corte considera que los familiares de (...) Saúl Cristian Roldan Cajal (…) sufrieron dolor y angustia por la imposición de penas a perpetuidad sobre aquellos, por la comisión de delitos mientras aún ostentaba condición de niño, lo cual llevó a la desintegración familiar y en ocasiones, a afectaciones físicas".
Cristina apuntó que "él está súper arrepentido de todo eso, a pesar de que fue delincuente durante muchos años. Lo hacía para comer y sobrevivir, no para hacerse millonario ni tener una carrera política. No lo justifico, ojo, pero lo cierto es que si la Corte Interamericana hubiera actuado antes, él ya no estaría adentro de la cárcel, porque no hubiera seguido cometiendo delitos".
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Un amor sin rejas
Cristina dio clases en provincia de Buenos Aires, pero hace más de dos décadas que vive en Mendoza. Hoy es secretaria en una escuela de Uspallata, aunque enseñó en Guaymallén -barrio Santa Ana, Corralitos, Puente de Hierro, La Primavera- y después optó por irse a las montañas. Actualmente vive en una cabaña entre los cerros. Su marido, en cambio, reside en la penitenciaría.
A quien pregunte, ella le repite que lo que le sucedió con Cristian Saúl fue un amor fulminante. "Nunca viví una cosa así. Soy una mujer grande, de 57 años, con 35 en la profesión y varios matrimonios. Ya presenté mis papeles para jubilarme; he viajado, he hecho teatro. Quiero decir que he tenido muchas experiencias en mi vida. Sin embargo, llegado este momento, no quiero más que lo que ya tengo", analizó en la charla con Nihuil.
Cuando pueden se ven. "Yo siempre le digo: yo soy libre, vos sos libre. Viva la librería. Somos sencillamente dos personas adultas que se aman. Los dos estábamos divorciados. No somos amantes ni tenemos familias paralelas. No tenemos nada que esconder", añadió Cristina.
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Respecto al casamiento, comentó: "Lo del lunes fue algo mágico. Creemos mucho en Dios y yo no sabía que la ceremonia civil era dentro de una iglesia. Cuando terminamos de firmar escuchamos aplausos, nos dimos vuelta y estaban las autoridades del penal saludándonos. A mí me llenó de emoción comprobar lo importante que es para él sentirse visto, sentirse reconocido, y saber que es un ser humano que tiene valor. Porque él no es el mismo que era cuando tenía 17 años y cometió su primer delito. Tampoco es quien estuvo involucrado en el otro crimen adentro de la cárcel".
Saúl Cristian aprendió diversos oficios intramuros. En el acta de matrimonio no figura como asesino, sino como electricista. Y si bien para recuperar su libertad podría faltar todavía mucho tiempo, ha pedido las salidas transitorias. Este lunes tendrá una audiencia para saber si se las dan.
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